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News Orleans Music

Rafael Lam

El jazz no nace en 1900 en la Nueva Orleans, como lo pretende una leyenda tenaz —dice Deborah Morgan—, es el resultado de la confrontación de tres siglos con la participación de muchos pueblos. La historia del jazz puede remontarse a la llegada de emigrantes al sur de los EE.UU., quizás desde el momento en que una fragata holandesa desembarcara en Janestown (Virginia) los primeros negros destinados a trabajar en América del Norte”. (Musique en Jeu) Los moldes de la música de Nueva Orleans se parecían a los de diferentes islas de las Antillas, aunque con otro ambiente. Estos paralelos entre las músicas cubanas y estadounidenses ayudan a establecer un molde general. Los negros cubanos, desde luego, participaron en el desarrollo de esa ciudad sureña y de su música. Desde 1776 se habla de la llegada de tres mil haitianos, en los años de 1809 y 1810 más de diez mil refugiados antillanos llegaron a Nueva Orleans. Había una corriente de población que venía de las islas del Caribe hacia Nueva Orleans. Proviniendo la mayoría de ellos de Santo Domingo (o Haití que era el nombre de la colonia francesa después de independizarse en 1804),muchos esclavos negros, de las mismas tribus, junto a sus colonos franceses, huían del terror de la revolución haitiana o escapaban de las luchas internacionales que se desarrollaban en el Caribe. (Gilbert Chase)Fernando Ortiz escribió que “cuando Nueva Orleans era española, se comunicaban bastante con Cuba, y de aquí iban ‘guaracheras’ a cantar junto al Mississippi”.

Nueva Orleans, en tiempos de la colonia, poseía una exótica, híbrida y excitante mezcla de elementos musicales. La ciudad fue prosperando por el comercio de la zona del puerto por donde entraban las materias primas. La demanda de diversiones musicales creció extremadamente. Muchos de esos negros eran músicos, asumían el doble oficio y eran admitidos para que tocaran para los bailarines. Con la inauguración del distrito Storyville (zona de burdeles) en 1897, el jazz se convierte en una profesión. Todo esto tendría mucho que ver en el futuro desarrollo de la música estadounidense, particularmente en relación con el origen y crecimiento del jazz. Un músico cubano, nacido en 1863, llamado Manuel Pérez se convirtió en una verdadera leyenda del jazz; entre 1890 y 1898 tocó en distintas bandas hasta que formó la suya propia, llamada Imperial Band.

Más tarde visitó Chicago y otras ciudades norteñas y regresó a Nueva Orleans a principios del siglo XX. Luis y Lorenzo Tío eran cubanos-mexicanos, ellos viajaron y se instalaron en Nueva Orleans en 1884 con la Banda del 8º. Regimiento de Caballería de México incluían en el repertorio varias danzas, contradanzas y habaneras. Otros cubanos que se instalaron en Nueva Orleans fueron los hermanos Palau, Paul Domínguez, Florencio Ramos, Peolops Núñez, Willie Marrero, Alcides Núñez y Jimmy Palau, quien tocó en la banda de Buddy Bolden. Frank Grillo, Machito, decía que “cuando Cuba era colonia de España hubo muchos independentistas que escaparon a Nueva Orleans, entre ellos muchos músicos; por eso Nueva Orleans fue siempre tan importante”. En 1884-1885, en la Exposición Industrial y Mundial del Algodón, una Banda Mexicana causó sensación con la danza y la habanera (de La Habana). El ritmo de moda de la habanera fue adoptado por varios compositores estadounidenses: W. C. Handy, Gottschalk en 1854 y Handy en 1900, ambos habían viajado a Cuba. Handy en su obra emblemática St. Louis Blue se aprovechó del ritmo de la habanera.

El pianista Jelly Roll Morton aprendió a tocar habaneras y decía: “En mis melodías se puede escuchar el matiz latino. De hecho, si no eres capaz de poner matices hispanos en tus melodías, nunca podrás tener sabor justo, digo yo, para el jazz”. En la década de 1920, en pleno boom del son, Nueva York era un hogar para un creciente número de latinos. Un número de músicos cubanos llegó a Nueva York en los intermedios de las guerras mundiales. En 1927, uno de esos músicos fue el flautista Alberto Socarrás, llamado el Duke Ellington cubano.   En aquella época comienzan a visitar Nueva York muchos sextetos con el objetivo de tocar en teatros, salones y grabar el son cubano. En 1930, la Orquesta de Don Azpiazu, con el cantante Antonio Machín, grabó El manisero, iniciando con esa grabación y sus presentaciones, el primer boom de la música latina, abriendo el camino a la industria musical de todo el continente. Hasta el gran Louis Armstrong llegó a grabar una versión de El manisero.

Alberto Iznaga llegó desde Cuba a Nueva York en 1939, donde tocó con varias orquestas y fundó la Orquesta Siboney. En la década de 1940 se destacan en Nueva York: Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Desi Arnaz, Vicentico Valdés y Panchito Riset. El profesor cubano Raúl Fernández escribe, en su libro Jazz Latino, que el latin jazz (cubano) es una combinación de dos tradiciones musicales: el jazz estadounidense y los timbres cubanos (y su toque caribeño). “Cuba aporta su complejo ritmático: la habanera, el son, la rumba, la guaracha, el mambo, el chachachá y la descarga. En la raíz del jazz y las músicas caribeñas se encuentra la savia africana”. Esta combinación cubana se gesta desde inicios de la década de 1940. En su libro Descarga, Leonardo Acosta afirma: “Ya hacia 1942 los principales músicos del bop, entonces la vanguardia del jazz, se interesaban por los ritmos afrocubanos y se acercaban a los cubanos Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito). Uno de ellos fue Dizzy Gillespie, quien había participado en ‘descargas’ con Mario Bauzá y Noro Morales, también trabajó en la orquesta de Alberto Socarrás. Con frecuencia Gillespie acudía al Park Plaza y se sentaba a tocar con Machito”.

En 1940, entre Bauzá y Frank Grillo organizan la orquesta Machito and his Afrocubans. La experiencia resultaría una fusión —como decimos ahora— de arroz con frijoles negros y hamburguesa: lo negro, lo blanco, lo mestizo, el jazz y los ritmos cubanos. Sabemos bien que la abundante rítmica cubana, llena de sonidos y variables tímbricas, enriquece y alimenta el fabuloso jazz. A partir de datos del especialista Luc Delannoy, en julio de 1940, en el Spanish Harlem, de New York, Machito entrena la orquesta y, luego de muchos ensayos, debuta el 3 de diciembre de 1940 en el Park Palace Ballroom, en la esquina de la calle 110 y la Quinta Avenida, en Harlem. Su repertorio lo conformaban guarachas, sones y rumbas, para reafirmar su apego a la tradición cubana Machito subió al escenario con sus maracas de oro, la banda se amplió a cinco saxofones, tres trompetas, dos trombones y una conga (tumbadora). “Nuestra idea —explicó Bauzá— era tener una orquesta que pudiese rivalizar con las orquestas estadounidenses, con su sonido, pero que a su vez tocara música cubana. Por tanto, contraté a chicos que tenían la costumbre de escribir arreglos para Cab Calloway y Chick Web; quería que me dieran ese sonido particular”.

