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En abril comenzará la despedida de Raúl Castro y un nueva era en Cuba

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Las perspectivas de Cuba a mediano plazo han quedado más esclarecidas, al menos desde la teoría. Raúl Castro entregará la presidencia de la república el 19 de abril próximo –no el 24 de febrero como se suponía- y antes se reunirá el liderazgo del Partido Comunista (PCC) para establecer el rumbo a seguir por la nación hasta 2021. Sin embargo, llevar a la sociedad cubana desde el estatismo casi absoluto –al estilo de la desaparecida Unión Soviética-, a un modelo en el que coexistan las propiedades pública, privada y cooperativa –como ocurre en China o Vietnam- ha sido “más complejo y más profundo de lo que habíamos pensado inicialmente”, según han admitido por primera vez en público los ejecutores de los cambios que impulsa Raúl Castro desde 2008.

La dirigencia cubana no renuncia a desarrollar en la isla una alternativa a las sociedades de consumo generalizadas en el planeta, no quiere que los incipientes sectores privado y cooperativo se transformen en emporios de poder económico y político, sigue empeñada en impedir que las desigualdades sociales se disparen, y supone que podrá lograrlo manteniendo inconmovible el sistema de partido único.

Y esa proyección tocará aplicarla a una nueva generación de dirigentes, que a partir de abril ocupará la presidencia del Estado y el gobierno, no del PCC que institucionalmente seguirá en manos de los octogenarios de la revolución hasta el próximo congreso en 2021, si antes la vida no les pasa cuenta.

Cuando se desintegró la Unión Soviética pocos supusieron que la experiencia cubana trascendería; en Miami el exilio hizo las maletas para un regreso triunfal. Cuando Fidel Castro debió entregar el poder por razones de salud, volvieron las apuestas a favor del fin, y sin embargo la isla mantuvo el mismo rumbo sui géneris trazado luego del triunfo de la revolución en el lejano 1959.

Quedará entonces conocer a partir de abril el temple de la nueva generación de dirigentes cubanos, en escenarios no menos complejos que los muchos ya vividos en este país.

Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, volvió a los tiempos de la Guerra Fría en relación con la isla, y Raúl Castro le respondió el jueves: “La revolución cubana ha resistido los embates de 11 administraciones en Washington de distinto signo y aquí estamos y estaremos, libres, soberanos e independientes”.

Castró habló en la clausura de la última sesión de este año de la Asamblea Nacional (AN) que de manera excepcional acordó extender su actual legislatura hasta el cuarto mes del año próximo, porque los destrozos del huracán Irma en septiembre – más de 13 mil 500 millones de dólares en pérdidas en 70% del país-, trastocaron el calendario de elecciones generales.

El 19 de abril “tendrán un nuevo presidente”, les dijo a los cubanos al finalizar su discurso, y el principal candidato para ese cargo es Miguel Díaz Canel, 57 años, quien ha ascendido desde las bases de la Juventud Comunista hasta primer vicepresidente de Cuba, aunque sin pedigrí militar alguno, en un país donde las fuerzas armadas son un factor político decisivo. Le tocará el turno entonces a quienes por lo general solo conocieron en libros las andanzas cubanas por medio mundo, desde el Vietnam de Ho Chi Min hasta las décadas de lucha armada en América Latina con Che Guevara al frente.

De cumplirse el cronograma previsto, en abril será la primera vez que los cubanos tengan al mando a alguien que no experimentó las vivencias anteriores, ni pertenece a la familia Castro Ruz. Durante más de medio siglo, Fidel y Raúl lograron mantener la unidad nacional en torno a su proyecto social mediante un imperturbable mando único, arropados por la leyenda que tejieron en las guerrillas de la Sierra Maestra, triunfadores después en contiendas tan complicadas como la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los cohetes nucleares, el desafío permanente a Estados Unidos o el aislamiento casi total que vivió la isla de su entorno americano durante largas décadas.

El 19 de abril será echada una especie de nueva suerte para Cuba, que según el balance oficial cerró el año con un discreto crecimiento económico de 1,6 por ciento -cerró 2016 con un decrecimiento de 0.9 por ciento-, y la advertencia de que en los próximos meses se mantendrán las tensiones financieras y las reducciones en el suministro de petróleo venezolano, con facilidades de pago.

 




El principe de la habana

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Hacía más de dos décadas que conocíamos a Ramón Díaz Hernández “Ramoncito” como le llamábamos cariñosamente. Un hombre humilde que desde el otro lado del tablado teatral era considerado por muchos como el fundador de la pantomima cubana en el exterior. No obstante lo cierto hubiera sido decir que Ramoncito había sido el creador de la Manifestación del Arte Teatral desde técnica del silencio. Ramón era la esencia del arte, llámese cultura, llámese ciencia y transmitía sabiduría, aquello que algunos llaman sin tener luces “conocimiento”. Yo prefiero llamarlo “comprensión del saber”.

Teníamos por costumbre hablar por teléfono diariamente durante varias horas de todo y de nada; Recuerdo que en una de esas conferencias ya de madrugada evocaba la memoria de mi tía Adela Escartín y su peculiar forma de entender la actuación teatral. Aquella mujer emblemática que un día dirigió la famosa obra de teatro “La gallina de guinea”, cuya historia giraba en torno a las creencias afrocubanas, había dejado una huella clara en aquel hombrecito que por entonces radicaba a caballo entre México y Cuba.

