La Nefasta Escalera al infierno
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Sergio Berrocal Jr

Era una de esas tardes solitarias a las afueras del distrito parisino cuando con apenas diez y seis años volvía de presentarme en aquello que hoy llaman bachillerato. Aquella tarde oscura y lluviosa sonó el teléfono de casa del otro lado del inalámbrico alguien exclamo: “Pepe ha muerto, le dio un infarto de la nada, no sabemos ¿qué sucedió? Se había levantado para lavarse, parecía recuperado de la intervención. Esto es tremendo… no tengo palabras”. Fue de aquella forma que supe que en alguna habitación del hospital Carlos Haya de Málaga moría mi abuelo Pepe el camarero hace hoy treinta años atrás.

No obstante, en el aquel mes funesto de octubre de mil novecientos noventa algunos días más tarde una enfermedad llamada VIH (Sida)también se llevaba a mi tío Javier Celigüeta un periodista donostiarra de toda la vida, un periodista con garra y mucho talento, era el encargado de cubrir para la Agencia France Presse el festival del cine de San Sebastián, sin embargo, aquella puta enfermedad descubierta en los años ochenta llamada SIDA se llevó a aquel reportero que en secreto ostentaba el título de chef gastronómico.

Pues en aquellos años reinaba a pocos metros de la Castellana un restaurante en el cual este se deleitaba detrás de los fogones mientras cocinaba para lo que él llamaba “la élite madrileña”. Mientras que en pequeño comité y a puerta cerrada relataba cómo había comenzado a trabajar en esto del mundo del periodismo de manos de Iñaki Gabilondo muchos años antes de llegar a la sede de France Presse situada por entonces en el séptimo piso del número diez y seis del Paseo de Recoletos. Años después de su muerte, el entonces director de cine Jonathan Demme estrenaba una película que nunca pude ver y la cual me sigo negando a ver titulada simplemente “Philadelphia” curiosamente estrenada en 1993. En aquellos años el actor norteamericano Neil Patrick Harris interpretaba el pequeño “Doctor Doogie en un médico precoz” era una serie que se caracterizaba por tratarse de un niño súper dotado que al final de cada episodio escribía sus reflexiones sobre lo acontecido en un pequeño computador ochentero.

Mientras que, en algún punto de Cataluña, el periodista de France Presse Marcelo Aparicio quien había estado en la isla de la cartuja para cubrir la Expo’92 se regalaba junto a Xavier Domingo degustando fina gastronomía la prensa nacional titulaba: “Concha García Campoy echa al periodista del Mundo Xavier Domingo, de su tertulia después de un artículo contra el Conde de Godó”.

El artículo que si bien Xavier Domingo había titulado ¿El fin de una Saga? fue por aquel entonces el centro de una discordia casi muy bien milimetrada. No obstante, aquel periodista que años antes en los despachos de France Presse en Place de la Bourse de Paris encabezo con bastante osadía “una depêche” de mil palabras con el título de “Isabel pario” era un polifacético de la prosa sin pelos en la lengua.

En aquellos años la France Presse tenía entre sus filas lo que se denominaría periodistas de alto vuelos y locos con filosofía anarquista revolucionaria. Uno de ellos era un periodista que no escondía su homosexualidad. Ese era Raúl Escari nacido en Buenos Aires fue el último mohicano del coito contra natura, recuerdo que muchas veces andaba tecleando como loco siempre un cigarrillo a la boca y extremadamente estresado por absolutamente todo, con una mano en el teclado y la oreja en el teléfono Raúl solía organizar su agenda personal desde el propio servicio latino americano de France Presse.

Podíamos creer que era un bohemio intransigente que con el tiempo termino siendo un icono gay de argentina, Sin embargo, Escari se apagó en su querida Argentina un diez de enero de dos mil diez y seis. Años más tarde prácticamente al final de los años noventa me traslade a un Brasil capitaneado entonces por Fernando Henrique Cardoso. En aquellos días se decía que aquel país era un hervidero de delincuentes y numerosos otros peligros y sin embargo fue todo lo contrario. En aquellos años entré en una de las mayores universidades que existe en la mal nombrada américa. Aquella majestuosa universidad llamada UnB (Universidad de Brasilia) era el lugar idóneo donde se podía encontrar “la creme de la creme” de los intelectuales brasileños.

Allí se entremezclaba culturas, desde puertorriqueños pasado por africanos, colombianos, peruanos americanos de origen latina que cursaban la carrera en el extranjero lejos del núcleo familiar. Eran tiempos felices donde la única preocupación era saber que chiquita nos íbamos a ligar. En aquel entonces mi vida estaba a caballo entre mi función de corresponsal y la de estudiante de la facultad de periodismo. Lo que me permitía moverme con total libertad entre la sociedad brasileña.

Mi introducción dentro de la sociedad brasileña fue culpa de una chiquita mulata de sobradinho que estudiaba conmigo y que literalmente me enseño hablar un portugués correcto. Hoy aquella chiquita que capitaneaba todas las manifestaciones sociales, es profesora en ciencias políticas, bibliotecaria y pedagoga.

Fue una de las últimas personas a ser invitada a asistir a una de las tantas conferencias del arquitecto y fundador de la ciudad de Brasilia Oscar Niemeyer quien falleció en 2012. No obstante, las personas que terminaron de introducirme en lo que hoy se llama “periodismo social” fueron Sergio Paulo Amaral y el antiguo fotógrafo de la agencia Senado José Varella fallecido igualmente en 2012. Fue ahí donde todo empezó.

Con el tiempo comencé a frecuentar la farándula política y televisiva, No era raro quedar para comer con uno u con otro. Era algo totalmente normal. En aquellos años conocí muchos actores y actrices que hoy se establecieron en Estados Unidos. Una de esas actrices fue Tais Araujo protagonista de la novela Xica da Silva, por aquel entonces tenía diez y siete años y se decía que era la protegida del cineasta Walter Avancini.

No recuerdo  bien cómo conocí a Saulo Fernandes , para mi uno de los mejores cantantes bahianos que tuvo el lujo de capitanear  Banda Eva durante algo más de trece años, Aunque si creo recordar que fue durante una ceremonia  en la embajada  de Cabo Verde cuando nos presentaron por primera vez, pero lo que si se es que aún seguimos en contacto veinte años después de aquello. Hace algún tiempo me pregunto: “¿Tonito que haces todavía en España?, ¿Qué carajo se te perdió ahí?, ese no es tu lugar Man, vente aquí que en Bahía hay mucho que hacer, bien sabes que aquí tiene donde trabajar cuando tú quieras hasta cansarte tu perteneces a esta tierra y lo peor es que lo sabes hermano.” Una reflexión que hace años el antiguo director de France Presse en Madrid Bertrand C. Bellaigue ya fallecido me hizo en varias ocasiones.

Es cierto que aquel país me hizo conocer gente que hoy en día están vinculado con el antiguo gobierno Bush como es el caso de una amiga caboverdiana afincada en Nova York que anduvo trabajando para servicio de emigración de Estados Unidos. Otros hoy son artistas famosos que están en la cresta de la ola que ya están demasiado ocupados para atender llamadas y necesitan recaderos para llevar sus propios asuntos. Mientras muchos me quieren ver caído, yo respondo que tengo por costumbre no hacerle caso a los enanos mentales que me calumnian y difama porque sé que los resentidos y frustrados no pueden ser justos.