Destino, salida y llegada
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Hay gente que se cría con el complejo de culpabilidad gravado en el alma o donde quiera que esté la razón de la sinrazón. El complejo de culpa algunos lo llevan bordado en un hombro, como las cortesanas de Salem o la encantadora Lady de Winter de Los tres mosqueteros. Hay quienes al poco de nacer comprenden que llevan grabada la culpa en la frente. Y saben ya, intuyen mejor, que sus vidas van a ser una lucha continua y sin cuartel ese estigma. Todo es cuestión de herencia. Hay enfermedades hereditarias y hay culpas que se transmiten porque las vivencias no te dejan tomar otro camino, y menos aún renunciar a asumirlas. Nacemos con el destino debajo el brazo y todo eso que las religiones cuentan del libre albedrio, al menos la católica, son mentiras muy poco piadosas. Hay quienes están “marcados para morrer “y otros para vivir en el paraíso terrenal. Hay ricos y hay pobres. Todo genético. Un pobre será pobre toda su vida porque no le dejan, ¿quién?, otro camino. Un rico, por tonto que sea, seguirá su camino en paralelo en la riqueza y la quietud.

Nadie elige su destino. Todos al nacer tenemos un billete de ida con los itinerarios, los horarios, las escalas perfectamente señaladas. Nada se improvisa en la vida. Vivimos lo que nos han mandado vivir y nada más. El futbolista ese super famoso, supermillonario, que se compra un Ferrari especial por dos millones de euros, empezó probablemente en la vida como aprendiz de albañil, o descalzo dando patadas a una pelota de trapo en un descampado de África, de América Latina o más allá.

Pero ese era el comienzo de su destino. Luego tenía fijadas las etapas del éxito social, afianzado por una especial habilidad con los pies que le convierten en el mejor delantero centro del mundo. Y desde el helado a diez céntimos salta al automóvil que representa casi el PIB del país de donde viene.

Tiremos por donde tiremos, cada uno de nosotros tiene un camino que recorrer. Pasito a pasito va siguiendo casillas, como en un juego de sociedad, pero si está señalado para llegar a la meta sin problemas así será. Ni los chinos con sus asquerosos bichos podrán con él.

Pero, si por el contrario, el término es el infierno, se freirá y ya he acabado de contar.