Comunismo cubano al uso europeo
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Con la muerte, acaecida estos días, del periodista español Ramón Chao, más conocido como padre del cantante Manu Chao, me entero de las luchas comunistas y de toda una tramoya política rebelde que por lo visto se desarrollaba en París, cuando él y yo vivíamos a uno y otro lado del Sena. A Ramón me lo presentó un amigo común, Alex Marco, también periodista pero sobre todo cantante, compositor y tutti quanti de la farándula, en la enorme Casa de la Radio, donde el gallego ejercía de director de la sección española de Radio France. Años sesenta, Franco en Madrid ordenando sus atrocidades, y él y yo tan panchos en esa ciudad con la que todo el mundo soñaba.

Se contaba que Chao había llegado a la capital francesa como todos los que creíamos en un mundo mejor. Pero ahora me he entero de que él era un “político” cuando yo en realidad no era más que un medio alfabetizado reportero que quería conquistar París partiendo del mítico Tánger.

Alguna vez hablamos de su llegada, mientras le daba al piano porque los que tenían oído decían que se le daba muy bien. Algo tendrían cuando parió a Manu Chao. Y hablando de su aparición en la capital de todas las capitales procedente de una Galicia todavía ahumada por traficantes de tabaco, luego drogas, y buenos mariscos, se decía, se murmuraba, que había llegado a París con una carta de recomendación de Manuel Fraga Iribarne, ministro franquista hasta el tuétano pero con prestigio dentro y fuera de España. Los dos eran gallegos, algo que une por encima de todo.

Mi colega y amigo Marcelo Aparicio cuenta en una crónica que en aquellos años setenta del siglo pasado como se dice –Franco moriría en 1975—París hervía de actividad antifranquista y otros. Y cita nombres con los que yo eché los dientes en la Agencia France Presse. Imagínense, y yo sin enterarme, pese que en mi inocencia y virginidad política no me ocupaba más que de tratar de aprender un oficio que todavía me parece duro.

El caso es que no me enteraba de nada porque con Alex Marco, por ejemplo, aquel amigo de Chao, ¿le recuerdan?, teníamos la preocupación de hacer bailar al mundo entero con sus ritmos y otras pavadas por el estilo.

Y como esta mañana se ha abierto el confesionario, debo confesar y confieso que mi incultura política, en medio de ese ardor antifranquista y probablemente revolucionario, tuvo que navegar, en 1985, a Cuba para darme cuenta de que aquello del comunismo era algo real. Porque en Francia teníamos un partido comunista muy sui géneri pese a que su sede monstruosa había sido concebida por el mismísimo constructor de Brasilia, Oscar Niemeyer.

Lo mejor de aquel comunismo francés, que dominaba en Europa, era su entonces secretario general, Georges Marchais, un tipo divertidísimo que de vez en cuando prometía el triunfo del comunismo en Francia soltando en la radio, le oí una vez, un sonoro y agradecido “si Dios quiere”.

Hoy día del comunismo francés apenas quedan unos cuantos miembros y la sede que imaginó Niemeyer.

El caso es que hasta que no aterricé por primera vez en La Habana no comprendí que el comunismo era algo muy serio. Y tanto que todavía hoy, casi sesenta años después, sigue vigente y presente en el alma de los cubanos, cada uno de los cuales lo recuerda o lo ejerce a su manera.

En Francia, la verdad es que Chao andaba por Radio France, dirigiendo un excelente servicio en español pensado sobre todo hacia España, donde daba más de un disgusto a Franco y a sus esbirros.

Un servidor, inventaba en France Presse el Magazin y otras bellezas periodísticas que sacudieron las bases de periodismo mundial y poco más.

Con Chao nos hablábamos sobre todo por teléfono o en alguna ocasión que nos encontrábamos. Un día me llamo para decirme que un cuento mío había estado a punto, exagero, claro, de ganar el premio literario Juan Rulfo promovido por Radio France. Buena gente el gallego.

Sigo escribiendo pero ya nadie me telefonea para anunciarme cosas así.

Me queda un recuerdo de 1968. Al cantante español catalán Joan Manuel Serrat estuvimos persiguiéndolo toda una noche porque había llegado a París proclamando que no cantaría en el Festival de Eurovisión, concurso europeo entonces muy popular, a menos que le dejasen cantar en catalán. Franco, que siempre tenía solución para todo, lo reemplazó para Eurovisión por una cantante y allí acabó todo.

Entonces yo no sabía que cantar en catalán podía ser tan importante para un catalán. Y ahora que España está dividida con los soberanistas a un lado y los independentistas al otro me doy cuenta de que era bastante vasto.

Todo esto, querido Chao, para decirte adiós. Ah, recuerdo el día que me dijiste con una alegría muy tuya que te ibas de gira con tu hijo Manu por Colombia. Qué feliz parecías, tío.

Que Dios o quien sea te guarde.