Experto en cultura folclórica cubana Díaz fue uno de los primeros colaboradores de la Agencia de Noticias Onmagazzine. Y bajo el título “Rumberos de Cuba” escribía:

“Los rumberos, bailadores y percusionistas han sido el sostén de la presencia africana en los espectáculos cubanos. Que influyeron a la música de diversas partes del mundo como el Jazz americano. Los comediantes del Teatro Bufo y después el Teatro Vernaculo fueron excelente rumberos y le dieron una escenificación al género, desde Covarrubias, Arquimides Pous, Sanabria, Garrido Arredondo hasta los más recientes. Los especialistas afirman que la rumba es de origen africano con influencia española, la iniciaron los esclavos recién liberados inicialmente en zonas rurales, bateyes y caseríos entre La Habana y Matanzas. Sus referencias se encuentran desde los siglos XVIII y XIX hasta nuestros días. Proviene de diferentes orígenes africanos pero principalmente gangá bantú”.

Algún tiempo más tarde Ramón me solicitó que lo ayudara en temas de representación teatral pues él sabía que había estudiado en Brasil durante años y que inclusive había trabajado con los medios de comunicación brasileños. Originario de San Antonio de los Baños (Cuba) Ramón y yo estábamos en plena promoción de una muestra en Brasil de dos de sus obras más conocidas, la adaptación de Miguel Bar­net “El Cimarrón” y “El viejo y el mar” de Ernest He­mingway que se estrenó en la Habana en la sala “El Sótano“ en diciembre 2012 y cuyo lanzamiento en la capital brasileña estaba previsto en 2015.

El Jueves 24 de Julio a las 15.33 hora GMT recibo la información por parte del cronista cubano Rafael Lam “Tony saludos. Me acaban de llamar para comunicarme la mala noticia de que Ramón falleció. Está en el Hospital Fajardo”. Segundos minutos más tarde de recibir un cubo de agua fría y helada encima (no sé bien) resuelvo llamar a la familia de Ramón en Madrid para informarles de lo sucedido. Desolado, perdido y abatido por lo sucedido comunico directamente a la periodista del Diario Granma Carmita Ibáñez la perdida de Ramón quien contrasta la noticia en la Habana.

Años atrás fue el mismo Ramón quien me avisó en una llamada a mi celular desde la ciudad de México DF del fallecimiento de mi tía Adela Escartín horas antes que el mismo Diario ABC publicara nada me dijo :

“Sobrino, lamento decirte que tú tía acabo de fallecer déjame decirte que si yo hubiera estado en su sepelio en Madrid, habría puesto la bandera de Cuba sobre su ataúd, como tributo y agradecimiento”. Hace algún tiempo le pregunte a mi padre por qué guardaba correos de su amigo y fundador de Prensa Latina Alfredo Muñoz Unsain ya fallecido. Hoy lo entiendo Según varios portales que recogen la noticia del fallecimiento de Ramón Díaz muchos señalan que la prensa cubana divulgó la noticia de su fallecimiento sin dar más detalles sobre el sepelio, aunque sí señalaron que su muerte sobrevino tras un paro cardiaco sin más información simplemente porque no la tenían.

Tanto el cronista Rafael Lam como yo mismo sabíamos que algo no andaba bien con Ramoncito, pues ya hacía varios meses que venía arrastrando complicaciones y es por ello que en los últimos años aquel experto en pantomímica tenía como proyecto mudarse de México a la Habana donde podría inclusive seguir evolucionando ya que en la ciudad del distrito federal su trabajo como actor no era tan fructífero como allá en Cuba. Viajero infatigable tenía por costumbre permanecer en la isla un máximo de veinte días a lo sumo y regresar a su residencia mexicana en Colonia Nápoles.

En una de esas conversaciones que solíamos tener aquel príncipe cubano de las artes me reseñó que a comienzo de mayo regresaba a Cuba para realizar una simple revisión médica de la cual no había por qué preocuparse. Semanas después de su llegada a José Martí, Ramoncito ingresó en el hospital Fajardo para ser intervenido.

Según informaciones de Rafael Lam, quien estuvo en todo momento con él, se le veía muy desmejorado desde que llegara por primera vez a la isla. El Chino estaba claramente preocupado y temiéndose lo peor.

Ramón Díaz escribía sus crónicas desde el correo congolery@yahoo.com.mx, en aquellas cartas se perdieron muchos mensajes, muchas confidencias y muchos secretos que jamás volverán a tener respuestas.

Actor y Director dirigió muchos y grandes artistas mexicanos entre los cuales se encontraban Sussana Vidal, Karen Mota o León Calleja, los cuales actuaron bajo su mando en la obra firmada por el escritor cubano José Triana residente en Paris “La Noche de los Asesinos”. Un montaje en el cual intervine como enlace entre Ramoncito y Pepe Triana puesto que por aquel entonces Ramón había perdido los contactos del novelista afincado en Francia. Muchos escriben sobre ¿quién era Ramón Díaz?  Y ¿cuál fue su trayectoria profesional?  Yo prefiero recordar cómo vivió.

Adiós amigo adiós confidente, Adiós padrino, Adiós hermano allá donde estés que tu Luz y tu aché siga brillando bajo colores celestiales.




La Tía Adela

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Hace unos meses tuvimos la sorpresa de saber que nuestra familia se había enriquecido con dos elementos más de los que nunca habíamos oído hablar. Dos hijos que el Coronel de Estado Mayor del Ejército Español Don Antonio Escartín tenía cuando en 1939 dio vida a otro hijo, mi padre. Uno era un muchacho que a los 18 años fue detenido por la policía política y desapareció cuando comenzaba la Guerra Civil española, en 1936. Quizá le mataron en el frente o fue víctima de la confusa situación que vivía entonces España. La hija se llamaba Adela Escartín y decían que había sido una primera dama del teatro en Cuba y España.