En lugar de una batería convencional, los Afrocubans empleaban percusiones latinas, contrataron al timbalero y bailarín de 17 años llamado Ernest Anthony (Tito Puente) quien llegaría a ser el rey del timbal latino. Tito aprendió de los percusionistas de Cuba, especialmente del club de jazz 1900 y de los efectos del percusionista legendario El Chori, en La Choricera, uno de los cabaretuchos de la Playa de Marianao. La Afrocubans es la primera orquesta que incorpora armonías y “solos” de jazz, utilizando simultáneamente una sección completa de percusiones afrocubanas como conga, bongó, clave, maracas y güiro que producen una gama de ritmos sobremanera superpuestos, en una poliritmia sensacional que dejaba estupefactos, un poco confundidos, a los estadounidenses. Sonaban congas en 6/8, timbales en 2/4 y el bongó en 5/4. En el verano de 1942, sigue contando Delannoy, la banda Afrocubans es contratada para el cabaret La Conga, en la calle 50. Es la primera vez que una orquesta de músicos negros latinoamericanos toca en ese barrio central de Manhattan. Los públicos diversos olvidan sus diferencias, se reúnen blancos, negros, mestizos, cubanos, puertorriqueños, aficionados al jazz, bailarines, fanáticos de la música cubana y caribeña.

En la noche de inauguración, Mario Bauzá invita al colosal Miguelito Valdés a interpretar canciones de moda, el éxito es tal que el propietario del club, Jack Harris, propone a Machito un contrato de duración indeterminada. Tanta importancia alcanzó el proyecto cubano en los Estados Unidos que hasta el mismísimo Frank Sinatra se hizo amigo de Machito, iba a escucharlo al Club Brasil, en California, y hasta cantaron juntos en la orquesta. Un genio cubano como Mario Bauzá creó, en 1943, la composición Tanga, primer testimonio grabado, la heráldica sonora, de ese tipo de jazz cubano, la culminación de un proceso creador. Su difusión causó el efecto de una bomba, con un éxito sin precedentes. (Luc Delannoy)Para que la historia se completara, el mito de las congas, el colosal músico Chano Pozo, arribó en 1947 a Nueva York. El tamborero cubano se unió a Dizzy Gillespie, fundieron lo pasajero con lo eterno, creando una alianza invencible. Grabaron temas como Manteca, un clásico del latin jazz. Se presentaron en el Town Hall, el Carnegie Hall, en encuentros explosivos, una especie de holocausto rítmico que revolucionó el estilo bop e influyó en muchas músicas que aparecerían en el futuro.




Changuito, el misterioso

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En Cuba han existido, entre muchos, otros percusionistas que residieron en el exterior, muchas estrellas: Mongo Santamaría, el Patato Valdés, Orestes Vilató, Candito Camero, Walfredo de los Reyes, Carlos Vidal Bolado. Pero, en La Habana, hay que hablar de tres percusionistas de marca mayor, de grandes ligas: Chano Pozo, rey de las congas; Tata Guines, estrella de la tumbadora y José Luis Quintana “Changuito”, rey de las pailas.

Changuito cumplió años el 18 de enero, no hubo fiesta grande, unas cervezas heladas (frías) y masitas de cerdo. El pailero mayor pasó la raya de los sesenta años de vida profesional. Cuando se hable de Premio Nacional de la Música, hay que recordar a los grandes.

Changuito, ¿dónde comenzaste en la música?

Empiezo a tocar influido por el ambiente en mi casa, mi papá era músico y ya a los cinco años yo estaba metido en la percusión, también me ayudó mucho Roberto Sánchez Calderín, formaba piquetes con mis amigos, estuve en el grupo Cabeza de Perro, y ya en 1956 responsablemente sustituía a mi padre en la orquesta del cabaret Tropicana y en la Orquesta Habana Jazz. Cuando aquello se empezaba temprano. Le hice una suplencia a mi padre en el cabaret Tropicana.

¿Después de esas experiencias qué hiciste en todos estos años, antes de 1959?

Estuve trabajando con la Orquesta de Gilberto Valdés, Quinteto José Tomé, Artemisa Souvenir, Habana Rítmica 7.

¿A partir de 1959 qué haces?

Comencé con el grupo Los Bucaneros que, en aquellos tiempos tenía mucha aceptación del público joven. Acompañé al dúo de Mirtha y Raúl, trabajé con la Orquesta de Música Moderna de Pinar del Río.

¿Hay una etapa muy intensa dentro del jazz con el maestro Felipe Dulzaides?

Dulzaides tenía oficio, muchas ideas y gracia para el jazz a lo cubano; con ellos aprendo los secretos que el jazz también tenía, influencias del rock and roll y el pop, en la etapa con Los Llopiz-Dulzaides, había un repertorio enorme. En Los Armónicos, estuve de 1964 a 1967, una experiencia muy útil. Alterné con amigos de juventud: Ahmed Barroso, Carlos del Puerto, bajista de Irakere, Rembert Egues y Tony Valdés en la percusión después. Por el grupo de Dulzaides desfilaron casi todos los prospectos del jazz cubano. Por cierto, es Felipe quien me bautiza con el sobrenombre de Chango.

¿El Grupo Sonorama 6 fue un hito en tu carrera?

En 1967 nos unimos en Sonorama 6: Rembert Egues, Martín Rojas, Eduardo Ramos, Carlos Averhoff y Enrique Plá; de ahí salieron músicos para el grupo Irakere, para el Movimiento de la Nueva Trova y el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Acompañé al trovador Silvio Rodríguez en su primer disco en la emisora Radio Liberación.

¿Changuito, hablamos de tus libros?

Tengo escrito un libro llamado La mano secreta, que es un material muy útil, donde demuestro la importancia en la percusión de la mano izquierda, llamada “secreta”. Se va a comercializar en todo el mundo por la Peer de Europa.

¿Anteriormente habías publicado otro libro sobre la percusión?

Publiqué el libro Of Master, dedicado al timbal, publicado en Los EE.UU. por la Modern Drum para la Warner Bross. En otros tiempos no consideraban la profundidad de la percusión, hay en ella muchos secretos, ella está apoyada en la clave que hay que dominar, tenerla interiorizada. Es mucho mejor si proviene desde las edades tempranas.

¿Qué tipo de trabajo has hecho en los últimos años?

Yo trabajo solo, de acuerdo a las peticiones que me hacen para grabar algún disco o hacer alguna presentación especial, en Cuba o en el exterior.

¿Me imagino que tienes interés en formar una Escuela Cubana Internacional de la percusión, Mayito Rivera también tiene esa idea?

Tengo el deseo de tener mi propia escuela, mi nombre es una marca que se puede aprovechar y dar frutos comerciales, necesario para las escuelas de arte. Tengo proposiciones en otros países como Brasil y Colombia donde se mueren por nuestra música, sin embargo en Cuba no encuentro resonancia, apoyo alguno. La Habana Vieja, cuna de la percusión cubana (la conga y la rumba) es el lugar ideal, con el dinero que se recauda cuántas cosas podríamos hacer. Si nosotros no vendemos lo que tenemos de grande y de importante, lo vende otro. Como en el béisbol, la que no hagas, te la hacen a ti.

Tu gran momento llega con Los Van Van en 1969, me dijo Blasito Egües que fue quién te propuso para la orquesta

Desde mi etapa en el Ejército Formell estaba en la Banda de la Policía. A mi salida en 1964 ya lo conozco en los clubs donde nos veíamos. En realidad el primer baterista de Los Van Van fue Blas Egües “Blasito” (hermano de Richard Egües), quien participó en el ritmo songo, un género registrado por Juan Formell. Juanito era el contrabajista, pero tenía gracia para hacer ritmos. Me orientó la línea ritmática, pero como percusionista al fin, con el tiempo fui haciéndole algunos aportes, introduciendo platillos y ampliando el set. Por supuesto que el percusionista es quien va modelando y llevando el ritmo, como decía el propio Formell. Yo comencé en la banda con batería, después tuve una etapa en la que aplico tom tom de pie, bombo, cencerro y platillo de aire con las campanas, íbamos evolucionando, haciendo cambios, aportes, la música moderna es así.

Habla del songo, ¿hay diversos momentos con el formato de la base ritmática de Los Van Van?

