1

Cuba, gustos y crisis

Manuel Juan Somoza

La Habana

Desde hace siglos se ganó el gusto de los cubanos a pesar de que “hay que tratarlo como a un turista, porque tiene que vivir bajo buen techo, hay que bañarlo todos los días y llevarle la comida a la cama”, me comentó un amigo ingeniero, de esos que son originales y acuciosos. Les hablo del puerco o del cochino, como le dicen en la isla al cerdo, el “Mamífero Nacional”, como fue homenajeado por un dúo popular. Me refiero al invitado infaltable en cualquier festividad de este país, donde el entrañable animalito se ha convertido en referente de lo jodida que están las cosas, cuando el 2021, por suerte, se nos va entre las manos y llegan tiempos de celebración.

A expertos en economía, como el doctor Juan Trina Cordoví, se les hace difícil responder a una pregunta simple que va de boca en boca en la isla.  ¿Qué es más difícil, producir vacunas o producir puercos ?. Y comenta Triana, “sin dudas, esa es la gran paradoja de nuestra realidad. Y cuesta mucho explicarla. Se hace mucho más fácil explicar la capacidad de nuestro sistema productivo para obtener un producto tan sofisticado como una vacuna (cinco en el caso de la covid-19), que explicar su incapacidad para producir cerdos, o azúcar, o pollos de ceba, o boniatos, o maíz”.

La producción de cerdo en las predominantes empresas estatales está hundida por la falta de dinero para importar alimento animal “a causa del bloqueo estadounidense”, dice el gobierno como primerísima causa del desastre (nunca se valora con la misma fuerza la ineficiencia crónica de la producción nacional) , por lo que el sector privado es dueño y señor de esa carne, en cantidades insuficientes para satisfacer la voracidad del mercado -tampoco cuenta con alimentos de importación-, pero en volúmenes suficientes a fin de sortear el vendaval mediante la especulación.

En octubre la libra de carne de puerco llegó a 100 pesos, en noviembre a 170 y diciembre arrancó a 200 pesos. El salario mínimo teórico en el predominante sector estatal es de 2,100 pesos, el máximo 9,510, según estableció en enero la llamada “Tarea ordenamiento” puesta en práctica, dijeron los que mandan, para mejorar la economía. No obstante, el crecimiento de los precios en bienes y servicios es de tres y cuatro dígitos, lo que ha deprimido el valor real de los ingresos personales y podría convertir al cerdo en el gran ausente de las festividades cubanas de fin de año.

Como sustituto quedaría la carne de pollo, que Cuba importa en mayoría de Estados Unidos gracias a una excepción al bloqueo abierta desde hace décadas para beneficiar a los productores norteños; compras que no admiten créditos, hay que pagarlas al contado incluso antes de recibirlas en puerto, aunque aun así parecería más barato adquirirla allá que en otros lares. De ahí que en la última rendición de cuentas del representante del gobierno local a sus electores en una barriada del reparto Kohly, dada la trágica realidad del cerdo, Andresito, un vecino de esa localidad, propusiera lo siguiente: “¡ Que el estado se ponga a producir pollos con eficiencia porque si al presidente Biden se le ocurre implantar la sanción 241 estaremos fritos”. Andresito hizo referencia así a las 240 sanciones adicionales al bloqueo adoptadas por Donald Trump, que Joe Biden mantiene y que pondría en remojo también al pollo si se le ocurriera adicionar una más.

 

 

 




Cuba y el fin de año

Manuel Juan Somoza | La Habana

Se nos va otro año cruel que ha extendido su maldad por todos los costados del planeta y cada quien se dispone a despedirlo, o mejor sería a ¡OLVIDARLO!, según los recursos y el ánimo de que disponga. Desde Washington un colega y amigo destacado allá envía la imagen de un enorme árbol navideño y en Madrid han vuelto las iluminaciones para recordar que nos aproximamos a tiempos de festividad. Hay que reanimar el comercio, los mercados, el consumo; hay que vivir porque para eso estamos, aunque los sabios nunca hayan podido descifrar el enigma de la vida; hay que soñar e insistir, darse por vencido es la peor de las recetas.