Cuando pregunto, varios cronistas cubanos, entre ellos Rafael Lam, me confirman la importancia de esta señora dentro del medio teatral y cinematográfico de Cuba. A partir de ese momento, durante varias noche sueño con calles y edificios de La Habana vieja, algunos de los cuales puedo llegar a describir aún sin haber estado jamás allí.Investigando más a fondo en archivos del cine cubano descubro un largometraje de mi tía Adela, “La decisión” filmado en Santiago de Cuba. Entonces es cuando me doy cuenta del extraño parecido de ella con mi hermana Corinne fallecida en accidente de automóvil en 1982 en Francia.

Y no tardo en comprobar que he dejado pasar unos datos importantes: la Escuela Nacional de arte Cubanacán, la ciudad de México y una obra de teatro titulada “La gallina de guinea”, obra sobre las creencias afrocubanas y santería que ella dirigió en 1964.

Por medios de mis relaciones habanera doy con el nombre del actor de teatro cubano Ramón Díaz, que vive en México. Alumno de Adela y de su esposo, Carlos Piñero. me cuenta con gran cariño que en muchas ocasiones estuvo invitado a su casa de La Habana, donde Adela tenía “collares de santos ornamentales en las paredes así como muchos objetos exóticos”.También me relata que fue amiga de un conocido santero de la época llamado Trinidad Torregosa, “padrino” de varios artistas cubanos del famoso Tropicana. Hasta hace poco tiempo nada sabíamos de la existencia de Adela, pese a que ella y mi padre eran hermanos, aunque de diferentes madres. Casi mediado el mes de agosto, nos llega a través de Ramón Díaz Hernández la noticia del fallecimiento, en Madrid, de la tia Adela. El diario español ABC lo confirma: “Un infarto acabó la madrugada del pasado domingo con la vida de una de las más sutiles e innovadoras actrices y maestras de actores de la segunda mitad del siglo XX español. Adela Escartín”

Mientras ella esperaba la muerte en un geriátrico de Madrid, nosotros pudimos reconstruir su vida, llena de éxitos y alegrías, que tuvieron a Cuba como principal referente.

Ramón Díaz Hernández me la ha evocado con estas palabras:

“Yo entre  en el teatro guiado por la  estrella de su  mito. En la Escuela  de  Instructores de  Arte (de La Habana), donde nos enseñó los ejercicios  de despersonalización e  incorporar  objetos, de esta manera, nos convertíamos en una  mesa, una lámpara,  un espejo. Seguido de lecciones y reglas sobre  el arte que  no he  escuchado a nadie mas  en mi  vida. Mas adelante sus clases  de dirección teatral con conceptos  particularísimos”.Y termina con esta oración: “Si  yo  hubiera  estado  en Madrid  en su  sepelio hubiera puesto la  bandera de Cuba sobre  su ataúd, como tributo y agradecimiento” .Junto a Ramón, su pérdida ha sido llorado a los dos lados del Atlántico, en Cuba y en España. Alumnos agradecidos de la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid le brindaron un último homenaje antes de que se la comiese el nicho que había comprado hacía un tiempo en un cementerio de la capital española.

En el diario ABC, me quitaron las palabras de la boca para cantarla: “Fue primera actriz, hizo radio y televisión, dirigió numerosas obras y su propio teatro, la Sala Prado 260. Con una belleza de la que dan pálida cuenta fotografías de juventud y madurez, y un poderío escénico indudable (que trató de inculcar en sus alumnos: ser conscientes de la capacidad para fascinar y atraer toda la atención del público), triunfó en montajes como «El tiempo y los Conway», «Calígula» o «Los endemoniados», aunque las más celebradas fueron su creación de «Yerma» y sobre todo la de «Juana en la hoguera», una irrepetible Juana de Arco escenificada ante la fachada de la catedral de La Habana. Entre sus admiradores más ilustres se contaron Alejo Carpentier, Lezama Lima y Fidel Castro”.

Adiós, tía Adela.




Chifla el mono y los cubanos rien

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal

La Habana

No sé el origen de este dicho, pero la temperatura ha bajado al punto de hacer innecesarios los ventiladores, los abanicos, y los cubanos buscan en sus roperos los atuendos más diversos, hartos de transpirar durante casi todo el año que se va. “Está chiflando el mono”, repiten los más viejos. Diciembre es un mes especial porque por lo general las penas se guardan, el ambiente nacional se relaja, se imponen esos 22 o 24 grados sobre cero que aquí es invierno, y los isleños sienten que en un país sin otoños ni primaveras, es momento de hacer algo distinto.

Hay quienes se resisten a dejar los pantalones cortos y las chancletas, aunque aun así buscan igualarse a las imágenes de la helada Europa que les llegan desde la televisión, y visten anoraks con capucha sobre la cabeza y algunos lucen hasta guantes en las manos.

Las que tienen mucho que mostrar acuden al algodón bien ceñido al cuerpo, haciendo despampanante sus desplazamientos por las calles y los jóvenes –no sé cómo lo logran- visten igual que sus similares en New York o Paris, con cierto aire de despreocupación.

No faltan los que en cada barrio hacen alarde de no sé qué y se pasean sin camisa ni pullover, como si fuera tiempo de playa, siempre a la espera de que alguien les grite: ¡ Coño, asere, no tienes frío!, y los ancianos se envuelven en desgastadas túnicas, sin ánimo para salir de casa.

Llegó el tercer frente frío de la temporada a Cuba y la gente en mayoría abrumadora lo agradece, porque temperatura baja aquí también es antesala de Navidad y fin del año, aunque la ciudad no parezca enterada a falta de adornos y faroles.

Ahora hay menos broncas y barullos cuando se acude al servicio de ómnibus urbanos siempre insuficiente, y a los taxis caros o baratos. Y oh, felicidad, desaparecen los gruñidos habituales por el empujón que nunca falta o el olor ácido de la transpiración constante del verano inmenso,  dejando paso al deseo de “¡Muchas cosas buenas para el nuevo año!, que te lanza a la cara la misma gente que ayer podía mandarte pal´carajo por un roce involuntario, cuando hay que moverse entre multitudes.