Formell inventó para el bailador un ritmo muy cadencioso, estable, que José Luis Cortés le llama una “salsa tonta”. Eso con el tiempo ha ido cambiando. En mi etapa no abusaba del platillo, solo utilizaba uno. Solo un break y manteníamos el ritmo constante. En la segunda etapa del “songo”, sustituyo la batería y utilizo el timbal, tom tom de pie, bombo, cencerro y platillo de aire. Cuando Mirtha Medina hacía cosas con Los Van Van, vuelvo a retomar la batería haciendo más el beat.

¿Te retiras de Los Van Van en 1992, qué pasó después, cómo manejas tu vida, cómo mantienes el entrenamiento?

Dejo de trabajar en Los Van Van el 21 de enero de 1992, hago una especie de refugio en mi reparto Guiteras, al este de la ciudad. Practico la percusión en la madrugada, costumbre de músico; pero duermo toda la mañana. Uno de mis cuarteles generales fue el centro Sofía, en La Rampa (23 y 0), donde me aprecian mucho. Mi vida es rutinaria, trato de cuidarme lo más que puedo. Soy bastante solitario, es por eso que Pedrito Calvo me puso “El misterioso”. En determinados momentos me dedico a realizar presentaciones especiales y discos en Cuba y el exterior. Aunque en Cuba no le dan importancia a mis aportes, he ganado tres Grammy. El primero en 1998, CD Havana, grabado por Roy Hargrove y su banda Crisol. En ese disco participaron Chucho Valdés, el fallecido Miguel Díaz “Angá”, y Horacio Hernández “El Negro”. El segundo Grammy fue en el 2001, CD La rumba soy yo, de la firma Bis Music. El tercero en el 2004 con Diego El Cigala y Bebo Valdés, CD Lágrimas negras, muy elogiado por el diario The New York Times. En 1996 soy nominado para el Grammy por el disco Ritmo y candela, grabado en San Francisco, California, con los percusionistas cubanos Carlos Valdés “Patato”, Orestes Vilató, la pianista Rebeca Mouleón y el saxofonista Enrique Fernández. También ofrecí clases magistrales a muchas grandes figuras, una de ellas a Luis Enríquez, el cantante nicaragüense, quien es muy buen percusionista.

¿A qué músico y cantante has acompañado?

He acompañado a Michel Legrand, Tito Puente, Airto Moreira, Diego El Cigala y Giovanni Hidalgo, entre muchos otros.

¿Cómo va la percusión cubana?

Cuba es la potencia más grande de la percusión de América, la mantenemos en barrios, grupos de rumba, congas de carnavales. La fuente musical no baja. Ahora, con el Boom de la Rumba, la percusión sube más. Hay una serie de jóvenes que ya triunfan por el mundo. Aunque debo decirte que hay que seguir estimulando el dominio del timbal y el bongó, instrumentos muy típicos de Cuba, esa es la tradición que hay que proteger en las escuelas y en los formatos instrumentales cubanos.

¿Tienes algún lema?

Los genios no han subido a la escena.




El Swing de Nueva Orleans

Rafael lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

“El jazz no nace en 1900 en la Nueva Orleans, como lo pretende una leyenda tenaz —dice Deborah Morgan—, es el resultado de la confrontación de tres siglos con la participación de muchos pueblos. La historia del jazz puede remontarse a la llegada de emigrantes al sur de los EE.UU., quizás desde el momento en que una fragata holandesa desembarcara en Janestown (Virginia) los primeros negros destinados a trabajar en América del Norte”. (Musique en Jeu) Los moldes de la música de Nueva Orleans se parecían a los de diferentes islas de las Antillas, aunque con otro ambiente. Estos paralelos entre las músicas cubanas y estadounidenses ayudan a establecer un molde general. Los negros cubanos, desde luego, participaron en el desarrollo de esa ciudad sureña y de su música. Desde 1776 se habla de la llegada de tres mil haitianos, en los años de 1809 y 1810 más de diez mil refugiados antillanos llegaron a Nueva Orleans. Había una corriente de población que venía de las islas del Caribe hacia Nueva Orleans. Proviniendo la mayoría de ellos de Santo Domingo (o Haití que era el nombre de la colonia francesa después de independizarse en 1804),muchos esclavos negros, de las mismas tribus, junto a sus colonos franceses, huían del terror de la revolución haitiana o escapaban de las luchas internacionales que se desarrollaban en el Caribe. (Gilbert Chase)Fernando Ortiz escribió que “cuando Nueva Orleans era española, se comunicaban bastante con Cuba, y de aquí iban ‘guaracheras’ a cantar junto al Mississippi”. Nueva Orleans, en tiempos de la colonia, poseía una exótica, híbrida y excitante mezcla de elementos musicales. La ciudad fue prosperando por el comercio de la zona del puerto por donde entraban las materias primas. La demanda de diversiones musicales creció extremadamente. Muchos de esos negros eran músicos, asumían el doble oficio y eran admitidos para que tocaran para los bailarines. Con la inauguración del distrito Storyville (zona de burdeles) en 1897, el jazz se convierte en una profesión. Todo esto tendría mucho que ver en el futuro desarrollo de la música estadounidense, particularmente en relación con el origen y crecimiento del jazz. Un músico cubano, nacido en 1863, llamado Manuel Pérez se convirtió en una verdadera leyenda del jazz; entre 1890 y 1898 tocó en distintas bandas hasta que formó la suya propia, llamada Imperial Band. Más tarde visitó Chicago y otras ciudades norteñas y regresó a Nueva Orleans a principios del siglo XX.Luis y Lorenzo Tío eran cubanos-mexicanos, ellos viajaron y se instalaron en Nueva Orleans en 1884 con la Banda del 8º. Regimiento de Caballería de México incluían en el repertorio varias danzas, contradanzas y habaneras. Otros cubanos que se instalaron en Nueva Orleans fueron los hermanos Palau, Paul Domínguez, Florencio Ramos, Peolops Núñez, Willie Marrero, Alcides Núñez y Jimmy Palau, quien tocó en la banda de Buddy Bolden. Frank Grillo, Machito, decía que “cuando Cuba era colonia de España hubo muchos independentistas que escaparon a Nueva Orleans, entre ellos muchos músicos; por eso Nueva Orleans fue siempre tan importante”.En 1884-1885, en la Exposición Industrial y Mundial del Algodón, una Banda Mexicana causó sensación con la danza y la habanera (de La Habana). El ritmo de moda de la habanera fue adoptado por varios compositores estadounidenses: W. C. Handy, Gottschalk en 1854 y Handy en 1900, ambos habían viajado a Cuba. Handy en su obra emblemática St. Louis Blue se aprovechó del ritmo de la habanera.

El pianista Jelly Roll Morton aprendió a tocar habaneras y decía: “En mis melodías se puede escuchar el matiz latino. De hecho, si no eres capaz de poner matices hispanos en tus melodías, nunca podrás tener sabor justo, digo yo, para el jazz”.En la década de 1920, en pleno boom del son, Nueva York era un hogar para un creciente número de latinos. Un número de músicos cubanos llegó a Nueva York en los intermedios de las guerras mundiales. En 1927, uno de esos músicos fue el flautista Alberto Socarrás, llamado el Duke Ellington cubano.   En aquella época comienzan a visitar Nueva York muchos sextetos con el objetivo de tocar en teatros, salones y grabar el son cubano. En 1930, la Orquesta de Don Azpiazu, con el cantante Antonio Machín, grabó El manisero, iniciando con esa grabación y sus presentaciones, el primer boom de la música latina, abriendo el camino a la industria musical de todo el continente. Hasta el gran Louis Armstrong llegó a grabar una versión de El manisero.