En Cuba se goza con el son, con la guaracha y la rumba, y a la hora de filosofar sobre el gran enigma la conclusión es igualmente musical a pesar de que su esencia llegue de muy lejos. “La vida es un tango”, aseguran los cubanos, quienes a juzgar por las tendencias que se observan en las calles olvidarán este año a ritmo de tambor y cornetín santiaguero con lo poco que tengan en las manos; así de singular es este ajiaco nacional de africanos, europeos con pizcas chinas y nativas, de otra forma sería imposible resistir tantos años de nadar contra corriente. Y habrá fiestas en Cuba sin guirnaldas de colores, sin derrochar una vez más lo que no hay y eso, créame usted, no lo impedirán ni los muertos que ha dejado la epidemia, sería una desconsideración hacia ellos. No lo impedirá ni la ausencia de casi todo lo imprescindible para llegar al otro día, ni los apagones que el gobierno busca mitigar contratando en Turquía plantas flotantes generadoras de electricidad, ni las sanciones económicas que Biden multiplica para hacer “felices” a los cubanos, dice, con la vuelta a su “democracia”, ni los augurios sombríos de quienes hacen política con las desgracias. Ni el copón divino podría impedir que los isleños insistan en olvidar los espantos de la epidemia y de su cotidianidad con lo poco que tengan a la mano. Decir que el país caribeño vive en crisis, es redundancia, y no voy a recrearme en lo sabido.

De mi parte, le insistiré a Ilsa, una de esas hermanas que surgen de la lucha de un día y otro, para que tiremos agua juntos a las 12 de la noche el 31 de diciembre como hemos hecho desde hace cuarenta años Vivian, quien suscribe, ella y su marido que partió por la maldita covid; me da la gana de pensar que donde quiera que esté Anael no dejará de mandar al carajo este año puñetero entre scotch y scotch, y mejor sería volver a hacerlo juntos. Y también, al igual la mayoría, estaré atento al precio de la carne de cerdo -de puerco se le dice aquí-, que le hace cosquillas a las nubes. Más de 200 pesos la libra, lo que equivale a 8,33 dólares al cambio oficial (inamovible desde enero) o a 2,85 usd en el mercado negro, que fluctúa de acuerdo con los vientos de la oferta y la demanda y es referente de los precios minoristas en momentos en que la inflación y la especulación son como tenazas adicionales en la vida de la gente. Y mantengo la vista en los precios del puerco porque quiero mantener la tradición, pero con esa carne o sin ella despediré este año maldito y haré planes de futuro sabedor de que pocas veces cumpliré lo que proyecto. La vida es como un tango que hay que aprender a disfrutar, lo contario sería morir antes de tiempo.

 




Cuba, miedo y antídoto

Manuel Juan Somoza | La Habana

Hemos vivido con miedo en el planeta desde hace demasiado tiempo y cuando se anda con el susto de compañero obligado, al menos a mí me da por pensar. “Es una reacción lógica”, me dijo una amiga sicóloga por los años 90, cuando no había pandemia y en Cuba sufríamos apagones de hasta 16 horas diarias y soñábamos con comida. Fue aquella una crisis distinta a la que nos atenaza hoy y al mismo tiempo similar por el desconcierto que encierra, y porque una vez más obliga a hacerme mil preguntas cada día, la mayor parte de las veces sin llegar a respuestas convincentes.

¿Cómo coño puede vivir este país sin dinero ni para importar alimentos básicos?, ¿cómo es posible que en medio de tanto agobio sin salida al alcance de la vista los cubanos cuenten -contemos- con tres vacunas propias contra ese virus siniestro que insiste en subsistir para jodernos la vida un poco más?, ¿serán esos antídotos de factura nacional, producidos generalmente por grandes corporaciones privadas, obra de la propaganda comunista ?.

Para la primera pregunta solo puedo responder que sobrevivimos de milagro, todavía no encuentro la forma de descifrar ese misterio. Para las otras quizá tengo las claves, juntando informes oficiales y vivencias.

El 1 de septiembre informé al periódico digital mexicano MILENIO que en agosto “se registró en Cuba un promedio de ocho mil 552 enfermos y 82 fallecidos cada 24 horas (por el virus que partió de China), lo que representa 64 mil 723 pacientes y 899 decesos más que en julio, que fue el peor mes desde que comenzó todo esto hace año y medio”.

Y hoy el ministerio de Salud Pública nos dice que en las últimas 24 horas se reportaron183 nuevos casos y un fallecido, tendencia a la baja que se vine observando desde que arrancó noviembre, en la misma medida en que casi el 81 por ciento de la población de la isla ha sido vacunada con los antídotos propios Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus, a partir de los dos años de edad, y fíjese en ese detalle porque es casi inédito en el mundo. La inmunización alcanza incluso a los convalecientes y ha comenzado una fase de refuerzo; es sabido que las vacunas que circulan por el planeta -hechas todas a la carrera- a los seis meses de la inoculación inicial pierden efecto. A mí me toca el refuerzo en enero.