“Está chiflando el mono”, dicen las vecinas protegidas de un balcón al otro para acto seguido dar paso al último chisme de la jornada: el de Perico “que se está templando (follando) a la mujer de Nicolás” o del de Martínez que “se está haciendo una casa nueva”, sin que nadie sepa de dónde sacó los materiales, que dese el paso de Irma en septiembre solo están disponibles para auxiliar a los miles de damnificados que dejó ese maldito huracán con nombre de mujer en mucho más de la mitad del país.

Llegó el invierno caribeño y la gente cambia de humor como de ropa, hay sonrisas. Las broncas disminuyen o se diluyen entre rones, porque ahora beber un buen trago de añejo es gloria que se comparte con cualquiera.

La prensa nacional sigue reproduciendo noticias de todos los colores y la propaganda oficial no ha sido advertida de que estamos en fin de año. Conflictos por allá, sobrecumplimiento de planes económicos aquí. A toda máquina continúa el festival internacional de cine de cada diciembre, con las salas oscuras repletas.

El mes 12 ha comenzado a despedirse y los cubanos, que visten hoy de invierno sin saber si mañana habrá calor, poco a poco van despojándose de las tensiones acumuladas, ríen más de lo habitual y dan gracias a que el mono chifle.




La España de 1981

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

El golpe de Estado de 1981 en España, también conocido como 23F, fue un intento fallido de golpe de Estado perpetrado el 23 de febrero de ese año por algunos mandos militares.Los episodios centrales fueron el asalto al Palacio de las Cortes por un numeroso grupo de guardias civiles a cuyo mando se encontraba el teniente coronel Tejero, durante la sesión de votación para la investidura del candidato a la presidencia del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de la Unión de Centro Democrático, y la ocupación militar de la ciudad de Valencia en virtud del estado de excepción proclamado por el teniente general Milans del Bosch, capitán general de la III Región Militar.A las seis en punto de la tarde empieza la votación nominal para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como Presidente del Gobierno. A las 18:22 horas, cuando iba a emitir su voto el diputado socialista Manuel Núñez Encabo, se inicia la operación «Duque de Ahumada», en referencia al fundador de la Guardia Civil. Según el plan trazado, un grupo de guardias civiles, subfusil en mano, irrumpió en el hemiciclo del Congreso de los Diputados encabezados por el teniente coronel Antonio Tejero. Éste, desde la tribuna, gritó «¡Quieto todo el mundo!» (Sic) y dio orden de que todos se tirasen al suelo.

Como militar de más alta graduación allí presente y como vicepresidente del Gobierno, el teniente general Gutiérrez Mellado se levantó, se dirigió al teniente coronel Tejero y le ordenó que se pusiera firme y le entregase el arma. Tras un brevísimo forcejeo y para reafirmar su orden, Tejero efectuó un disparo que fue seguido por unas ráfagas de los subfusiles de los asaltantes. Estos disparos provocaron heridas a algunos de los visitantes del palco superior 3 . Sin inmutarse, con los brazos en jarras, el anciano general permaneció indiferente al sonido de las armas. Mientras la mayor parte de los diputados obedecía las órdenes de Tejero, el diputado Carrillo y el presidente Suárez se mantuvieron sentados en sus escaños. Suárez incluso hizo ademán de ayudar a Gutiérrez Mellado. Durante el asalto, un ayudante de uno de los diputados sufrió un ataque de ansiedad y golpeó a un presente en la nariz.

Doña Carmen Fernández de Córdoba y Calleja, sobrina del teniente general Gutiérrez Mellado se considera la primera civil en abandonar el hemiciclo.

Pedro Francisco Martín, operador de Televisión Española, grabó más de media hora del momento, aportando al mundo un documento audiovisual de valor incalculable sobre la tentativa de golpe de Estado. Con la toma del Hemiciclo y el secuestro de los poderes ejecutivo y legislativo, se intentaba conseguir el llamado «vacío de poder», sobre el cual se pretendía generar un nuevo poder político. Más tarde, cinco de los diputados fueron separados del resto: el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez González, el ministro de Defensa y presidente de UCD, Agustín Rodríguez Sahagún, el líder de la oposición, el socialista Felipe González Márquez, el segundo en la lista del PSOE, Alfonso Guerra, y el líder del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo.

Aquella noche es recordada como «la noche de los transistores», debido a que la Cadena SER continuó emitiendo y una buena parte de la población la pasó conectada a la radio siguiendo los acontecimientos.Poco después y siguiendo el plan previsto, se sublevó en Valencia el Capitán General de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, quien desplegó la División Motorizada «Maestrazgo», con 1800 efectivos, decenas de vehículos militares y tanques a las calles, desde el puerto de Valencia hasta el centro de la ciudad, donde apuntaban a los edificios institucionales, como el Ayuntamiento o las Cortes valencianas. Declaró el estado de excepción e intentó convencer a otros militares de secundar la acción. Aquella noche la ciudad estuvo rodeada de militares con blindados y otros camiones del ejército que habían salido de las bases de Bétera y Paterna. Una columna blindada se dirigió a la base aérea de Manises para convencer a su comandante de que se sumase al golpe, pero este no solo no lo hizo, sino que amenazó incluso con desplegar dos aeronaves con misiles contra los tanques, optando estos por regresar.Cerca de dos horas después del asalto del teniente coronel Tejero al Parlamento, Juan García Carrés le transmitió lo siguiente:

la IIª Región Militar (Sevilla, Pedro Merry Gordon),
la IIIª (Valencia, Jaime Milans del Bosch),
la IVª (Barcelona, Antonio Pascual Galmes) y
la Vª (Zaragoza, Antonio Elícegui Prieto)

Se habían sublevado.Poco después le dijo que la Iª (Madrid, Guillermo Quintana Lacaci) y las Capitanías Generales de Baleares (Manuel de la Torre Pascual) y de Canarias (Jesús González del Yerro) eran dudosas. La VIIª Región Militar (Valladolid, general Campano) y el Jefe de la Zona Marítima del Mediterráneo, Capitán General Juan Carlos Muñoz-Delgado y Pintó, le transmitieron al Rey de España que estaban a su disposición para lo que él quisiera.