Alberto Iznaga llegó desde Cuba a Nueva York en 1939, donde tocó con varias orquestas y fundó la Orquesta Siboney. En la década de 1940 se destacan en Nueva York: Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Desi Arnaz, Vicentico Valdés y Panchito Riset. El profesor cubano Raúl Fernández escribe, en su libro Jazz Latino, que el latin jazz (cubano) es una combinación de dos tradiciones musicales: el jazz estadounidense y los timbres cubanos (y su toque caribeño). “Cuba aporta su complejo ritmático: la habanera, el son, la rumba, la guaracha, el mambo, el chachachá y la descarga. En la raíz del jazz y las músicas caribeñas se encuentra la savia africana”. Esta combinación cubana se gesta desde inicios de la década de 1940. En su libro Descarga, Leonardo Acosta afirma: “Ya hacia 1942 los principales músicos del bop, entonces la vanguardia del jazz, se interesaban por los ritmos afrocubanos y se acercaban a los cubanos Mario Bauzá y Frank Grillo (Machito). Uno de ellos fue Dizzy Gillespie, quien había participado en ‘descargas’ con Mario Bauzá y Noro Morales, también trabajó en la orquesta de Alberto Socarrás. Con frecuencia Gillespie acudía al Park Plaza y se sentaba a tocar con Machito”. En 1940, entre Bauzá y Frank Grillo organizan la orquesta Machito and his Afrocubans. La experiencia resultaría una fusión —como decimos ahora— de arroz con frijoles negros y hamburguesa: lo negro, lo blanco, lo mestizo, el jazz y los ritmos cubanos. Sabemos bien que la abundante rítmica cubana, llena de sonidos y variables tímbricas, enriquece y alimenta el fabuloso jazz. A partir de datos del especialista Luc Delannoy, en julio de 1940, en el Spanish Harlem, de New York, Machito entrena la orquesta y, luego de muchos ensayos, debuta el 3 de diciembre de 1940 en el Park Palace Ballroom, en la esquina de la calle 110 y la Quinta Avenida, en Harlem. Su repertorio lo conformaban guarachas, sones y rumbas, para reafirmar su apego a la tradición cubana Machito subió al escenario con sus maracas de oro, la banda se amplió a cinco saxofones, tres trompetas, dos trombones y una conga (tumbadora). “Nuestra idea —explicó Bauzá— era tener una orquesta que pudiese rivalizar con las orquestas estadounidenses, con su sonido, pero que a su vez tocara música cubana. Por tanto, contraté a chicos que tenían la costumbre de escribir arreglos para Cab Calloway y Chick Web; quería que me dieran ese sonido particular”.

En lugar de una batería convencional, los Afrocubans empleaban percusiones latinas, contrataron al timbalero y bailarín de 17 años llamado Ernest Anthony (Tito Puente) quien llegaría a ser el rey del timbal latino. Tito aprendió de los percusionistas de Cuba, especialmente del club de jazz 1900 y de los efectos del percusionista legendario El Chori, en La Choricera, uno de los cabaretuchos de la Playa de Marianao. La Afrocubans es la primera orquesta que incorpora armonías y “solos” de jazz, utilizando simultáneamente una sección completa de percusiones afrocubanas como conga, bongó, clave, maracas y güiro que producen una gama de ritmos sobremanera superpuestos, en una poliritmia sensacional que dejaba estupefactos, un poco confundidos, a los estadounidenses. Sonaban congas en 6/8, timbales en 2/4 y el bongó en 5/4. En el verano de 1942, sigue contando Delannoy, la banda Afrocubans es contratada para el cabaret La Conga, en la calle 50. Es la primera vez que una orquesta de músicos negros latinoamericanos toca en ese barrio central de Manhattan. Los públicos diversos olvidan sus diferencias, se reúnen blancos, negros, mestizos, cubanos, puertorriqueños, aficionados al jazz, bailarines, fanáticos de la música cubana y caribeña. En la noche de inauguración, Mario Bauzá invita al colosal Miguelito Valdés a interpretar canciones de moda, el éxito es tal que el propietario del club, Jack Harris, propone a Machito un contrato de duración indeterminada. Tanta importancia alcanzó el proyecto cubano en los Estados Unidos que hasta el mismísimo Frank Sinatra se hizo amigo de Machito, iba a escucharlo al Club Brasil, en California, y hasta cantaron juntos en la orquesta. Un genio cubano como Mario Bauzá creó, en 1943, la composición Tanga, primer testimonio grabado, la heráldica sonora, de ese tipo de jazz cubano, la culminación de un proceso creador. Su difusión causó el efecto de una bomba, con un éxito sin precedentes. (Luc Delannoy)Para que la historia se completara, el mito de las congas, el colosal músico Chano Pozo, arribó en 1947 a Nueva York. El tamborero cubano se unió a Dizzy Gillespie, fundieron lo pasajero con lo eterno, creando una alianza invencible. Grabaron temas como Manteca, un clásico del latin jazz. Se presentaron en el Town Hall, el Carnegie Hall, en encuentros explosivos, una especie de holocausto rítmico que revolucionó el estilo bop e influyó en muchas músicas que aparecerían en el futuro.




Las controversias de trovadores

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

 

 

 

 

Quéjate a la culpable de tu infortunio

Y no a La Habana que te dio el galardón.

Si allá en oriente también cantan torcazas

Do gimen sinsontes,

Aquí en La Habana

Son las tardes rosadas…

Corona hace mención a María Petronila, que recién había abandonado a Sindo. Otro compositor de la época, el oriental José Cardona, a quien llamaban “Manolico” Dos Cabezas, y que en aquel momento se encontraba preso, también le respondió a Sindo:

“Contestación de La Habana”

Sindo sublime de glorias y honores,

Celaje divino que sirve de espejo,

Así como el mar nos da sus reflejos,

Y las olas bulliciosas no manchan sus colores.

Habana, región de terrestre perfidia

Donde la envidia hace su creación,

Si allá en La Habana también cantan torcazas,

Aquí en Oriente son muy ricas sus minas

Y extensos sus montes.

Si allá son grana y de rosa

Y está el galardón de ser capital,

Aquí están las cunas de los grandes patriotas,

Y aquí la invasión surgió hasta triunfar.

Según Sindo Garay, las controversias de los trovadores eran muy originales. “Nosotros teníamos como armas la música y la poesía, y con ellas discutíamos las cuestiones que suscitan estas fraternales disputas. Recuerdo que una noche en el parque Trillo de La Habana, un poco antes de iniciar el recorrido que acabo de relatar, un grupo de cantadores nos pusimos a discutir sobre las llamadas “contestaciones”. Se fueron encandilando los ánimos y la cuestión acabó en una reyerta tremenda en la que la policía tuvo que intervenir. Los hechos se repitieron en varios lugares, evidenciando el regionalismo que influía a los trovadores. La cosa llegó a tal extremo, que el ministro de Gobernación, que en ese entonces era Facundo Regüeiferos, prohibió que continuaran efectuándose polémicas de este tipo. Un poco más tarde, me dio algo así como un sentimiento y quise desagraviar a mis congéneres”.

“Habana querida”

Por tus calles, Habana querida,

He vivido mis noches bohemias

Y jamás he lanzado blasfemias

Que pudieran tu honor maltratar.

Cual fantasma que vaga en las noches

Volveré tu recinto a cruzar

Y esta tierra sagrada y bendita

Con mis lágrimas vuelvo a regar.




Imperio y leyenda de la musica cubana

El imperio de la música cubana consta de nueve capítulos “dedicados a la teoría y el concepto de la música cubana” y un décimo sobre relevantes personalidades cubanas. Foto: Cortesía del entrevistado
—¿Eres pariente del gran pintor Wifredo Lam (Sagua La Grande, Cuba 1902 – París, 1982) ?

— Mi papá iba mucho a Sagua, sé que tenía parentesco con los chinos allá. Una vez yo también fui cuando paró allí un barco chino, todo un acontecimiento. Lam (Wifredo) lo recordó en la última entrevista que le hice. Yo sé que mi papá tenía mucha familiaridad con él y que no había muchos Lam aquí.