Aunque cueste trabajo creerlo, cuando los planes y proyectos oficiales aquí se cumplen pocas veces, Cuba dispone de un arsenal de medios y científicos impresionante para su tamaño y las crisis sistemática en la que vive desde que en 1959 a Fidel Castro se le ocurrió apartarse del rebaño que en América se mueve al ritmo de Washington, como si de allá sonara una especie de flautista de Hamelín. “Este tiene que ser un país de hombres de ciencia”, dijo más o menos hace varios decenios y hoy esa ha sido la salvación de los cubanos en materia de pandemia. Si tuvieran que importar vacunas estarían probablemente peor que el burujón de países que esperan todavía que la OMS logre convencer a las poderosas farmacéuticas que protegerse del virus es un derecho humano.

Qué quiere que le diga, así son las cosas en la isla cuando de miedos y antídotos se habla en muchas partes y cuando de Sudáfrica ha surgido la quinta variante del maldito virus. No sé si ese bicho entrará aquí como antes hizo Delta, pero si entrara me arriesgo a adelantarle que este país sin dinero para comprar ni un kilo de leche en polvo, dispone de recursos propios para dar también esa batalla. ¡Qué irremediablemente raro es mi país!.

 




Cuba insiste en ir contra corriente

Manuel Juan Somoza | La Habana

Optar en Cuba por eso que filósofos, sociólogos y políticos denominan Socialismo y que cada país interpreta a su manera, ha sido nadar contra corriente durante 62 años. Y así de simple podría ser entendido un asunto tan complejo como el que se registra hoy en esta isla hundida en otra crisis, con la particularidad de que junto con los actores internos, autóctonos o como usted quiera llamarlos -partidarios de esa formación social, desencantados, indiferentes y contrarios- hay otro jugador externo de tanta fuerza que es capaz de hasta condicionar las posiciones de entidades como la Unión Europea.

Sí, no es un secreto, hablo de Estados Unidos y sus sucesivas administraciones demócratas o republicanas desde los tiempos finales de Eisenhower (1953-1961). Solo así se puede entender, o al menos es como lo entiendo yo, que mucho antes de realizarse la denominada “marcha cívica por el cambio” en este país, se desplegara en el planeta una campaña publicitaria descomunal, creando la sensación de que el 15 de noviembre pasado el socialismo en Cuba reventaría por todos sus costados.  Hasta un eurodiputado de VOX se dispuso a viajar al país para presenciar, según dijo, “la caída del muro comunista del Caribe”.

No le voy a hacer historias sobre lo vivido por quienes aquí hemos seguido e informado antes, durante y después del 15N, porque hace mucho tiempo me educaron en que los periodistas no somos noticia. No obstante, sí apuntaré un detalle: las contradicciones de este país siempre han alcanzado y alcanzarán, por obra del citado factor externo, la dimensión internacional que nunca han tenido, por ejemplo, el drama de Chile, con un presidente acusado de corrupción, o de Brasil, donde la “justicia” llevó  a la rejas a Lula, quien resulta que ahora podría volver a la presidencia del gigante suramericano con holgura de apoyo popular, o de Colombia, donde matan todos los días a cualquier activista contrario a los establecido, e incluso ni de Honduras -país que no nada contra corriente-, de donde huyen cada 24 horas miles de personas en busca del “sueño americano”, aunque Trump les cerrara las puertas y Biden todavía no sepa qué hacer con la indetenible avalancha de migrantes.

Sí, se sobrealza todo lo que ocurre en esta isla diminuta, complejizando todavía más el acontecer nacional. Parecería que cada líder político de este mundo en jaque por una pandemia que ha vuelto a renacer, tiene las soluciones para Cuba; que cada pensador de izquierda o de derecha sabe cómo arreglar los problemas de este país, aunque nunca acierten donde viven. Y así las cosas, nadar contra corriente pudiera ser un acto de suicidio o de locura, vaya usted a saber, aunque en 2019 el 86,8 por ciento de los cubanos que ejercieron el voto -90,15% de los posible votantes- ratificara en la nueva Constitución de la Republica que eso que llaman Socialismo es una aspiración “irrevocable” en la isla, por mucho que todo sepamos que nada es irrevocable. Si a los cubanos les permitieran ocuparse de sus múltiples problemas internos sin tanta injerencia, quizá, digo yo,  podrían seguir contra corriente 62 años más.




