Cuba, gustos y crisis
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Manuel Juan Somoza

La Habana

Desde hace siglos se ganó el gusto de los cubanos a pesar de que “hay que tratarlo como a un turista, porque tiene que vivir bajo buen techo, hay que bañarlo todos los días y llevarle la comida a la cama”, me comentó un amigo ingeniero, de esos que son originales y acuciosos. Les hablo del puerco o del cochino, como le dicen en la isla al cerdo, el “Mamífero Nacional”, como fue homenajeado por un dúo popular. Me refiero al invitado infaltable en cualquier festividad de este país, donde el entrañable animalito se ha convertido en referente de lo jodida que están las cosas, cuando el 2021, por suerte, se nos va entre las manos y llegan tiempos de celebración.

A expertos en economía, como el doctor Juan Trina Cordoví, se les hace difícil responder a una pregunta simple que va de boca en boca en la isla.  ¿Qué es más difícil, producir vacunas o producir puercos ?. Y comenta Triana, “sin dudas, esa es la gran paradoja de nuestra realidad. Y cuesta mucho explicarla. Se hace mucho más fácil explicar la capacidad de nuestro sistema productivo para obtener un producto tan sofisticado como una vacuna (cinco en el caso de la covid-19), que explicar su incapacidad para producir cerdos, o azúcar, o pollos de ceba, o boniatos, o maíz”.

La producción de cerdo en las predominantes empresas estatales está hundida por la falta de dinero para importar alimento animal “a causa del bloqueo estadounidense”, dice el gobierno como primerísima causa del desastre (nunca se valora con la misma fuerza la ineficiencia crónica de la producción nacional) , por lo que el sector privado es dueño y señor de esa carne, en cantidades insuficientes para satisfacer la voracidad del mercado -tampoco cuenta con alimentos de importación-, pero en volúmenes suficientes a fin de sortear el vendaval mediante la especulación.

En octubre la libra de carne de puerco llegó a 100 pesos, en noviembre a 170 y diciembre arrancó a 200 pesos. El salario mínimo teórico en el predominante sector estatal es de 2,100 pesos, el máximo 9,510, según estableció en enero la llamada “Tarea ordenamiento” puesta en práctica, dijeron los que mandan, para mejorar la economía. No obstante, el crecimiento de los precios en bienes y servicios es de tres y cuatro dígitos, lo que ha deprimido el valor real de los ingresos personales y podría convertir al cerdo en el gran ausente de las festividades cubanas de fin de año.

Como sustituto quedaría la carne de pollo, que Cuba importa en mayoría de Estados Unidos gracias a una excepción al bloqueo abierta desde hace décadas para beneficiar a los productores norteños; compras que no admiten créditos, hay que pagarlas al contado incluso antes de recibirlas en puerto, aunque aun así parecería más barato adquirirla allá que en otros lares. De ahí que en la última rendición de cuentas del representante del gobierno local a sus electores en una barriada del reparto Kohly, dada la trágica realidad del cerdo, Andresito, un vecino de esa localidad, propusiera lo siguiente: “¡ Que el estado se ponga a producir pollos con eficiencia porque si al presidente Biden se le ocurre implantar la sanción 241 estaremos fritos”. Andresito hizo referencia así a las 240 sanciones adicionales al bloqueo adoptadas por Donald Trump, que Joe Biden mantiene y que pondría en remojo también al pollo si se le ocurriera adicionar una más.