La Vª Región Militar (Zaragoza), bajo el mando del teniente general Elícegui Prieto, adquiere una importancia especial porque ese día se encontraban en la capital aragonesa varias unidades de la División Acorazada Brunete realizando prácticas de tiro. Pero ninguno de estos capitanes generales apoyaría firmemente el golpe. El único capitán general que se sublevó fue Jaime Milans del Bosch, quien sacó 1800 hombres, decenas de vehículos militares y 40 tanques a las calles de Valencia.




Cuento de Navidad cubano

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Había pasado su infancia sin Nochebuena ni Navidad por lo que odiaba profundamente, con toda la desesperación que se le venía al cerebro ya gastado por el delirio, como el que se queda sin fuego a punto de encender el último cigarrillo antes de que le fusilen.Ya de mayor había perdido batallas, batallitas y lo hacía con la misma estúpida fatalidad que esos que se olvidan de apretar los cordones de sus zapatos, los de los otros ni los tocan, y en el último momento se dan cuenta de que llevan mocasines desde hace cinco años.

En Gander, adonde le había traído un avión Iliuchin de Aeroflot rumbo a La Habana, tuvo que pasar noche y tres cuartos porque los pilotos rusos se olvidaron de volver al aparato cuando fueron al meadero del aeropuerto, aunque la versión oficial fue un defecto técnico en el tren de aterrizaje.

Mientras esperaba en la tremebunda terminal iluminada a giorno porque decían, alguien decía que decían, que aquel aparato estaba lleno de comunistas, encontró un chiringuito con una canadiense negra aburrida y dos pastillas de turrón de Jijona. Se lo comieron viendo una película con Harrison Ford en la que un personaje soltaba una frase, corta pero definitiva que descolocó a la dependienta: “Nena, eras una máquina de hacer el amor”.

No supo qué decir y le pidió a la muchacha tres enormes cervezas que se bebió mientras un policía les preguntó si habían visto salir alguien de los váteres. Al parecer era una cubana que empujó una puerta rotulada Sortie no sin antes avisar que quería pasar una temporada en la nieve canadiense.

Ya en su hotel doce estrelladadas de La Habana tuvo que pedirle a recepción que le subieran un rollo de papel higiénico y como el recepcionista no parecía entenderle tradujo: papel de culo, expresión que le había enseñado en París una compañera que había sido comandante en el Ejército Rebelde.

La camarera de piso le entregó al cabo el papel con explicaciones: ·”Perdone, pero es que desde que vino Obama y desde que firmamos con los norteamericanos, aunque siguen jodiéndonos al mantener el embargo, una semana sí y otra no escaseamos de algo. Antes era siempre. Ahora alternamos el exceso de tomates con la desaparición del papel higiénico”.

Por la tarde, desde París, me explicaron que en Francia escaseaba la mantequilla, que es como si faltase ginebra en el Palacio Real de Buckinghan, London.

Aquel mediodía almorcé un delicioso pollo a la cubana en el restaurante Monseigneur, en la calle 21 esquina 0. Durante todo el tiempo me acompañó una foto gigantesca de Bola de Nieve, quien por lo visto tocaba allí el piano mientras no se murió. Ya luego se quedaron solo con las fotos.

Tenía cita con una estrella de la que se hablaba muy bien, Adela Escartín. Después de liquidarnos doce mojitos dobles acompañados de camarones flambeados con Pernod, me miró y me espetó como quien no quiere la cosa: ·”Debo decirle que usted y yo somos hermanos de padre”.

Cuando me acordé del padre, el coronel, solté un escupitajo que pasó a dos centímetros de la calva del camarero. Acto seguido pedí que reforzaran de toda urgencia la producción de mojitos que fueron llegando a la mesa con su mantel de un blanco impecable sin parar.

Me pareció bella mi recién encontrada hermana. Y cuando cerraron Monseigneur pusimos rumbo al primer garito que encontramos. El Nacional ya no existía. El rey de Arabia Saudita lo había convertido en su residencia caribeña.

Aquella noche, me presenté en el cine Yara, pero el hombre que siempre había fungido de acomodador jefe me cortó el paso: “Lo siento, pero hemos cerrado porque la semana que viene empiezan las obras para construir un garaje de doce plantas… Dicen que en París están haciendo lo mismo y como el arrendamiento de plazas de garaje dan más dinero… No se olvide –dijo queriendo consolarme – que en París y otras ciudades europeas están haciendo lo mismo. Creo que ahora construyen minicines, que son como gateras, pero como también nosotros hemos entrado en la era del capitalismo no tenemos más remedio que adaptarnos”.

Me fui directamente al aeropuerto donde un jeque de Doha me ofreció una plaza en su avión para ir a Nueva York. Acepté porque estaba harto de pasar por Gander, escala que era obligatoria en viejos tiempos, cuando Cuba y Estados Unidos se tiraban los tiestos a la cabeza, pero desde que Obama había anunciado nuevos tiempos y los aviones de todas las compañías norteamericanas volaban directamente a La Habana, alguien tuvo la idea de ofrecernos a los europeos lo que llamó elegantemente “la ruta de la nostalgia” que, por lo demás, era la única practicable para viajar desde París. De otro modo había que ir a Fort Laudale y allí tomar un vuelo directo a La Habana.