Cuba y el Armagedón que no ha llegado

Manuel Juan Somoza | La Habana

Ocurrió lo que tenía que ocurrir cuando alcanzar en Cuba un trozo de carne de pollo cuesta muchas horas de cola o mucho dinero; cuando una legión de funcionarios torpes complejiza cada decisión para destrabar amarras; cuando la covid-19 disfruta en la punta del pico pandémico;  cuando han vuelto los apagones; cuando transcurren cuatro horas como promedio para adquirir una de las muchas medicinas en falta; y cuando ese Norte que nunca perdonará la osadía de David , sabedor de todo esto y mucho más porque es en buena parte artífice, impide hasta cualquier transacción de los bancos cubanos en este mundo global. “Aquí lo que teníamos eran alumbrones, no apagones, y un desabastecimiento de comida impresionante; yo tenía que llamar a mi amiga Josefina, que vive en la Habana, para conseguir algunas cosas por TU ENVIO (comercio digital) porque aquí no entra nada, y todo eso lo sabía todo el mundo y nada cambiaba”, comentó  una oriunda de San Antonio de los Baños, pueblito situado a unos 30 kilómetros de la Habana, por donde en la mañana del domingo 11 de julio comenzaron espontáneamente las manifestaciones antigubernamentales, extendidas después por casi todo el país; amplificadas y en algunos casos manipuladas en las redes; protestas callejeras cuyo antecedente más inmediato se remonta al “maleconazo” de 1994, cuando en medio de la crisis económica de aquel año miles de personas con intenciones migratorias desbordaron la céntrica avenida Galiano de la capital cubana. La oriunda de San Antonio es partidaria de la revolución que arrancó en la isla en enero del 59. “En el parque la mayoría eran gentes honradas pero cansadas”, concluyó ella, dejando en el aire muchas preguntas: ¿Qué hicieron los que mandan en ese municipio para atenuar al menos la crisis antes del estallido?; ¿Qué hicieron cuando cientos de moradores tomaron el parque principal del pueblo?; ¿ Qué han hecho luego de que el presidente Díaz-Canel se personara allí y se pusiera a la cabeza de una contramarcha de partidarios?, demostración de fuerza que también después, repito, después se multiplicó por cada lugar de conflicto en la isla.

Fue el domingo una jornada de gritos de “¡Libertad, libertad!” y “¡Abajo la dictadura!, porque a quienes clamaban por soluciones a sus carencias de más de año y medio, se sumaron los contrarios al rumbo socialista; hubo saqueo de comercios; golpizas de policías; detenciones y autos volcados, con sus neumáticos puestos a mirar al cielo en medio de la vía pública. Y todo ello transmitido por las redes.

Desde aquel domingo, Díaz-Canel ha ido dos veces a la televisión nacional a dar sus argumentos sobre las causas de todos esto a partir, ha reiterado, “del bloqueo reforzado de Estados Unidos” y la puesta en práctica del  “manual de guerra no convencional que Estados Unidos ya ha aplicado rigurosamente en otros países del Medio Oriente, Europa y América Latina con vista a lograr un cambio de régimen”. Y hasta Raúl Castro dejó su retiro formal de cargos y vida pública, y participó el lunes 12 de julio en una reunión del Buró Político del Partido Comunista consagrada a lo ocurrido.

Ese lunes había vuelto la calma al país, que sin embargo parecía a punto de reventar en las redes por mágica obra de servidores con base en Estados Unidos. Escribo esta nota en la mañana del martes 13 -maldito martes- sin haber visto en La Habana o recibido del interior del país informe alguno de revueltas. No obstante, la posibilidad de nuevas manifestaciones está latente porque las penurias se mantienen, el Norte aprieta la soga,  migrantes cubanos devenidos  “patriotas digitales” saturan las redes con la vieja fórmula de pedir “intervención militar”, y los contrarios que viven aquí, sabedores de que no serán asesinados ni desparecidos como ocurre en otras lares, han aprendido a sacar partido de la crisis. No, no ha llegado el Armagedón a Cuba. “La esperanza es el sueño de los despiertos”, en el decir de Aristóteles.




