Cuba, la coivid-19 y la conspiración china
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

La presunta conspiración china la quieren poner de moda algunos políticos de occidente, los medios que le hacen el juego y hasta los que afirman no tener “oídos ideológicos”. Las teorías de la conspiración siempre venden y a veces sirven, como ocurre ahora, para responsabilizar a otros de la brutal falta de previsión con la que ciertos líderes entraron tarde a enfrentar la covid-19. Volaba de Bruselas a Liberia en una ocasión junto a empresarios franceses especializados en maderas y uno de ellos fue mi compañero de viaje. Hablamos de lo humano y lo divino, nos deleitamos demandando botellitas a las amables aeromozas de Sabena. Como íbamos hacia África, el continente negro devino tema de conversación y en un momento mi ocasional compañero desenvainó una hipótesis: “El gran problema de ese continente es que sobra gente, habría que salir de la mitad de ellos”. A partir de ahí el intercambio se adentró por caminos éticos y como no llegamos a acuerdo alguno optamos por pedir más botellitas. Poco después irrumpió el SIDA en esas tierras, se disparó el miedo por el globo y yo me sumé a quienes entonces dábamos por seguro que el SIDA era un producto de laboratorio con la finalidad de lograr lo que aquel empresario francés había sugerido. Debieron pasar muchos años para que esa creencia fuera desmentida por científicos de todos los colores después de que el SIDA conquistara a medio mundo. Hoy le ha tocado el turno a la covid-19, a su origen chino y al laboratorio de armas biológicas que cierta prensa insiste en afirmar se encuentra en el mismísimo lugar del día cero.

El oficio de reportero aun en tiempos de cuarentena, no de lector por vocación, implica andar, hablar, sobre todo escuchar, leer, evaluar, informar y comentar. Se sabe que la verdad es relativa y no descarto ninguna hipótesis. No obstante, al menos en La Habana, no he constatado que la “conspiración china” tenga adeptos, lo cual no quiere decir , claro está, que el presunto complot no ande suelto por buena parte del planeta luego de que Trump pidiera explicaciones a los chinos –antes culpó a la OMS de no haber alertado al mundo-, en una manera más de llevar la atención hacia otro ángulo y no hacia el desbarajuste “por falta de previsión”, dicen algunos estadounidenses,  que está causando el virus en ese país rico, prepotente e imperial.

He leído a los que aseguran que la conspiración “está más que comprobada” y también los informes que la descartan. Considero, sin embargo, que es prematuro ir en una o en otra dirección cuando lo que el momento reclama con urgencia es sumar recursos y voluntades científicas por sobre cálculos políticos y ganancias económicas. Las lecciones que dejó la invasión a Irak, cuando Bush junior le dijo al mundo que iba en busca de las armas de destrucción masiva de Sadam Husein –las que nunca existieron, como se comprobó después-, no deberían olvidarse. Entonces todos los medios estadounidenses – con una honrosa excepción- propalaron la monumental mentira – la conspiración Sadam- Al Qaeda- que justificó la invasión y más de un millón de muertos.

No sé si hubo conspiración china, lo que sí sé porque las evidencias abruman, es que muchos líderes políticos subestimaron al virus y buscan evadir responsabilidades de cualquier forma, antes de que llegue el juicio inevitable.