Me desperté ya tarde. Estaba acurrucado en un bar cutre de este varadero en el que vivo, al final de Europa, a orillas del Mediterráneo. Recordé el sueño, mi hermana, el Yara, Gander… Qué cosas ocurren en el mundo de las soñarreras.




Desmadre informativo

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Extraño días los que hemos vivido. En Francia moría Johnny Hallyday, cantante de cantantes de los años sesenta que nos trajo hasta orillas de Europa el Rock norteamericano y se convirtió en el ídolo de millones de personas, el ídolo de las multitudes decía la canción. Y antes de que alguien abriera la voz de la razón, el féretro del querido cantante bajaba desde el Arco de Triunfo en París por los largos, larguísimos Campos Elíseos, llegaba a la Place de la Concorde, donde le cortaron el gaznate a Luis XVI, enfiló la rue royale, magnífica en esta época de tonos majestuosos del cielo y aterrizó en la Iglesia de la Madeleine, reservada para celebraciones de grandeza nacional.

Un cortejo acompañado por una multitud calculada en alrededor de un millón de personas que a pie o en moto, Johnny era motero en sus ratos locos, lo acompañó y fuera de           la iglesia, donde se santiguó Napoleón, el presidente de la República y otros invitados del show business dijeron sentidas palabras.

Un periódico francés soltó sin que se le cayesen las hojas de vergüenza que había sido un homenaje comparable al que se le brindó a Victor Hugo, el escritor que se ha había convertido en la conciencia del mundo con “Los miserables”.

Víctor Hugo, el hombre que nos enseñó a generaciones enteras la diferencia entre libertad y lo contrario, el escritor que nos hizo vibrar, que todavía nos hace emocionarnos con personajes metidos en la miseria y salidos para servir de guía a la humanidad entera. Un genio que no se repetirá.

Y una televisión insiste en que el homenaje a Johnny fue casi igualito, igualito.

Mon Dieu, piedad.

En Melilla, a la entrada del norte de África, unos aduaneros en medio de la rutina de reprimir el contrabando entre Marruecos y España y el resto de Europa, detienen un automóvil de lujo y empiezan a cachearlo, porque eso ya no es registro. Los agentes disponen de un aparato que detecta la respiración de un ser humano. Y allí, en el salpicadero del auto, encuentran un escondrijo y en la madriguera de plástico un chiquillo de 12 o 13 años a punto de asfixia, con la sudoración que hace temer un desenlace fatal. El niño está desorientado, no sabe dónde está. Pero los guardias civiles lo sacan con vida.

Uno más, dirá uno de los agentes. Ya han encontrado a otros menores escondidos en maletas, en los bajos de camiones que circulan entre España y África, en cualquier sitio. Las familias marroquíes, modestas pero conscientes de sus responsabilidades, mandan a los niños en esta operación kamikaze, pagando una pequeña fortuna a los bandidos que facilitan la operación, para alejarlos de la miseria y quizá, si Alá es misericordioso, hacerlos entrar en el Eldorado que para ellos es España y Europa.

No había banda de música en la aduana ni fanfarrias para acoger al chiquillo medio muerto en su camino para la paz, que rápidamente será devuelto a Marruecos o adonde sea, para que siga sufriendo, como un miserable de Víctor Hugo.

Washington D.C: El presidente que está haciendo que el mundo tiemble de miedo y de rabia, Donald Trump, ha olvidado decirle insolencias al presidente de Corea del Norte y nada más ni nada menos que se empecina en que Jerusalén, la ciudad santa de las tres religiones monoteístas, cristianismo, judaísmo, islamismo, sea única y exclusivamente la capital del Estado de Israel, construido el 14 de mayo de 1948 por las potencias occidentales, y al mando de los británicos siempre tan hechores de imperios y procuradores de todos los grandes lios mundiales.

Desde entonces, el pueblo que vivía en Palestina, es decir en esos territorios, los palestinos, para entendernos mejor, sufren lo indecible. No tienen patria ni se les quiere reconocer siquiera que tengan derecho a vivir, aunque sea separados del protector Israel por un muro que ríanse ustedes del que Trump quiere terminar para aislar a Estados Unidos de México.

Llevo medio siglo colectando informaciones, tratando de hacerlas llegar con un poco de entendederas a los lectores. Pero ¿cómo puedo saltarme del homenaje que invadió París, la capital de Europa por las luces que impartió al resto del mundo, el homenaje a un cantante, un gran cantante es cierto, pero nada más que eso, a la monstruosidad de Trump y, sobre todo, perdonen mi debilidad, al chiquillo sacado apenas con vida de un escondrijo en un coche.

Desde mi refugio en la punta más sureña de África, donde no se pone el sol, no entiendo nada y miro aterrado la pantalla del ordenador.

La información se ha convertido en un circo, en un desfile de payasos, diablos, bandidos venidos del fondo de África, víctimas tan inocentes como la chiquilla Cosette, a la que el miserable de los Miserables de Victor Hugo quería salvar de todas las acechanzas del París de los malos.




Los cubanos se aprestan a despedir, a su manera, otro año “jodido”

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Llovía fuerte en La Habana cuando transcurría el segundo sábado de diciembre, haciendo un poco más gris el ambiente citadino escaso de adornos navideños, al punto de sorprender a más de un viajero, de esos habituados a las muchas luces y guirnaldas cada fin de año. La lluvia fue presagio de un nuevo frente frío, era el anuncio de otro soplo de aire llegado del norte para suavizar el calor sofocante que ha acompañado al país, cuando los de aquí también se preparan, a su manera, para decirle adiós a otro año muy duro.