—El Barrio Chino de La Habana siempre ha tenido algo atrayente y sin embargo creo no has escrito de él…

— Siempre pasa así. Otros han escrito bastante. Ahora estoy en la parte final de un libro sobre el barrio chino. Tengo mucho material, todo lo que yo viví, los contactos de mi papá. Era un mundo diferente a Cuba, un poco místico. Voy a unir a Wifredo Lam, que es la gran figura de los chinos en Cuba, con el barrio.

—¿Vas a escribir sobre las comidas?

— Por supuesto. Yo tengo la verdadera receta del arroz frito, que según me decía el chef Gilberto Smith, y yo estoy de acuerdo, es la única comida típica inventada en Cuba. El arroz frito lleva diez productos, es para mí una comida espectacular, es como una ambrosía.

—¿Dices que es inventada en Cuba?

— Así es. Yo fui a Nueva York y a California a investigar y nada de eso existe. Entrevisté en La Habana a cocineros chinos en El Pacífico, cuando se reinauguró, y ellos me dijeron que así no existe, a lo más arroz con un poquito de huevo.

—Mencionaste El Pacífico…

— El Pacífico era el restaurante más famoso de América. Se decía que se iba primero en la mañana a Varadero, a la playa, se almorzaba o cenaba en El Pacífico, y después se iba a Tropicana. En el último piso estaba el restaurante Dos alas, lo más grande que yo he conocido en comida china. Tengo todas las recetas y quisiera publicarlas con la historia de El Pacifico.

—Te has dedicado a la crítica, a la crónica ¿Alguna base académica?

— Bueno, decía Argeliers León que todo parte de un punto referencial. Yo he estado en el mundo del periodismo, hice cursos, también estudié en la escuela de arte. Me he preparado por mi cuenta. La preparación que tú hagas es lo que vale, no lo que te den, esa es mi tesis. Yo me he preparado muy bien por el punto referencial. Parto de lo que hacían Fernando Ortiz, Argeliers y Leonardo Acosta, colega mío de la televisión. Eran gente muy preparadas, muy cubanos. Me enseñaron mucho. Esa es mi escuela. Seguir lo que yo veo diariamente.

—Sigamos con los libros. ¿Cuál fue el primero?

Juan Formell en la presentación en 2011 del libro Los Reyes de la salsa en el Museo del Ron Havana Club y a su lado Rafael, el Chino, Lam. Foto: Cortesía del entrevistado
— Los primeros fueron turísticos, pero tienen que ver con la música, La bodeguita del medio y Tropicana, despuésEsta es la música cubana, le siguen Cantantes Cubanos (dos tomos), luego Los Reyes de la salsa, sobre las orquestas y ahora Van Van, la leyenda y El imperio de la música.

—Vamos a la Leyenda. ¿Cómo te acercas a Formell?

— Yo atiendo toda la musica bailable y estaba muy metido en el boom de la salsa cubana y ahí esta Van Van. Estaba preparando un libro de ese boom que nunca se publicó, y me piden uno de los Van Van hace más de 20 años, se lo di a Formell y a él le gustó. Yo seguí añadiéndole cosas. Es un libro que lleva mucho tiempo caminando. Yo constantemente veía a Formell, por ejemplo en la televisión donde yo trabajaba, otras veces en la radio. Siempre hablábamos, tenía mucha información y las propias palabras de Formell. Yo digo que este libro no es mío, yo lo que hice fue ordenar para que estuviera el pensamiento musical, los conceptos de Formell, más bien es un libro de Juan Formell y los integrantes de la orquesta.

—Hablemos ahora de El imperio…

— Trato de dar respuesta a esta interrogante ¿Cómo es posible que este país tan pequeño haya originado tantos géneros y tan exitosos en el mundo? También presento la vida y la obra de algunas figuras relevantes que han convertido a la isla en ese imperio musical. Incluyo 80 nombres que se reconocen de inmediato, desde Esteban Salas en el siglo 18; Miguel Failde en el 19, considerado el creador del danzón; Eduardo Sánchez de Fuentes, compositor de la habanera Tú; la dinastía de los Romeu, Compay Segundo; Pérez Prado y el mambo, Benny Moré, Enrique Jorrín, Chucho Valdés, Adalberto Álvarez…

—¿Qué estás preparando?

— Tengo un libro que va a salir el año que viene que se llama La Habana bohemia, Maravilla del mundo. Es un homenaje a Eusebio Leal y todo lo que ha hecho por el centro histórico. Está preparado para el aniversario 500 de la ciudad. Tiene la historia de todos los lugares de la vida artística de La Habana elegante. Marlon Brando bailando cha cha chá, Frank Sinatra con la mafia, la playa de Marianao, El Chori, los salones y academias de baile, los cabarets. Todo lo que pasó en el mundo de la bohemia. Es una historia de la vida nocturna.

También está listo Benny Moré, el rey, sobre el legendario cantante y compositor, los dos con Ediciones Cubanas.

—Tú eres un cronista, un investigador de la música cubana. ¿Cuáles son para ti los más grandes?

— No me gusta decir los imprescindibles, en Colombia los llaman los indiscutibles. Para mi Benny Moré, el símbolo; Pérez Prado que hizo la bomba del mambo; por supuestoLecuona, en lo melódico; Jorrín, que inventó el cha cha chá, Ignacio Piñeiro, Arsenio Rodríguez, Miguel Matamoros, los hermanos López, una constelación de estrellas. Y ahora la llamada salsa, Chucho Valdés e Irakere, Formell, Adalberto, César Pedroso, Manolito Simonet…

Si sumamos los libros de Rafael, el Chino, Lam, se comprende que, a su modo, va conformando una historia de la música popular cubana




Gente de Zona arrasan

 

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Gente de Zona se lleva múltiples lauros y gana millones de seguidores en el ámbito musical cubano e internacional. ¿Qué ha provocado el gran éxito de este proyecto musical?Muchos músicos me han ofrecido sus valoraciones al respecto, como el trombonista de Los Van Van, Edmundo Pina “Mundo”, para quien, muchos de estos proyectos musicales se alimentaron de la creación de Manolín (Manuel Hernández), El Médico de la Salsa, en la manera de disparar el discurso musical “rapeado” –después reguetoneado– en forma de disparos subliminales que ese estrellan e incrustan en la mente de los oyentes. El iniciador de esta práctica fue José Luis Cortés, con el experimento de NG La Banda, que llegó a la cúspide del boom de la salsa y la timba cubanas.Sobre el año 2005, el sitio musical Salsa.CH (de Suiza) me pidió una crónica del grupo Gente de Zona que se proponía una gira por Europa en la visitaría ciudades de Suiza. Rápidamente me di a la tarea de localizar a este nuevo proyecto, todavía no tan conocido grupo musical. Casualmente, uno de los representantes del grupo era un viejo amigo. Concertamos una cita, temprano en la mañana, en La Casa de la Música de Miramar. Allí estaban Alexander Delgado y Jacob Forever. No estaba completa la leyenda, nadie podía imaginar el éxito que se avecinaba. Sin embargo, noté cierta similitud física y artística de Alexander con el Médico de la Salsa. Era imposible evadir los aportes del boom de la salsa y la timba que, en una década, arrasó con todo en Cuba y más allá.Aquella crónica de los pronósticos sobre Gente de Zona todavía anda dando vueltas por diversos sitios. Ahora estos músicos están en el vórtice de una revolución musical mediática. Y, tanto es así que para cerrar el verano cubano, el jueves 19 de agosto, el dúo seleccionó presentarse en el Malecón habanero, el mismo lugar donde hace 45 años se estrenaron Los Van Van, de Juan Formell.