Cuba, de nuevo a contracorriente

Manuel Juan Somoza | La Habana

Cuba contabilizó en 48 horas de este mes de julio las astronómicas cifras de 13 mil 172 enfermos y 59 fallecidos por covid-19. Las variantes Beta, de origen sudafricano, y Delta, la más mortífera surgida en India, circulan por el país tras ingresar por la occidental provincia de Matanzas, que en dos días registró la mitad de todos los enfermos que se reportaron en el país cada 24 horas. Innecesario entonces más argumentos para sentir en carne propia que la Nación enfrenta quizá el mayor desafío desde aquellos tiempos en que a tiros, bombazos, bandas de alzados e invasiones los contrarios apostaron por torcer el rumbo de la revolución. Es dolorosamente cierto, Cuba se encuentra en medio de una profunda crisis económica sin salida al alcance de la vista, y desde el Norte se aprieta más la soga del bloqueo -ingenuo suponer que ocurriría lo contrario-, aprovechando con cinismo impúdico el avance hasta ahora indetenible de la tercera oleada de covid-19. Se busca impedir hasta la compra de jeringas y aun así los científicos de este país se las han arreglado para crear dos vacunas anti covid que por su efectividad certificada ocupan el cuarto y sexto lugar del ranking mundial. Usted está en el derecho de culpar a Fidel Castro por todos los males de este país y hasta de aplaudir a Donald Trump, pero óigame, política y propaganda aparte, le ronca alcanzar tales resultados en las condiciones descritas y saber que además hay en desarrollo otros tres antígenos.

Aquí, ni por un segundo, se deja de sufrir, proponer alternativas, discutir, denunciar las decisiones tardías y mal aplicadas en la economía nacional; las burradas del ejército de funcionarios con poder y cabeza hueca que han vuelto a impedir la entrada de alimentos a La Habana -por segunda vez- dejando sin viandas, hortalizas y carnes a 2,13 millones de habitantes de esta ciudad. Se critica la propagada oficial, que va por un lado y la complejidad de la vida por el otro; los extremismos de izquierda y de derecha; la obligatoriedad de desembolsar 300 pesos por un litro de aceite para poder cocinar algo ante la imposibilidad de penetrar la maraña de acaparadores que todos los días tupen las entradas a los desabastecidos comercios, sin que aparezcan las brigadas “anti coleros” creadas por el gobierno con abanderamiento, bombo y platillo.

Es cierto todo eso y mucho más, y duele en los mismísimos cojones y en las entrañas de las mujeres bravas. Esas son hoy las condiciones del juego por la vida de este país. Pero créame usted, que se ha tomado el trabajo de leerme desde más allá del Caribe. No hay en este país muertos en las calles como ocurrió en Brasil; no existen hospitales desbordados por la maldita pandemia, como sucedió en Italia, adonde fueron los médicos cubanos a echar una mano. Hay estrés generalizado, carencias de todo tipo, cuentan los de siempre disfrutando cada tragedia porque suponen que al fin les llegará la bendición de imponer sus ases. Y hay también admirable entrega de gente muy joven o muy vieja para cortarle el paso a la covid, para ayudar al otro, para enmendar lo que hay que rectificar e impedir que vengan aquellos con su manera de hacer las cosas, porque la receta neoliberal es de sobra conocida y repudiada aquí.




Cuba y las aguas desbordadas

Manuel Juan Somoza La Habana | Maqueta Sergio Berrocal Jr. | foto tomada de Facebook

 

El huracán no deja de lanzar su rabia contra Cuba por el insolente derecho a emerger en el mismo centro de su camino habitual por el Caribe y lo hace con furia desde 2019, no desde ayer o desde una semana antes como suelen hacer los ciclones en sus andanzas, porque el vendaval que se ceba ahora con la isla ha surgido de una mescolanza de viejos ingredientes cocidos a fuego lento para terminar dando cuerpo a otra crisis sin final feliz al alcance de la vista.

Había leído que las crisis, además de retorcer la vida de los mortales simples, dejan al descubierto las fortalezas y debilidades de los hombres y las sociedades blancos de su furia, y cada día , de los pocos que  salía a las calles, lo perseguía el crujido de las 100 mil costuras con las que se había mantenido a flote su país. No era el primer huracán que lo estremecía, pertenecía una generación que aprendió a vivir entre ellos casi desde que todo comenzó en enero de 1959, pero el de ahora era un huracán sin nombre –al anterior lo bautizaron con el eufemismo de PERIODO ESPECIAL– ; el nuevo remolino andaba suelto sin alias, motes  ni  apellidos  y era a su entender más peligroso que aquel con el que su isla despidió el Siglo XX.