Sequía que quemó cosechas primero y obligó a bañarse con cubos a miles de personas; el huracán Irma que después zarandeó al 70 por ciento del territorio nacional, dejando pérdidas de tal magnitud que las autoridades nunca dieron –quizá por temor a amplificar la tragedia- un balance total de estragos; y una nueva administración en Washington que ha vaciado de esperanzas a quienes soñaron con tregua después de medio siglo de confrontación.

Un panorama este que llevado a ejemplos implica falta aguda de dinero fuerte para pagar hasta requerimientos básicos como la importación de las materias primas que demanda la producción nacional de medicamentos o una baja palpable en la llegada de turistas, cuando ese sector equivale a una de las principales fuentes de ingresos en divisas.

La Asamblea Nacional sesionará el 21 de diciembre y hará un conteo de lo ocurrido en este tiempo sin que se puedan esperar vítores, pese a que muchos suponían que a esta altura de los cambios económicos emprendidos por Raúl Castro poco después de asumir el mando de la nación a mediados de 2006, el día a día debía ser menos complicado.

Aun así nada indica que se piense posponer el relevo generacional previsto en el liderazgo del país a partir de febrero próximo, mes en el que el más joven de los Castros, 86 años, entregaría la presidencia del Estado y del gobierno, y arrancaría la despedida gradual de la llamada “generación histórica” que acompañó primero a Fidel y después a Raúl en la conducción de la nación durante casi 60 años.

Las condiciones vigentes son de austeridad, una constante desde hace décadas. No obstante, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se puso en marcha en punto, con profusión de imágenes, ilusiones y creadores llegados de medio mundo, como si su fundador Alfredo Guevara siguiera en vida, y cada quien, al margen de los cines repletos o las penurias que sobran, se ha dado a la tarea de despedir este año de la mejor manera.

Si no alcanza el dinero para lograr todo lo que se quisiera –léase el ron, la cerveza, el cerdo asado, la yuca con mojo, los frijolitos negros dormidos, y el arroz blanco desgranado- para la cena navideña, es prácticamente imposible que se pueda encontrar algún isleño que pase por alto reunirse en familia el 31 de diciembre con lo que tenga a mano y brindar a las 12 de la noche, convencido de que “el año que viene será mejor”.

Hay pequeñas cantidades de turrones de jijona y alicante importados de España –a fin de mantener la tradición- en las tiendas que comercializan en moneda fuerte. Nadie sabe todavía si habrá uvas, las que suelen ser compradas en Estados Unidos, y la gente saca sus cuentas, que por lo general no dan, porque este país es uno de los más caros del planeta.

Los hoteles tienen erguidos sus árboles navideños para complacer a los clientes, aunque a falta de adornos la ciudad parece no enterada de que estamos en la recta final de 2017. Sin embargo, los cubanos, gente bullanguera y noble, parecen dispuestos a despedir con risa tanta suma de desgracias.

“Que va, mi hermano, yo me he jodido mucho este año, por eso ahora que ni me hablen de más problemas, el 31 sonamos un rumbón en casa y a templar por los portales”, me dijo sin recato alguno el mulato Rodrigo Marrero, 65 años, como suele hablarse en la calle Jovellar, en la populosa y modesta Centro Habana.




Cuando Estados Unidos tenía hambre

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Desde la grandeza de la miseria que describía Horace McCoy en sus libros, sobre todo en el inolvidable “¿Acaso no matan a los caballos?” (también titulado “Danzad, danzad, malditos”), éxito cinematográfico con Jane Fonda, a la elegancia de un mundo refinado y pudiente de Paul Auster hay varios siglos, varias formas de vivir y de morir.Cuando no se es un genio y nadie ha pretendido que lo fuera, deberíamos considerar que los genios oficiales tienen derecho a sus genialidades, que nos toca respetar, aceptar, venerar y hasta vitorear por el mero hecho de que una serie de señores han escrito ditirambos sobre él.

Pero llevo un tiempo que no acepto esos catecismos. La edad me permite decir que he asistido en cincuenta años de escritura (como periodista y escribidor) a tantos engaños, he visto nacer tantos falsos escritores geniales, he rabiado cuando algunos corifeos les bailaban el baile de los siete velos, que ya no creo en la genialidad.

Y lo peor es que ahora, después de haber aceptado durante años, por timidez, por considerar que si los grandes críticos lo decían sería porque tenían razón, porque tú no eres más que un cuentista que nunca llegarás a la altura de ese señor, ahora quiero decirlo.

Esta vez es peor. El autor Paul Auster, el más cinematográfico de los autores norteamericanos, firmante de algunos libros que personalmente me han llegado al alma, que es adonde tiene que llegar la lectura convincente, pero esta vez, no. El mismo autor pretende en la contraportada de su último libro “4 3 2 1” 1k200 gramos de peso y 23,90 euros de precio): “Siento que he estado preparándome toda la vida para escribir este libro”. Y el redactor de turno agrega: “Acogida por los medios como “la mejor novela de Auster” (Harper’s Magazine), estamos ante un ejercicio soberbio de precisión narrativa…”

Piedad. No es genio quien cree serlo. La genialidad es un don de los ángeles o de los demonios pero no una voluntad de querer ser.