La historia de Gente de Zona empezó en el año 2000, cuando se reunieron varios cantantes de rap en Alamar, barrio costero al este La Habana, conocido por ser la cuna del hip-hop cubano. El nombre del grupo se impuso entonces como una evidencia del lugar donde provenían, ya que Alamar está dividido por zonas enumeradas. Alexander Delgado encontró luego a Michel, “el Caro”, y ambos empezaron a tocar en fiestas y salas oficiales de Guanabacoa y Regla y, sobre todo en Alamar, su territorio. Además, intervinieron en los festivales internacionales de rap celebrados anualmente en nuestro país, donde además, Alexander estuvo encargado de la animación por tres años consecutivos.
Más tarde, formaron parte de la Asociación Hermanos Saíz y en el 2002 inician su carrera profesional en la empresa Antonio María Romeu, presentándose por todo el país.En julio del 2005 Gente de Zona, aún integrado por Alexander y Michel, se inserta en el catálogo de la Agencia Cubana de Rap, con un trabajo más maduro dentro de su género, mezclándolo siempre con nuestros ritmos y teniendo en cuenta las exigencias del mercado. Poco después, Michel abandonó el grupo y Alexander llamó a Jacob Forever, entonces director de la agrupación no profesional Made in Cuba, que había hecho trabajos importantes con Pachito Alonso, Eddy K, entre otros. También llegó Nando Pro a formar parte del proyecto como productor musical y DJ.

A partir de ese momento, Gente de Zona logra establecer en el escenario una estrecha comunicación con grandes masas de jóvenes y público en general, que siguen sus presentaciones debido a su desenvolvimiento escénico y su calidad en el trabajo.Sin dudas, se han convertido en uno de los grupos más destacados, exponentes del reguetón en Cuba, convencidos de que llegaron para quedarse y que es lo mejor que suena ahora. Jacob Forever y Nando Pro causaron baja del grupo y entra en la pista un cantante de la Charanga Habanera, Randy Malcom, un chico que tiene mucha sabrosura. Han logrado acaparar la atención del público europeo, y en Miami son toda una sensación. Las descargas de su música en Internet baten récords.

Este grupo tiene un sonido explosivo, en el que la energía del reguetón no oculta la musicalidad latente de los ritmos afrocubanos. Impacta su dominio de la escena durante las interpretaciones en vivo, acompañados por la banda de excelentes músicos cubanos que los completan.Su fama se hizo patente con el álbum Lo mejor que suena ahora Vol. II, con temas como “Le gustan los artistas” y “Los animales”, los cuales llegaron a encabezar las listas de popularidad en Cuba y en lugares como Miami, donde son los números uno indiscutibles del reguetón antillano y también en gran parte de Europa, continente donde realizan al menos dos giras anuales. El 2014 fue un año de éxitos rotundos a Gente de Zona, luego de grabar junto a Enrique Iglesias el tema de Descemer Bueno, “Bailando”, se catapultaron en la arena internacional y ocupan los primeros lugares en los hits internacionales.

En este sentido, fue muy importante la presentación de Gente de Zona junto a Descemer Bueno y Enrique Iglesias en la ceremonia de los Premios Billboard 2014, dicha actuación resultó ser una verdadera conmoción. Con ello, el dúo dejó una puerta abierta para muchos artistas cubanos. Ese mega hit bate nuevos records. En la red social YouTube, “Bailando” ya alcanzó las mil millones de visitas, lo que lo ubica en la sexta posición entre los videos musicales más vistos de todos los tiempos en dicha plataforma web.




Caminar La habana

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana sigue acercándose a su V Centenario y cada día descubrimos nuevos secretos de sus calles, plazas, sus castillos coloniales y sus gentes. La cosmopolita urbe restaura su viejo rostro señorial y se crean nuevos centros para la cultura y la recreación. Esta populosa villa es la más poblada de Cuba y de todo el Caribe insular, con una población superior a los dos millones de habitantes, constituyéndose en el principal centro de la vida política, económico y sociocultural de la nación. En ella residen las sedes de las principales autoridades gubernamentales y políticas de la Isla, así como de las más sobresalientes instituciones culturales y científicas del país. En 1982, su Centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). De acuerdo con una ley aprobada en agosto del 2010 por la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) de Cuba, dicha provincia retoma el nombre de La Habana, eliminándose oficialmente el apelativo de «Ciudad», innecesario después de la desaparición de la provincia homónima, aprobada por esa misma ley. La ciudad se divide administrativamente en 15 municipios.

Fundada en la primavera de 1514, más al sur, con el nombre de San Cristóbal de La Habana, la tradición reconoce como fecha de su fundación el 16 de noviembre de 1519, cuando el conquistador español Diego Velázquez en nombre de los reyes de España estableció su tercer y definitivo asentamiento, el actual. Desarrollada a partir de un núcleo poblacional originario, la ciudad es la fusión de disímiles localidades. Según los datos aportados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la provincia cuenta con 49 barrios, 329 repartos y 36 asentamientos poblacionales, para un total de 414 unidades espaciales o localidades oficialmente reconocidas. Constituye hecho relevante que La Habana colonial se organizara en torno a tres plazas principales, que se encuentran en la actualidad totalmente restauradas: la Plaza de Armas o del Gobierno, la de San Francisco de Asís y la del Mercado, llamada esta última la Plaza Vieja, una de las más concurridas.

Además, gozan del favor de los citadinos y de los visitantes nacionales y extranjeros por su belleza arquitectónica la Catedral de La Habana, con su plaza, localizada en el corazón del centro colonial de la urbe, que bajo la advocación de la Virgen María de la Inmaculada Concepción es la sede de la Arquidiócesis de La Habana. Testigo de la historia, la Catedral, cuya construcción se ejecutó entre 1748 y 1832, es de estilo barroco y considerada de la corriente toscana, por sus dos torres campanarios laterales. Su templo católico forma un rectángulo, que posee tres naves y ocho capillas laterales, divididos por gruesos pilares. El piso es de mármol blanco y negro. Las esculturas y los trabajos de orfebrería del altar, así como del altar mayor estuvieron a cargo del italiano Bianchini. Las mismas fueron ejecutadas en Roma en 1820 bajo la dirección del afamado escultor español Antonio Solá. Tras este altar se observan tres frescos originales del pintor italiano Perovani. Las pinturas interiores fueron realizadas por el pintor francés Jean-Baptiste Vermay. Para alegría de los habaneros se restauró igualmente el parque de la Plaza del Cristo, siempre bulliciosa, y el Paseo del Prado, con su imponente Capitolio, que recobra paulatinamente su majestuosidad y nueva dignidad. En los predios de esa transitada arteria citadina se localizan varios hoteles: entre ellos el Sevilla, el Parque Central, el Saratoga, el Telégrafo y el Inglaterra, que abrió sus puertas en 1875 y desde entonces ha sido uno de los más notorios de cuantas instalaciones de este tipo radican aquí.

Imponente, el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, se yergue en la esquina suroeste del boulevard peatonal San Rafael, en el lado oeste del Parque Central. Es la más antigua institución teatral en activo de Latinoamérica, inaugurada el 18 de febrero de 1838, entonces bajo el nombre de Gran Teatro de Tacón. Esa edificación, obra del arquitecto Antonio Mayo, quien lo concibió con un estilo ecléctico predominante, es hoy la sede del Ballet Nacional de Cuba, y constituye una de las principales instituciones culturales de la capital cubana y arquitectónicamente uno de los íconos de la ciudad. Ese teatro llegó a ser en su momento el más grande y lujoso del continente americano; y por sus cualidades técnicas el tercero del orbe, después de la Scala de Milán y el de la Ópera de Viena. Muy cerca se encuentran el otrora Centro Asturiano de La Habana, actual sede de las colecciones de arte universal del Museo Nacional de Bellas Artes, y el Cine Payret.

