Cuba insiste en ir contra corriente
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Manuel Juan Somoza | La Habana

Optar en Cuba por eso que filósofos, sociólogos y políticos denominan Socialismo y que cada país interpreta a su manera, ha sido nadar contra corriente durante 62 años. Y así de simple podría ser entendido un asunto tan complejo como el que se registra hoy en esta isla hundida en otra crisis, con la particularidad de que junto con los actores internos, autóctonos o como usted quiera llamarlos -partidarios de esa formación social, desencantados, indiferentes y contrarios- hay otro jugador externo de tanta fuerza que es capaz de hasta condicionar las posiciones de entidades como la Unión Europea.

Sí, no es un secreto, hablo de Estados Unidos y sus sucesivas administraciones demócratas o republicanas desde los tiempos finales de Eisenhower (1953-1961). Solo así se puede entender, o al menos es como lo entiendo yo, que mucho antes de realizarse la denominada “marcha cívica por el cambio” en este país, se desplegara en el planeta una campaña publicitaria descomunal, creando la sensación de que el 15 de noviembre pasado el socialismo en Cuba reventaría por todos sus costados.  Hasta un eurodiputado de VOX se dispuso a viajar al país para presenciar, según dijo, “la caída del muro comunista del Caribe”.

No le voy a hacer historias sobre lo vivido por quienes aquí hemos seguido e informado antes, durante y después del 15N, porque hace mucho tiempo me educaron en que los periodistas no somos noticia. No obstante, sí apuntaré un detalle: las contradicciones de este país siempre han alcanzado y alcanzarán, por obra del citado factor externo, la dimensión internacional que nunca han tenido, por ejemplo, el drama de Chile, con un presidente acusado de corrupción, o de Brasil, donde la “justicia” llevó  a la rejas a Lula, quien resulta que ahora podría volver a la presidencia del gigante suramericano con holgura de apoyo popular, o de Colombia, donde matan todos los días a cualquier activista contrario a los establecido, e incluso ni de Honduras -país que no nada contra corriente-, de donde huyen cada 24 horas miles de personas en busca del “sueño americano”, aunque Trump les cerrara las puertas y Biden todavía no sepa qué hacer con la indetenible avalancha de migrantes.

Sí, se sobrealza todo lo que ocurre en esta isla diminuta, complejizando todavía más el acontecer nacional. Parecería que cada líder político de este mundo en jaque por una pandemia que ha vuelto a renacer, tiene las soluciones para Cuba; que cada pensador de izquierda o de derecha sabe cómo arreglar los problemas de este país, aunque nunca acierten donde viven. Y así las cosas, nadar contra corriente pudiera ser un acto de suicidio o de locura, vaya usted a saber, aunque en 2019 el 86,8 por ciento de los cubanos que ejercieron el voto -90,15% de los posible votantes- ratificara en la nueva Constitución de la Republica que eso que llaman Socialismo es una aspiración “irrevocable” en la isla, por mucho que todo sepamos que nada es irrevocable. Si a los cubanos les permitieran ocuparse de sus múltiples problemas internos sin tanta injerencia, quizá, digo yo,  podrían seguir contra corriente 62 años más.