Sonría, por favor
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Tengo un compañero cubano, periodista de los que no sueltan el teclado más que en el más allá, que esta mañana ha contestado a un artículo mío diciendo que le había arrancado una sonrisa…He debido quedar boquiabierto. ¡Todavía hay gente que sonríe! Yo no lo hago desde hace años y cuando la gente cree verme sonreír, porque claro, lo apuntan como un hecho raro, es que tengo un problema dental.Aquí a mi derecha, en mi despacho, tengo una foto en la que estoy en la Redacción de la Agencia France Presse en París (años sesenta-setenta) conversando, muy risueños los dos, con Xavier Domingo, uno de los grandes periodistas que tuvimos en aquella aventura de escribir para América Latina. Es él quien debe de contarme algo gracioso y me arranca una sonrisa, como yo he hecho esta mañana con ese amigo que desde La Habana envía regularmente una extraordinaria revista de prensa nacional e internacional como he visto pocas. Y claro que sonríe, cómo no va a sonreír alguien que tiene el valor de informar a otros periodistas simplemente por amor a esta profesión cada día más densa y difícil.Imagínense lo que es el despertar de un periodista. En Siria ya no sabemos muy bien quien mata ordenadamente, aunque a los turcos se les ha ido la cabeza y bombardean sin remilgos, Rusia ni que decir, Estados Unidos como quien no quiere la cosa y, claro, supongo que los sirios se defienden como pueden.Es espantoso no tanto por el número de vidas que cuestan esos combates, sin contar los destrozos, sino porque, en definitiva no sabemos muy bien qué pasa. Hay un presidente, al que en mis tiempos trataban de dictador pero que Estados Unidos nunca ha intentado ahorcar como hizo con Sadam Hussein, tropas por todas partes, un pueblo que no quiere que les bombardeen ni unos ni otros, aunque el que más y el que menos cuente que lo hacen por su bien, para ayudarles a restablecer una democracia.

La gente, sonría, por favor, no quiere más democracia, que cuesta muy cara. Déjenme vivir en una dictadura que a su vez me permita criar a mis hijos y tomar un té en el café de la esquina sin que se me caigan encima las bombas de los turcos, de los rusos, de los norteamericanos o de quien sea.La gente, no deje de sonreír que esto es muy serio, lo único que ha querido toda la vida es vivir, y vivir en paz si posible, sin que las grandes potencias como Rusia o Estados Unidos, con el añadido de Turquía ahora, los machaquen pregonando que es por su bien, que les están llevando la democracia, que cada bomba que abre en canal a doce niños y a cuatro padres que iban a trabajar es un paso hacia la democracia.

Pero, ¡qué democracia!. La mejor la inventaron los griegos que se dedicaban a reflexionar, tendidos en cómodos sofás, sin tener en cuenta si la persona que compartía la cama con él era un hombre o una mujer. Esa es la democracia. Hacer lo que se quiera sin que las ligas de los moralistas, y ahora además con chorreones de bombas, vengan a molestar o a quitarte la vida, que finalmente es peor.Tengo un amigo, otro, no el que les dije antes, que se llama Jesús y que probablemente se ha retirado a vivir a Cuba porque es un lugar que pese a las escaseces es más tranquilo que el resto del mundo. Mi amigo Jesús Es un prodigio, hace milagros. Cuando te falta güisqui él puede multiplicarte las dos botellas que te quedan y cuando ve a una mujer bonita la llama Magdalena.

Yo le pido de vez en cuando a Jesús que nos ayude en esta locura que nos quita la sonrisa. Pero la verdad que por ser tan buena persona ya lo crucificaron una vez, hace cosa de dos mil años.Ahora los chinos, siempre tan sonrientes ellos, nos han legado un virus patéticamente peligroso, el coronavirus que está matando a mucha gente. Imagino que no habrá llegado a Siria y a otras regiones del mundo donde se mata a bombazo limpio. Pero yo le pediría a Jesús que concentrara todo el poder del coronavirus este y se lo metiese por intravenosa a todos los macacos que mandan en el mundo y que dirigen desde sus butacones esas matanzas. Les doy direcciones: Washington, Moscú, Estambul. Y ya cuando me acuerde completaré.Entretanto, sonría por favor. Juro que voy a entrenarme para sonreír por lo menos tres veces por día, como si fuera una oración y aunque no mire ni a La Meca ni al Vaticano.Pero, por favor, sonríe, mire esa muchacha tan guapa que le ha hecho un guiño en el autobús o en el avión Nueva York-Emiratos Árabes Unidos.

Hagan lo que quieran. Pero sonrían. Por favor.