Cuba inicia nueva fase económica

 

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

El gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel acaba de poner en marcha un plan de acciones económicas en 16 áreas para sobrepasar la crisis en curso, que según las primeras reacciones de especialistas “es lo más audaz” registrado en los marcos del socialismo cubano en la última década. “No podemos seguir haciendo lo mismo en el ámbito de la economía, porque de esa manera no se obtienen los resultados que necesitamos”, proclamó el gobernante en una reunión extraordinaria del gobierno el 16 de julio pasado y pocas horas después las nuevas directrices fueron explicadas mediante la tv nacional por el vice primer ministro Alejandro Gil. Al parecer, se trataría en esencia de apartar las justificaciones por los efectos inevitables de la guerra económica de Estados Unidos, de la ineficiencia crónica de la economía nacional, a partir de romper el super control administrativo sobre empresas estatales, privadas y cooperativas, práctica defendida a capa y espada por sectores que temen perder el poder político ejercido centralmente desde hace más de medio siglo. No por formalismo, la nueva estrategia fue discutida y avalada por el Partido Comunista, bajo la dirección de Raúl Castro, antes de la reunión del gobierno. Por el apego desmedido al control, lo mismo sobre el quehacer de un barbero que en el desempeño de una termoeléctrica, la economía cubana ha estado atenazada de un lado por el bloqueo incrementado de EU, que implica hasta la caza de cualquier ingreso en divisa fuerte del país por pequeño que sea, y del otro por las ineficiencias del modelo actual, que si bien admitía en teoría la autonomía de las empresas estatales, privadas y cooperativas, las mantenía ahogadas en la práctica por los más diversos mecanismos de control.

ALGUNAS NOVEDADES

De lo que se trata a partir de ahora, según Alejandro Gil, titular también de Economía, es potenciar la producción nacional mediante la acción paralela o conjunta de todos los tipos de empresas. Reforzar la autonomía de ellas y diseñar micro, pequeñas y medianas empresa que podrán ser estatal, privada e incluso mixtas. “Además -anunció-  se crearán condiciones para que lo sectores privado y cooperativo puedan exportar e importar”, gestión que desde hace medio siglo ha estado en manos del Estado, y se incentivará la inversión extranjera directa con vista a la producción alimentos, incluidas la carne de pollo (casi toda se importa) y de cerdo, que falta en el mercado interno desde hace meses, entre otras razones, por la ausencia de divisas para importar insumos. En este nuevo contexto, no se renuncia a la planificación centralizada, pero sí a la distribución administrativa de recursos, al tiempo que se destierra la regulación de mercado mediante métodos políticos –muy comunes en el día a día-  y se reconoce “el papel dinamizador de la demanda interna”. Además, se eliminará a partir del 20 de julio el gravamen del 10 por cierto que rige sobre cada dólar estadounidense y ese mismo día se pondrán en operaciones comercios para la venta mediante tarjetas magnéticas en usd de alimentos, productos de aseo y de ferretería de mediana y alto estándar con vista a recaudar moneda fuerte e invertir parte de ella en la industria nacional. En paralelo, se mantendrán y reforzarán en julio y agosto las ventas subvencionadas en pesos nacionales de una canasta básica mensual y la comercialización tradicional de productos y servicios de gama económica en pesos cubanos convertibles, que valen 25 veces más que el peso nacional. En espera de la anunciada unificación monetaria siguen rigiendo aquí el peso nacional, el peso convertible y el dólar, única divisa fuerte de las tres

Esta por ver el resultado práctico de todo esto, la ansiedad y el descontento suman, pero de momento los anuncios han disparado el optimismo en muchos, aunque otros solo dejarían de ser escépticos si llegan tocar los resultados con sus manos.