La extraña película
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal | España

No sé si es el hecho de que una pierna de mi propiedad me da la lata en nombre de no sé qué afección de viejos o si realmente estoy convencido de la mediocridad agresiva de la película de la que hablan como si se tratase de algo nunca visto. Yo tenía el numero 052 del Syndicat Français de la Critique de Cinéma y he tenido el culo sentado muchas horas de mi vida en salas para ver películas. A veces he huido con otros críticos horrorizados y muy de tarde en tarde he asistido a espectáculos en la pantalla blanca que me han hecho casi llorar de rabia porque no se me hubiese ocurrido escribir semejante guión a mí.

Un canal de televisión que debe de ser multimillonario, Netflix, lleva una temporada queriendo ser una productora de cine, con la diferencia de que sus películas son para sus pantallas por las que la gente paga.Vi una mexicana que poco menos que iban a inventar un Nobel cinematográfico para premiarla y ya empecé a tener miedo de tanto talento. Ahora llevan una temporada dándonos la lata con una especie de documental en excelente blanco y negro, es lo único que tiene de realmente bueno y la interpretación, en el que nos cuentan cómo se escribió esa obra genial de Orson Welles Ciudadano Kane, en una producción dirigida por David Fincher.Pero, oigan, señores productores, ¿a quién puede interesarle salvo a unas cuantas personas directamente implicadas, eruditos, cómo se gestó una película que ya ha pasado a la historia? Lo más terrible es que habrá algún cretino de los que se dicen amantes de cine que verá este documental, porque no es otra cosa, y tampoco, porque no documenta, sino que inventa lo que pudo ser y nadie sabe que fue, y saldrá de la salita de su casa pegando saltos de alegría.

Damas y caballeros, desde que los hermanos franceses Lumière inventaron el cine, poco hay que decir. Ya está todo dicho. Y ya creo que se han rodado todas las grandes películas que podían ser rodadas. Siempre es posible añadir otra versión de “Fu Manchú”, ahora que tenemos a su compadre coronavirus por nuestras campiñas pero poco más. Herman J. Mankiewick escribió el magnífico guión sobre la película de Orson Welles, relato de la vida del hombre que inventó y prostituyó la gran prensa, la de las tres ediciones y la de millones ejemplares con titulares sensacionalista, propios para un público norteamericano que entonces era medio analfabeto y se interesaba más por un suicidio que por las cotizaciones de la bolsa aunque tuviera acciones. Pero ya está. Entonces te tiras casi dos horas viendo a Mankiewick cogitar en una cama con una botella de güisqui a mano. Se habla, se habla, se habla, cuando el cine es imagen, imagen, imagen, y al final te enteras más o menos de cómo se hizo la película de Orson Welles. O como dice el guionista de esa cosa de cómo fue el rodaje, Pero no tiene el menor interés, aparte si a usted le entusiasma el cine en blanco y negro y ahí han conseguido algo fuera de serie. Lo malo y lo peor es que estoy casi seguro de que como está inscrita en esa universidad del cine que es la compañía Netflix la verá mucha gente que se levantará de su sofá cabizbajo y meditabundo porque a la mayoría les obligarán a ver antes o después Ciudadano Ken que no habrán visto. Aunque la cara dura es suficiente para pasarse por alto este requisito.Miren, el cine es una cosa muy seria para que esté siempre en manos de negociantes que no buscan más que ganar mucho dinero, como el héroe de Orson Welles que convertía la sangre de un atraco o el suicidio de un banquero en un titular a toda plana y los centavos entraban en sus cajas hasta hacerle millonario.

Miren, si este es el cine del futuro, el que pronostica el coronavirus que no deja a la gente ir a una sala de cine y le obliga a meterse en estas cadenas tele-cinematográficas, quememos los estudios de cine.Y renunciemos al cine porque ya está todo filmado. A menos que Netflix tenga entre sus proyectos un remake de “Casablanca” o del centenar de obras que han quedado para siempre en nuestras mentes por olvidadizas que sean.“Cuando ruge la marabunta”, “Pánico en la ciudad”, “Días de Radio” y otras cuantas podrían inspirar a los asalariados de esa cadena. Lo malo es que encontrar un doble de Woody Allen, o de Richard Widmark o de Eleanor Parker no es fácil.Y, digo yo, ¿no sería mejor encontrar escritores con talento suficiente para inventar historias o simplemente para adaptar sus novelas?