Economistas, sociólogos, zapateros, sembradores de caña y hasta artistas emblemáticos como Silvio Rodríguez llevaban décadas advirtiendo que el socialismo a la cubana arrastraba problemas estructurales; que la guerra económica del Norte era una elemento clave a tomar en cuenta en cualquier ecuación, no solo para denunciarla o justificar con ella insuficiencias propias, sino para buscar desarrollo autóctono sin desconocer que el gigante nunca perdonaría a David por entrometerse en su camino; que era un monumental error el tamaño desmedido del estado, generador insaciable de burocracia y apatía ; que resultaba fatal la  ausencia de participación ciudadana real, no teatral,  en la ejecución de proyectos decisivos; que cada parche que se le ponía a la estructura social del país le arrancaba un pedacito a la esencia de esa revolución verdadera que conmovió al mundo en el 59.

El huracán había irrumpido sin pedir permiso y  los parches y otros males acumulados se hicieron evidentes y comenzaron a explotar. El gobierno cerró a la Habana, salvo excepciones justificadas, para contener la Covid y los ejecutores del cierre prohibieron hasta la entrada de alimentos, no lo consideraron excepción justificada. Los científicos se consagraron en la creación de  cinco vacunas  contra la epidemia y al mismo tiempo devino reto a la salud y a la paciencia encontrar antibióticos o aspirinas en el mercado, era como si estuviera prohibido enfermarse de otra cosa. Los que mandan se reunían cada día,  cada segundo para impulsar las medidas de emergencia que consideraban pertinentes y los responsables de aplicarlas, la inconmovible burocracia, enredaba cada decisión. Y mientras reventaban los parches , afloraban los absurdos. Una amiga encontró  en una óptica esos artilugios médicos para descongestionar las tripas por vía anal  y al preguntar a la tendera qué hacía ese artefacto allí y no en una farmacia, la respuesta fue igualmente original: “Porque parece que quieren que aprendamos a mirar por el culo”. Un día se anunció oficialmente que los cigarrillos volverán a ser vendidos por libreta de racionamiento y menos de 24 horas después se informó también oficialmente que se reducirá la cuota de pitillos por persona a falta de materia prima, mientras los cigarrillos en venta libre se comercializan en dólares estadounidenses, divisa que a partir del 21 de junio la banca estatal  dejará de recibir en efectivo, luego de que en 2019 el gobierno abriera un mercado nacional en monedas libremente convertible con el usd como referente, billete verde que paradójicamente después del 21 de junio seguirá reinando como referente de las cuentas bancarias, porque según lo dicho hasta ahora, si alguien envía euros a esas cuentas, automáticamente el banco la cotiza en usd. Ah,  en Cuba el salario y las pensiones son en pesos nacionales.

Hay crisis y locura generalizada. Desasosiego que tiene a la ofensiva a los contrarios al rumbo socialista, que lleva a unos a atrincherarse como en la preparación del  último combate por lo que creen desde el 59, que induce a otros a pensar en la migración a cualquier costo como única salida, mientras cuentan además quienes no comprenden todavía el alcance del  huracán ni saben hasta donde llegarán las aguas.

 




Cuba y la locura repartida

Manuel Juan Somoza | La Habana

De aquella familia numerosa concebida y crecida en la Habana Vieja de un par de emigrantes españoles, en Cuba solo quedaba él. El triunfo de la revolución en el 59 y la proclamación después del socialismo como rumbo había roto paradigmas y costumbres consolidadas en la primera república (1902-1959) y nadie podía imaginar por aquellos días el desafío que implicaba organizar la sociedad de otra manera a fin de alcanzar el mayor bienestar posible sin que contaran capitales, herencias o apellidos. “Estás totalmente loco”, le espetó una vez más su viejo cuando despidió a los suyos en un viaje sin regreso Habana-Madrid-Nueva York y desde entonces la locura de apostar la vida a una sociedad que suponía sería más plena se convirtió en brújula de cada uno de sus pasos.

Pensaba que en sesenta y tantos años lo había visto casi todo. Un maestro ahorcado por comunista, cuando ni él ni otros miles de muchachos como él sabían de comunismo al irse a alfabetizar a las montañas y a las ciénagas. La rebelión de los acaudalados terratenientes cuando se repartieron sus tierras entre los menesterosos. El drama de las familias divididas por la osadía de soñar con otra manera de organizar las cosas. El enfurecimiento que llega hasta hoy del mandamás del Norte por perder su hegemonía, forjada desde antes de la primera república. La amenaza de bombardeo nuclear que puso al planeta en ascuas y a su isla una vez más sobre las armas. Las cien mil acciones diferentes contra un país que insistía en el derecho a ser distinto. Los cien mil errores en el intento de edificar una sociedad nueva sin saber cómo. La escasez repartida entre muchos y las muchas promesas sin cumplir. Creía que lo había visto casi todo y, no obstante, a esta altura de mayo de 2021 acariciaba la casi certeza de que era muchísimo más lo que la faltaba por ver.