Y es que La Habana es una ciudad para caminar, para asombrarse constantemente, pero para ello lo primero es tener curiosidad, al decir del destacado intelectual cubano Alejo Carpentier, para maravillarse de su gente, lo mejor de todo, para deslumbrarse con la arquitectura de la llamada ciudad de las columnas, de la casa criolla tradicional (algo de andaluza, árabe), de los viejos palacios habaneros, o de sus mansiones babilónicas, como expresara el escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio nobel de Literatura.

¿Puede haber algo más fascinante que el malecón habanero, que hace un arco, como para que toda la ciudad se pueda disfrutar de una sola mirada? ¿Y, ver la entrada de la asombrosa bahía de bolsa, que penetra en el puerto, la cual pareciera estar cincelada a mano? ¿Disfrutar de las fortalezas coloniales El Morro y La Cabaña, en aquel promontorio de piedra, con que cierra la rada (llave de oro, protectora, por su posición estratégica), conformando una poligonal quebrada y un sistema de terrazas degradantes hacia el mar con el fin de crear sucesivas cortinas de fuego defensivo, desde donde se divisa toda la urbe con otra perspectiva?

No es casual que el puerto fuera celebrado desde los lejanos tiempos de la colonia por viajeros de todas las naciones y hasta por Alejandro Humboldt (Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt, Alemania, 1769-1859), un geógrafo, naturalista y explorador alemán, considerado el «Padre de la Geografía Moderna Universal» y el «segundo descubridor» de la Isla después de Cristóbal Colón.

Y es que resulta fabuloso caminar La Habana para disfrutar de su arquitectura, sus techos mudéjares, barrotes torneados en barandajes y rejas y puertas de estilo español.A veces, de caminar tanto nuestra capital, no nos percatamos de sus bellezas ocultas. Algunos amigos dicen: ¿Para qué caminar otra vez por los mismos lugares?Grave error. Hay que rastrear sus calles y barrios llenos de leyendas, la villa nunca es la misma. Lo más bello es su gente pintoresca y alegre, amable y hospitalaria, donde ningún visitante se siente extranjero.Los visitantes décadas atrás apreciaban mucho sus comidas y fiambres: frijoles negros con un toque maravilloso, arroz con pollo adobado con cerveza, fricasé de pollo, tamales en cazuela, frituras de carita, de maíz y de malanga, plátanos chatinos (a puñetazos), ajiaco típico, helados de frutas, dulces cubanos, los pregoneros de frutas y de otros productos. Somos herederos de una de las mejores cocinas del mundo: la española.

También el barrio chino ha sido, a través de los tiempos, uno de los atractivos de este privilegiado rincón de la Isla: contaba con el embrujo de sus comidas, que tienen fama mundial, y tenía uno de los teatros chinos más extraordinarios de América Latina.

La Habana cuenta, además, con el privilegio de acoger en su seno más que otros festivales de todas las artes, desde el cine hasta el ballet clásico, desde la plástica hasta la música. No olvidar que organiza cada año la tradicional Feria Internacional de La Habana, la mayor bolsa comercial de la subregión.Por otro lado y no menos importante es que La Habana fue una de las ganadoras del Concurso internacional New 7 Wonders Cities, cuyo resultado fue anunciado el 7 de diciembre del 2014, en el cual millones de personas del orbe eligieron las siete ciudades más maravillosas a nivel mundial. La capital cubana, junto a Beirut (Líbano), Doha (Catar), Durban (Sudáfrica), Kuala Lumpur (Malasia), La Paz (Bolivia) y Vigan (Filipinas), resultaron ganadoras de la singular competencia.

Y es que la urbe habanera no tiene igual y atrae por como un imán a propios y extraños.




García Márquez: el mejor embajador de la música cubana

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Nostalgia quiere decir regreso, porque, según Tagore: “Un pueblo sin memoria no puede tener porvenir, es como un árbol sin raíces”.Se está conmemorando el aniversario del cumpleaños 89 de Gabriel García Márquez (6 de marzo de 1927), siempre se consideró un embajador de la música cubana, la defendía como un cubano más. “Desde que comencé como columnista en 1951 en El “Heraldo” de Barranquilla le dediqué dos crónicas a el inmortal Pérez Prado, uno de mis ídolos más antiguos y tenaces, como consta en los archivos de los periódicos. Mi pasión por la música cubana está bien correspondida, tanto así es que la música cubana me ha gustado más que la literatura”.

Huelga decir que en la dieta musical de los colombianos, está en primer plano lo cubano. “Fíjate que mi cantante preferido es un cubano llamado Bienvenido Granda, cuando escribía Cien años de soledad, me convertí en su fanático más furibundo. Yo llegué a admirarlo tanto que siempre he creído que yo me dejé el bigote para toda la vida por Bienvenido Granda. Entonces me decían “El bigote que escribe”. Siempre lo seguí en México donde quiera que se presentara con ese chorro de voz tan extraordinario”. Otros colosos de la música cubana que García Márquez amaba eran: El Trío Matamoros, Miguelito Valdés con la Orquesta Casino de la Playa, la cual dice Gabriel que fue el origen de la salsa con los “solos” en los tumbaos y montunos de Anselmo Sacasas y Pérez Prado. La Sonora Matancera con Bienvenido Granda, Celio González y toda la corte de cantantes que por allí pasaron. Uno de sus géneros musicales más queridos es el bolero: “Hablar de música sin hablar de los boleros es como hablar de nada”, decía siempre el escritor.

Hay una entrevista de la revista Opina (no. 75, octubre de 1985) donde el colombiano hace gala de sus conocimientos musicales. En ella formula una serie de declaraciones donde demuestra ser un verdadero especialista de la música cubana. En otra crónica, cuando el novelista cumpla 90 años podríamos publicar esos conceptos sobre la industria de la música cubana que ahora se están imponiendo.

En su visita de 1997 a la Feria Cubadisco, en Pabexpo me dijo: “Ya ves que Cuba va a tener que hacer algún día una necesaria industria de la música. Si venden el tabaco, el azúcar y el café; por qué no venden su música. Si Cuba tuviera esa industria, con el boom de la salsa cubana, hubiera barrido en el mundo, en la década de 1990. Ahí tienes el fenómeno del Buena Vista Social Club que está acabando en el mundo entero. El mambo de Pérez Prado, la primera bomba atómica del ritmo americano, derrumbó las murallas chinas por el esfuerzo de la comercialización. Cuba desaprovecha su música y otras industrias saquean y se alimentan de lo que producen los cubanos”. Cuba, antes de la Revolución, era productor de música, que se comercializaba a través del baile, el canto, la radio, el espectáculo. Pero Cuba no recibía los beneficios porque su música la distribuían las empresas discográficas estadounidenses. El beneficio iba a parar a Estados Unidos. He tenido pleitos con muchos directivos culturales de Cuba por este tema. Hoy esa música cubana sigue en el mercado, y en primera línea, con el nombre de salsa, que no es más que sones, guarachas cubanas utilizados por el imperialismo, por los cubanos que residen en el exterior y por puertorriqueños y demás músicos caribeños».

En un recorrido que le hicieron por la playa de Varadero al Premio Nobel de 1982, le preguntaron altos funcionarios qué le había perecido del recorrido. “Lo que más me gustó fue la música”, contesto rotundamente.

En la última visita a La Habana, en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano le pregunté si estaba al tanto de las últimas en la música cubana, me confesó: “Lamentablemente, en los últimos tiempos, he estado trabajando en mis memorias. Pero, siempre estuve al tanto de todo lo que pasaba en la música en Cuba. Cuando me meto en la música es un rollo que no acaba nunca. Siempre escuché música no menos de dos horas diarias. Es lo único que me relaja. Lo único que me pone en mi tono…Y he pasado por etapas de toda clase. Dicen que uno vive donde tiene sus libros, pero yo vivo donde tengo mis discos. Tengo más de dos mil. Eso se lo revelé en una ocasión a uno periodistas en 1977 a tres jóvenes: Carlos Martínez, Humberto Molina y Martha Elena Restrepo”.

