Aprendizaje aéreo a lo bestia , Crónicas de un Aeropuerto
image_pdfimage_print

 

(Nuestro “aviador” César González, que ha pasado media vida entre aviones e historias de aviones, empieza a revelar algunas cosillas)

Erase una vez en un lugar de la Mancha….Erase una vez en un aeropuerto…. Su aprendizaje fue duro, los colegas no veían con buenos ojos su llegada, categoría superior y ganando por lo tanto más. Los ataques, siempre por detrás, eran numerosos. Gracias a su experiencia de frecuentar cabrones de todas pintas, capeaba el temporal, amainando vela y esperando días mejores. Por el momento le llamaremos “él”, un mandao…La cantidad de veces, que con la bicicleta de servicio llevaba los paquetes de periódicos que se ponían en los aviones para los pasajeros… Si no han intentado nunca pedalear sobre una bicicleta antigua con dos paquetazos de periódicos en el trasportín, más uno debajo de un brazo, sobre pistas mojadas o heladas, merece la pena intentarlo por lo menos una vez en la vida, épico… Primeras misiones después de haber superado con éxito los exámenes para tener el famoso sésamo,” Carga y Centrado”, que le habilitaba a efectuar la distribución de la carga y pasajeros para poder presentar el plan de vuelo a los cuatro barras (los superiores). La primera noche efectuó el trabajo en doble con un colega más antiguo que él. Al llegar al despacho hacia medianoche, los aviones cargueros operaban de noche, haciendo al mismo tiempo vuelos de formación de pilotos, abrió la puerta del despacho y se encontró de golpe y porrazo con su colega entre las piernas de una azafata de otra compañía aérea, que hacia el servicio de noche. Estaban como para una foto. Ella muy entretenida con las piernas abiertas y él dale que te pego.

 

– Perdón, dijo un poco violento. La respuesta fue corta

-Dame 10 minutillos más y estoy contigo.

Cerró la puerta y se dijo, joder con los vuelos cargueros y con las azafatas de noche …Una de sus primeras operaciones en solo, con un frio que no se aguantaba, el viento soplaba en ráfagas que se insinuaban por debajo de los pantalones y que te ponían las bolas como nueces de pequeñas y duras, al verificar el amarraje de las redes que envolvían las paletas que se debían cargar en el avión, vio a uno de los cargadores con su aparato fuera y meando encima de los cerrojos. Extrañado pensó que debía ser una urgencia. Carajo, podía haberlo hecho en otro sitio. Más tarde le preguntó al jefe de equipo por el hecho y éste le respondió que meaban encima de los cerrojos porque estaban helados y si no no podían meter el empeine de las redes. Leches, ahí comprendió que el abundante consumo de alcohol, no tenía como objetivo combatir el frio, si no poder trabajar correctamente…

Pobrecitos se sacrificaban por la compañía. Deberían subirles el sueldo, cosa que «él» hizo al día siguiente llevándoles una botella de güisqui. En una de esas noches observó que en la pista en un lateral había varios carros conteniendo cierta mercancía, que resultaron ser defensas de marfil, sin ninguna vigilancia. Durante varios minutos observo que la cantidad se sacos disminuía, y comprendió que las defensas de marfil se esfumaban poco a poco. Carajo se dijo, esto es como en el supermercado, libre servicio y dicho y hecho, metió 4 de las más grandes en una esquina bien escondidas con el objeto de llevárselas la semana siguiente. El hecho fue que su debut de ladrón quedó abortado, ya que a la semana siguiente no quedaban, ni carros, ni sacos, ni tampoco las defensas que él había puesto de lado. Cosas de la vida…

Todas las noches operaba un avión carguero del norte de Europa. Volaban con un DC3; su particularidad era que al cargar el avión debían ponerle un trípode en la cola para compensar la carga, trípode que soltaban desde la cabina de pilotaje a partir de la puesta en marcha, y al comenzar el rodaje.  Los dos pilotos al estableces el contacto radio con la torre de control, le pedían que avisasen al restaurante de su llegada. Benditos tiempos aquellos en que los restaurantes y bares de los aeropuertos quedaban abiertos toda la noche. El caso es que, el barman/cocinero les preparaba deliciosas entrecotes con patatas fritas y dos botellas de vino de Burdeos. Los jodíos pilotos, mientas los “esclavos” les cargaban el avión, se iban al restaurante, situado al borde de la pista, saludaban con un fuerte,” HEY”, se sentaban y se comían las entrecotes y se cepillaban las dos botellas de vino, para terminar con dos vasos de coñac.

Mientras tanto, flete a bordo y avión listo, tomaban los mandos y a despegar.

Innumerables las veces que los servicios de control pasaban después del despegue, ya que prácticamente una vez sobre dos, el trípode no había sido descolgado en el momento de empezar la rodadura y lo soltaban al comenzar el despegue. Cachondos vikingos que se creían al mando de un drakar, situaciones inimaginables hoy en día. Debía ser el hecho de ser nórdicos…En el mismo género estaba el jefe de escala  de la misma compañía aérea. que al pasar por la zona de facturación con las colas de los pasajeros a tope, gritaba:

 – Franco assasin ¡!

 Las protestas de los pasajeros eran acogidas con mucha diplomacia y el argumento que se les daba, con mucha sorna, era que en este país, tenían la libertad de expresarse contra todo lo que quisiesen, otros tiempos… Como ultima anécdota, vale el hecho de que el famoso avión carguero y de prácticas operaba todas las noches. Tenían programada una cena, que se les subía al avión. Poco a poco en vez del breakfast programado, empezaron a pedirle cosas más consecuentes. La situación términos al final en plan restaurante. Le llamaban la víspera para saber que podían prepararles de cena, establecían el menú con el cocinero, a base de langosta fría, foie gras,  osso buco y otras lindeces, el cocinero preparaba todo y ellos les traían botellas de vino o de güisqui, “él” firmaba el bono poniendo breakfeast y todo el mundo contento. Bueno la cosa empezó a complicarse un poco cuando se corrió la voz y al final en vez de 2/3 pilotos venían en el avión 8/10 personas a cenar. Hubo que frenar un poco, pero el principio quedo permanente.

Lo dicho, otros tiempos….