En seis décadas, los contrarios al rumbo del 59 o los que se descorazonaron lo habían repetido de manera diferente, aunque con la misma esencia de la frase con la que se despidió su padre: “El socialismo es una locura inalcanzable”. Y sin embargo, en todo el tiempo transcurrido él no había encontrado respuesta certera a la misma interrogante: ¿Por qué entonces tantísimos años jodiendo a este país desde el Norte?  “Si esto no sirve ni pa`un carajo, “¿por qué los yanquis llevan 60 años cazando cada transacción financiera, multando a los bancos que negocian con Cuba o persiguiendo a cada potencial inversionista extranjero? ¿No sería más barato y hasta práctico suspender todo eso y dejar que la locura muriera inevitablemente por su propio peso?

Se hacía la misma pregunta porque no lo convencía la respuesta de que “el régimen usa el bloqueo para justificar el desastre económico que ha hecho del país”. Y no le convencía esa respuesta repetida en medio de otra crisis pavorosa porque aún con el agua del bloqueo casi llegando a la nariz, entre colas, desencantos, un paso pa`lante y dos pa`trás desde el gobierno,  y llamados constantes a la sublevación interna al estilo de lo que estaba pasando en ese preciso momento en Colombia, el corazón de Cuba seguía latiendo y no solo mantenía el rumbo, sino que se sacaba de sus entrañas cinco antídotos contra la covid; buscaba enmendar errores de larguísima data para que la gente comiera del esfuerzo propio la mayor parte de lo que antes se importaba; priorizaba el poco dinero con que contaba en inversiones estratégicas a fin de tratar, por ejemplo, de adelantarse a la ausencia de agua potable que ya es una amenaza real para el planeta.

Le faltaba muchísimo por ver cuando una nueva generación había asumido el mando, cuando le era imposible conocer si la mayoría de sus compatriotas pensaba como él, cuando la combinación macabra de bloqueo estadounidense, crisis económica y pandemia atontaba a muchos. Y entonces, sin olvidar aquella mañana gris en la que despidió a sus padres, ni la historia de la que provenía, volvió a optar por la locura.

 

 




Cuba está pariendo

Manuel Juan Somoza | La Habana

No era la primera vez que sufría una crisis económica en Cuba o que por oficio se veía involucrado en reportar alguna guerra, y sin embargo sentía que lo que estaba ocurriendo en su país ahora iba mucho más allá de lo vivido en medio siglo de ejercicio profesional. Sí, porque la trascendencia del día a día sobrepasaba la falta de alimentos y medicinas, dejaba pequeñitos los estragos de un año de epidemia todavía sin control, convertía en rutina macabra las muchas sanciones económicas del Norte. El resultado de esa combinación de realidades se expresaba en una desidia social desoladora; en un divorcio que se acrecentaba entre la cotidianidad y lo que suponían los decisores; en el surgimiento de nuevas formas de decir sentimientos y rencores; en la exposición a plena luz de los mil remiendos con los que durante décadas se trató de atenuar una realidad social que nunca alcanzó la bonanza.

Huelgas de hambre como forma de lucha ha habido en el país desde mucho antes de que él naciera y también de alguna de ellas –falsas por cierto- tuvo que dar cuenta en su andar reporteril. Pero el alcance del actual drama nacional para él iba mucho más allá del nuevo huelguista, del manido trucaje de asesoramiento y financiamiento norteño, de si son mercenarios o no el ayunante Otero Alcántara y quienes lo aplauden aquí o desde allá. Lo estremecedor es que Cuba ha dejado de ser aquella que en los años 60 y 70 desafió a Goliat y lo venció; que en los 80 creyó llegada la hora de ajustar el rumbo mediante el proceso de “Rectificación de errores y tendencias negativas”, especie de parlamento nacional realizado calle por calle, plaza a plaza que quedó apenas en un desahogo colectivo, porque después llegó la pavorosa crisis de los 90 y la muchachada de entonces devino pragmática y desconfiada de las promesas, hasta que el siglo en curso irrumpió con el acceso masivo a internet –la verdad dejó de ser lo que aseguraba Granma- ; marcó la jubilación de quienes definieron el rumbo en el 59 ungidos por leyendas bravas; comenzó el acceso al poder de una nueva generación de líderes,  la agresión del Norte fue redoblada; y reventó otra crisis, esta vez ética, económica, política, social y sanitaria.