Esta sección de la “Nostalgia Musical” la he comenzado con Gabriel José de la Concordia García Márquez. Sin dudas que el ídolo de Aracataca siempre fue un nostálgico. “A nosotros nos correspondió vivir, en un momento en que todos los recuerdos son eternos. Todo esto nos enseñó a vivir la nostalgia de la nostalgia, un sentimiento muy hondo y desgarrador que puede arrugarle a uno el corazón”.




Vuelven las Habaneras

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Bajo la dirección artística de Cecilio Tieles, el Museo de la Música organiza, del 3 al 6 de diciembre, el evento Conocer la habanera. Resulta de gran importancia, especialmente ante la llegada de los 500 años de la ciudad, que se rescaten los festivales de habaneras que desde 1986 se celebraban. De origen urbano, la habanera es un género vocal instrumental nacido en La Habana. Se define como una línea melódica de carácter lírico y romántico, acompañada de instrumentos que ejecutan un patrón rítmico estable a manera de bajo. Se define como una línea melódica de carácter lírico romántico, con acompañamiento instrumental que ejecuta un patrón rítmico estable a manera de bajo. Este último, conocido como ritmo de habanera, tango o tango congo, resulta el elemento de identificación y reconocimiento más importante del género. Tan relevante es este género musical, que su base nutrió a casi todas las músicas de América. El desarrollo de las habaneras se dio fundamentalmente en las zonas portuarias. A través del mar se trasladó a América, España y el resto de Europa. El ostinato, característico del bajo tradicional, se incorporaría a la cancionística de España, México, Perú, Venezuela y Argentina. Se dice que la habanera se encuentra hasta en el origen del controvertido reguetón.

Según la definición del musicólogo cubano Danilo Orozco, “la habanera parte de un núcleo de relaciones rítmico-acentuales de origen afroide bantú dahomeyano. Presenta estructura binaria simple y compás de 2/4; es interpretado en tempo lento y utiliza textos a base de versos octosílabos generalmente, en función de mantener su diseño formal.”Un clásico ejemplo lo constituye la pieza de Sebastián Iradier, La Paloma, una de las habaneras más conocidas en el ámbito internacional. Compositores de otros países europeos —Bizet, Glinka, Lalo, Saint Säens y Ravel— buscaron novedades para sus composiciones en España y utilizaron, precisamente, los ritmos y melodías de habaneras conocidas, tomadas de la música española.Esta influencia de autores españoles de zarzuelas también fue recibida por los creadores cubanos, quienes produjeron obras de temas y personajes nacionales. Aparecieron así las habaneras de Raimundo Valenzuela (La mulata Rosa), Ignacio Cervantes (El submarino), Manuel Pérez de la Presa (Los Saltimbanquis), José Marín Varona (El hijo del Camagüey), y, en el siglo XX, Ernesto Lecuona (La Plaza de la Catedral).

La habanera adquiere mayores dimensiones en el contexto de la canción lírica cubana de finales del siglo XIX e inicios del XX. Ejemplo cumbre de ello es la habanera Tú (1892), de Eduardo Sánchez de Fuentes. Tras esta creación, el género se coloca en el umbral de la canción popular y la canción de concierto. Alejo Carpentier escribió que la habanera Tú fue el primer hit internacional de la música cubana.Son reconocidas a nivel nacional e internacional las habaneras Veinte años, de María Teresa Vera; Mariposita de primavera, de Miguel Matamoros; La rosa roja, de Oscar Hernández, y En el claro de la luna, de Silvio Rodríguez. Luego de las primeras décadas el siglo XX el género perdió vigencia como expresión contemporánea, aunque han aparecido algunas obras con el patrón rítmico reconocible. En el marco de la creación académica contemporánea se ha utilizado como vía de expresión de lo cubano.




La Habana ya está de fiesta

Rafael Lam| Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Este viernes 16 de noviembre comenzaron los festejos por el quinto centenario de La Habana , una urbe ecuménica, al decir de Eusebio Leal. El Historiador de la ciudad asegura que “La Habana hala mucho, me fascina París, a Venecia he viajado muchas veces, es una ciudad que me gusta mucho. Pero no cambiaría a ninguna de las dos por La Habana. La Habana tiene sus propios misterios, su propia maravilla, su propio encanto, sus propios secretos”. (Prismas, 1997).A veces la costumbre nos hace olvidar muchas cosas. Los que viven al lado de las pirámides de Egipto no necesariamente comprenden la gigantesca obra que sus antepasados construyeron. ¿Conocen exactamente los nativos de América Latina las historias de los nahuales y mayas de México, de los chibchas de Colombia, de los cumanagotos de Venezuela, de los quechuas del Perú, de los charrúas de Uruguay, de los araucanos de Chile? ¿Saben de las ruinas más bellas de México, de los mayas de Oazaca, con sus palacios de muros fuertes cubiertos de piedras talladas, que figuran hombres de cabeza de pico con la boca muy hacia afuera, vestidos de trajes de gran ornamento y la cabeza con penachos de plumas? ¿Conocen la grandiosa entrada del palacio, con las catorce puertas, y aquellas gigantes de piedra que hay entre una puerta y otra? (Ver a José Martí en La Edad de Oro).

La admiración por la ciudad ha cambiado en los cubanos, y Eusebio Leal tiene mucho que ver en eso. Aun así, no pocas veces los que acostumbran caminar por La Habana desconocen la ciudad donde viven.

Por ejemplo, muchos no saben que un especialista como el profesor de la Universidad de Cornell y Presidente del Colegio de Arquitectos, Joaquín E. Weiss, en su libro de La arquitectura colonial cubana (2002), escribió que descontando a México y Perú, dos de los más extensos y ricos territorios de la América histórica, la arquitectura cubana es probablemente la más completa y mejor representada de la época colonial en nuestro continente.

Su personalidad es clara y bien definida; sus soluciones, enteramente funcionales, reflejan de modo impresionante el medio social en que se produce la vida y costumbres del país y los materiales que el suelo y la industria brindaban a sus habitantes. Su sobriedad y la sencillez de sus soluciones no pueden estar más a tono con los ideales modernos, al propio tiempo es pintoresca y de un gran colorido. La grandeza de su escala, sus amplios soportales, sus voladizos, balcones, sus enormes rejas, han sido admirados por viajeros de todos los tiempos, incluso por arquitectos de proyecciones enteramente modernas.La rareza de la capital cubana reside en muchos aspectos: es una urbe que parece intacta, desde mediados del siglo XX. No es una ciudad moderna en su arquitectura, y escapó a la avalancha arquitectónica de la “cancunización”, que cambió la faz de ciudades de Iberoamérica al perder la esencia prístina colonial. En La Habana no hay puentes colgantes ni rascacielos que llaman “elefantes blancos”; pero cuenta con la mejor fortificación de América, una zona estratégica por donde pasaban el oro, la plata y las piedras preciosas saqueadas de las Américas.

Toda esa rareza la hace atractiva y seductora. Eusebio Leal, con su proyecto apoyado por el gobierno cubano, fue levantando la ciudad de sus escombros, que resurgió de las cenizas como el Ave Fénix. El centro histórico emerge de sus propios restos. Esa es su gran proeza, que deja atónitos a los visitantes, prendados de la magnificencia de su arquitectura.

Hagamos como dijo Alejo Carpentier: “Seamos curiosos cuando caminemos por La Habana. Porque La Habana tiene un privilegio que solo conocen las grandes capitales del mundo. Y es que el aburrimiento no vive en sus calles. La calle habanera es un espectáculo perenne. Hay en ella materia viva, humanidad, contrastes, que pueden hacer las delicias de cualquier observador”