Feliz Granma
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Sergio Berrocal| Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Qué tiempos tan felices aquellos en que para saber nada o casi nada pero enterarte de lo que el gobierno quería decirte bastaba con comprarse Granma y mientras te tomabas un dedalito de café hirviendo adquirido en un puesto callejero de La Habana eras feliz porque casi nunca pasaba nada, aparte alguna incidencia meteorológica.Parece que han pasado siglos. Ya antes de morir Fidel Castro empezaron a surgir en Cuba periódicos digitales independientes, más o menos, claro, y de pronto se produjo la volcánica aparición en el mundo del periodismo de una cosa de origen norteamericano llamada Facebook (FB), especie de tebeo donde el cotilleo de las vecinas se mezcla con la alta política internacional, pues hasta un diario serio como el francés Le Monde publica alguna reseña. Pero por no se sabe qué truco de alta magia digna de Houdini, FB, al menos en la edición europea, contiene cantidad ingente de cosas sobre Cuba, donde se come la parte del león la agencia de prensa cubana Prensa Latina. Y entonces te das cuenta de que parece como si alguien, algo o alguna cosa hubiesen decidido plantar en nuestros teléfonos portátiles, un mercadillo de todo tipo de noticias cubanas, de las de La Habana más que de Miami, y puedes enterarte hasta de las peleas de las vecinas en una carnicería de un barrio habanero por un cacho de carne. Otras veces es la harina, el café.

Me da una pena… Porque luego, me leo Granma, que después de todo es el órgano oficial del Partido Comunista Cubano, y debería de estar más enterado, no me cuenta nada de eso. Todos o casi todos son parabienes, recuerdos, muchos del pasado de cuando Fidel dirigía, y pare usted de contar. Yo ya no lo leo con una taza de café sino con una de té porque me parece más apropiado a su estilo Time. Es verdad que “antes de ser mayores todos hemos sido niños”, según reza en El Principito, uno de los rarísimos libros que debería ser de lectura obligatoria.

Si quieren que les de mi opinión de medio siglo como periodista de la agencia de prensa mundial France-Presse (AFP), estoy muy desconcertado. Mi médico de cabecera lo ha notado por el número de pastillitas para la tos del cerebro que tomo.He consultado con auténticos técnicos de la manipulación de la información y no saben decirme a ciencia cierta. Porque no deja de ser curioso que desde que Cuba ha perdido el glamour que tenía cuando Fidel Castro nos gritaba en sus larguísimos discursos algunas verdades, más se habla de lo cubano. Más se habla de Cuba en el mundo occidental, o por lo menos en Europa, donde por cierto la entrada de cubanos se ha multiplicado no sé por cuánto y ya se habla de santería como en la Plaza de la Catedral de La Habana.

Una parte de las noticias que publica FB se refieren a otros países latinoamericanos, con lo cual tenemos el continente americano perfectamente aprendido. Por otra parte, como se decía cuando no había nada que decir, Facebook deja aparentemente el campo libre para quien quiere opinar o desinformar. Y lo curioso es que no he oído una sola voz, en Cuba o en Europa, que dude de la bondad de ese medio de prensa norteamericano, seguramente el más leído actualmente, que tan lindamente abre sus columnas a Cuba, mientras el presidente Donald Trump, al que tanto le gusta el cotilleo, se calla. ¿Será que es una idea suya, como cuando estuvo retándose con el presidente de Corea del Norte para ver quien tenía la bomba atómica más gorda?

Ya sé que dirán que no soy más que un nostálgico de Fidel, el que hizo aquella Revolución de sesenta años, y de la que poco a poco va hablándose cada día menos, salvo para anunciarnos un desfile de modelos descomunalmente elegante en las calles de La Habana, como cuando las chicas de Chanel dejaron probablemente con la boca abierta a las cubanas que las vieron desfilar en el Prado mientras Barak Obama, el hombre al que le dieron un Nobel de la Paz para que las guerras continuaran, estuvo un ratito en la capital. Pero eso es harina de otro costal.

Me parece grandiosamente escandaloso que se les refriegue a los cubanos los vestidos, los perfumes de alguna boutique, esos hotelazos sin precio cuando estos días su preocupación es poder tomarse un café, sencillamente un café de aquellos que yo pagaba unos céntimos mientras leía Granma.

¿Tanto estás cambiando, Cuba?