Las señales de cambio van desde las edades y procedencias de los nuevos opositores a eso que llamamos socialismo cubano –las tácticas no han variado-, hasta el posicionamiento crítico ante la pretendida unidad sin aceptar las diferencias de gentes tercas que siguen –seguimos- apostando por el rumbo del 59, pero que se dan cuenta, por suerte, de que han pasado sesenta y tantos años y varias generaciones desde ese enero inolvidable. De ahí, por tanto, un criterio entre muchos del profesor universitario Abel Tablada, reproducido por el Blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez el 2 de mayo pasado bajo el título “El primero de mayo y las reivindicaciones”.

“Cuando esos mecanismos (de diálogo) para encausar problemas, aspiraciones y reivindicaciones no existen, o son ineficaces o ficticios, cuando el poder traza líneas rojas que dejan un margen muy estrecho de acción, cuando las supuestas reuniones, encuentros, eventos y debates entre el gobierno, sus instituciones y la ciudadanía son cuidadosamente diseñados para que el guion no tenga sorpresas incómodas, entonces se alimenta el camino para la ilegalidad, el mercenarismo, la intervención extranjera en asuntos internos y sobre todo para una división profunda de la sociedad”, razonó Tablada en un comentario tan lúcido como muchas de las entradas que generó, incluidas las de Silvio Rodríguez.

Hace 25 años, la existencia de Internet en Cuba era reducida y opiniones como esta por lo general no trascendían los intercambios entre amigos o familias. Pero los tiempos han cambiado, las promesa sin cumplir erosionan, las señales se multiplican y el país se estremece como nunca antes.

 




Cuba y un contador de 54 años

Manuel Juan Somoza | La Habana

Tiene 54 años, es Licenciado en Contabilidad, pasó por todas las fases duras de su generación, desde la beca lejos de su casa hasta el servicio militar en El Cacho; sus cuatro hermanos y hasta uno de sus dos hijos optaron por vivir fuera de la isla; ha sido siempre un crítico incisivo de la realidad cubana, quizá por haber vivido entre los vericuetos de una cotidianidad compleja en la que van de la mano el robo y la simulación, e igualmente el sueño compartido de que mañana todo tendrá que ser mejor. Ha sido y es así este cubano con criterio propio, esperanzado hoy porque una nueva generación –muchos de su edad- haya tomado el mando de la Nación en el 8vo congreso del Partido Comunista.

 “Me cuadra” el nuevo Buró Político de 14 miembros que encabeza, sin segundo al mando designado oficialmente, Miguel Díaz-Canel, me comentó en una extensa y reciente conversación, en la que para asombro de ambos no terminamos discutiendo. Y para mí, que por oficio calibro cada día el acontecer, desconfiando también por oficio de lo que me dicen oficialmente hasta que lo confirme la práctica; conocedor de casi todos los pronunciamientos de los contrarios de aquí y de allá, opuestos eternos a la continuidad de esa búsqueda de un tipo de sociedad en la que no mande el dinero que suele llamarse Socialismo; para mí, que en 75 años he pasado las buenas, las regulares y las malas a partir de una niñez segura, de una juventud arrebatada por la revolución y de una vejez con muchas cicatrices,  escuchar sus valoraciones del congreso fue importante porque este cubano de 54 años me ratificó que en la presente hora compleja del país –una más- hay muchísima gente que no se pierde en augurios fatalistas y promesas divinas, y sabe qué hacer en momentos de definiciones , aunque encabrone las colas para adquirir cualquier cosa necesaria, aunque aturdan tantos meses de epidemia y muertes, aunque se sepa que el futuro inmediato seguirá siendo una desafío al camino trillado por el capital casi en todas partes, sistema ese que sí no admite cambio alguno.

Me disculpa usted que lee desde lejos y tiene conformado su criterio desde sus vivencias, que seguramente serán otras, pero es que resulta tan tremendo el reto de esta hora y es tan digno mantener el rumbo en medio del vendaval, que uno siente la necesidad de contar estas historias, que no son fruto de imaginación ni propaganda. Nadie puede saber lo que ocurrirá mañana o pasado en mi país, que tampoco es plaza uniformada de criterios y posiciones políticas, hay de todo como en botica; y hay también a mi entender disposición mayoritaria a continuar siendo excepción por el bien común en este conteniente americano, donde la Covid concentra el mayor número de muertos del planeta, donde la miseria se multiplica bajo bendición neoliberal, donde sigue radicando el mayor Impero contemporáneo, y donde se mantiene todavía la esperanza de otro mundo.