La Venecia de los Hermanos Marx
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Sergio Berrocal |  Maqueta Sergio Berrocal Jr

¿Qué queda de Venecia si le borras el Hotel Danieli y enderezas a los besamanos que buscan una paga mayor que la de un catedrático de Derecho Canónico inclinándose delante de los turistas y otros visitantes hasta casi romperse el espinazo?Pues queda una película, ya de tele, “The Tourist” (2010), y la convicción de que hay productores de cine, o eso dicen ellos, que deberían de ser azotados en plaza pública por contribuir a generalizar y sacramentar el mal gusto de los espectadores. Afortunadamente siempre les quedarán las palomitas para entretener sus ansias de cinéfilos (¿que cómo se escribe eso y que qué quiere decir?).

¿Qué queda de un reparto nutrido y del tren de los hermanos Marx si le pones como protagonistas a un tal Johnny Depp y a una señora llamada Angelina Jolie? Las ganas de no volver a ver una película que no tenga un certificado de calidad.

Porque desde los primeros planos te tropiezas con la belleza enlatada de Angelina Jolie y el morbo portuario de Johnny Depp. El esperpento de un abrazo de plástico con interconexiones en el más allá.

¿Puede haber más película que aquella que tiene pátina de lujo, distinción y estupidez de una escuela de hostelería en cesación de pagos?

Productores que siguen convencidos de que la magia de actores con cierta prestancia, pero con menos talento que un Pato Donald en un papel de Bela Lugosi en blanco y negro, son capaces de cumplir el milagro de la multiplicación de las entradas.

Ir de París a Venecia por tren sin tomar el Trans Europe Express es de una ligereza emocional digna de un proceso de la Inquisición.

Cuando se imagina los millones de dólares, o de euros, que ha costado la película parece indiscutible que en las cosas del querer hacer cine hay mucho imbécil y multitud de bofetadas que se pierden.

Para rodar una película como esta hay que tener un inmenso talento del peor gusto.

Al final ya no sabes si el personaje de Angelina Jolie lo interpreta ella o una doble mal pagada y alquilada por compasión en un mercadillo sabatino veneciano. A menos que la Jolie no haya estado más que en el cartel.

No he podido terminar de ver la película. He preferido suicidarme con esa horrenda emisión de “Supervivientes” donde todo el mundo sabe de qué va la peli.

Lo peor de producciones como “The Tourist” es que terminas por odiar Venecia, a Hemingway, a Dos Passos, la epidemia de peste y el niño de “Muerte en Venecia”. Dirk Bogarde se hunde en las arenas movedizas de la playa y Luchino Visconti vuelve de su exilio en el cielo y le pide a un amigo japonés que le haga el hara kiri según la más ancestral tradición japonesa.

Pero qué más da. Todo va a cambiar. Desde que el tsunami de moralidad a ultranza pasó por Hollywood, dejando sus playas con algunos cadáveres de gente muy talentosa, como un macartismo más, ya nada será igual. Según ciertas publicaciones al tanto de esta nueva moda, parece que las movidas de carnes femeninas en la pantalla se han acabado. Como si el Vaticano hubiese decidido meter también la mano, toda exhibición de partes femeninas que la moral más estricta no quiere ver desaparecerá de las pantallas. Así, las superwoman y otras heroínas que iban por la vida en plan de amazonas de tiempos bíblicos, apenas con algo más que un taparrabos, quedará prohibido. De aquí en adelante, las heroínas norteamericanas tendrán que ser recatadas y nada exhibicionistas.

Da risa pensar cómo representarían en estos tiempos de fulgor mariano a Eva, la señora del paraíso que tan bajo hizo caer a Adán, en cualquier nueva película sobre esta temática bíblica.

En contrapartida, buenos negocios para los sastres y sastras, que ahora tendrán que cortar más paño para abrigar las bellezas de las actrices que jueguen las heroínas. Por supuesto, el negocio sería totalmente catastrófico para otra versión de “Tarzán”, donde los nuevos tiempos, la nueva moral verían quizá a Jane vestida con estricto traje Chanel, a condición de que la falda caiga más allá de las siempre sexys rodillas.