Todo el mundo recuerda, hasta los analfabetos, el comienzo de El Quijote: En un lugar de la Mancha…

No creo que nadie se acuerde por mucho tiempo el comienzo de “la precisión narrativa” de que habla Harper’s Magazine: “Según la leyenda familiar, el abuelo de Ferguson salio a pie de Minsk, su ciudad natal con cien rublos…”

Lejos, muy lejos, a las antípodas de este Paul Auster, se sitúa el modesto escritor Horace McCoy, fallecido en 1955. Sin ninguna exquisitez universitaria que exhibir en su currículo, fue periodista callejero, reportero de deportes y de lo que cayera. Además de haber sido un héroe de la I Guerra Mundial (1914-1918) trabajó para vivir de su pluma, a veces de guionista en Hollywood y cuando caía el chollo de actor.

Leer a Horace McCoy es adentrarse en la miseria vista por los Estados Unidos, de la que otro testimonio aterrador es “Las uvas de la ira”, basada en el libro de John Steinbeck sobre el choque económico que sufrió el país a consecuencia del crac bancario de 1928.

El que hoy es el país más poderoso del mundo tocó fondo en aquellos negros años treinta y la miseria, como siempre, afectó a los menos preparados, a los más pobres, a los indefensos de siempre, a los que no habían previsto robar para resistir. Y aunque la crisis comenzó con banqueros que se arrojaban por las ventanas de sus despachos cuyas paredes estaban recubiertas de maderas preciosas, la cuenta la pagaron, como siempre, los más débiles.

Poco antes de esos años terribles, en París, lejos de los campos arrasados por la miseria y de las fábricas paradas en todos los Estados Unidos, se acuñaba el terrible apelativo de loser, perdedor. Pero aquello, con Hemingway y otros escritores nacientes por medio, era cosa de señoritos. Una manera romántica de llamar a los que no conseguían alzarse al podio de la fama.

Pero en lo más profundo de los Estados Unidos, donde millones de hombres, mujeres y niños se rebullían en la miseria que no hacía más que comenzar, ya faltaba de todo. Y no se hablaba de perdedor acercando los morritos a una taza de té del mejor de Ceilán y a unos pastelillos como se hacía a orillas del Sena, en aquel lejano París que entonces rimaba con paraíso.

McCoy, reportero sin más futuro que el que pudiese depararle el azar, la chance esa que nunca se sabe dónde para, porque nadie la conoce ni nadie sabe nada de ella, sino solo cuando te toca con su varita mágica. A Mccoy aquella crisis espantosa, aquel cabalgar de todos los caballos hambrientos del Apocalipsis que entonces nadie conocía le cogió haciendo reportajes para un diario deportivo. El hambre le llevó a Hollywood, en busca de algo que hacer en el cine, donde mucho más tarde encajó como actor primero, pero sin finalidad ni futuro, y luego como guionista.

Pero allí, en el Hollywood que ya entonces alimentaba los sueños de los norteamericanos, los mismos que ahora buscaban un pedazo de pan, una taza de café, quiso agarrarse al carro de la fama del cine y conoció a gente, desesperada como él, que buscaba también una posibilidad.

La primera pareja que probablemente conoció pudo ser la que describe en su libro “¿Acaso no matan a los caballos?” fue la que formaban el protagonista del libro y una muchacha sin grandes atractivos, Gloria que, como él, quiere encontrar un hueco en la industria del cine.

Matan el hambre en un parque y entonces Gloria, que será el ángel malo de la historia, lanza la idea: “Una amiga mía quería convencerme de que participara en un concurso de resistencia de baile… Un puñado de directores asisten a estos concursos. Siempre puede ocurrir que reparen en una y le den un papel en una película… ¿Qué dices a esto?”

Él está convencido de antemano. Tendrán que bailar o hacer como que bailan en una pista durante muchas, muchísimas horas sin parar. Pero en los descansos les aseguran comida y cama. ¿Quién no iba a estar tentado por semejante proposición? Los dos sienten el hambre que todavía no quiere dar la cara.

“El concurso de resistencia de baile se celebraba en un enorme edificio que había en el muelle de atracciones, en la playa, y que anteriormente había sido una sala de baile abierta al público”.

Hora tras hora, bailando primero y luego arrastrándose, sin ya sentir las piernas, con enfermeras que les ayudan a no parar, que les echan baldes de agua helada para despertarlos, porque duermen de pie, consiguen aguantar 879 horas moviéndose, arrastrándose, babeando por la pista, con el premio de mil dólares en la mente que nunca ganarán. Y cuando la espantosa zarabanda termina con un asesinato y tienen que marcharse han ganado con tanto sufrimiento apenas 50 dólares cada uno. Gloria está desesperada, lleva mucho tiempo al borde del abismo, sabiendo que la vida, aquella vida por lo menos no vale la pena.

Habla Gloria: “Una vez probé de matarme y no lo conseguí, y nunca tendré el valor suficiente para volver a intentarlo… ¿Quieres hacer un favor del mundo…?”

Finalmente, ella saca una pequeña pistola que lleva en su bolso.

“-Aquí la tienes, dijo ofreciéndomela.

-No la quiero. Guárdala. Ven. Vamos dentro. Tengo frío.

-Tómala y haz lo que te pido en nombre de Dios…

Al final, el muchacho no aguanta, empuña el arma y le pega un tiro en la cabeza.

-¿Por qué la has matado?- me preguntó el policía que iba sentado a mi lado.

-Ella me lo pidió.

-¿Has oído eso, Ben?

– Es un muchacho muy servicial – dijo Ben por encima del hombro.

-¿Es eso lo único que puedes alegar?

-¿Acaso no matan a los caballos?”




De banquero fallido a arquitecto de lo exquisito

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Antonio López tiene 62 años y unas ganas enormes de comerse el mundo. Ya hace un rato que empezó a masticarlo desde la cocina del restaurante que con su esposa, cocinera eximia, y su hijo, agradable contertulio en los comedores que tiene su altar en un patio transformado, pero hay huéspedes hasta bajo los tejados, donde en tiempos de secaba el grano. Porque el Restaurante La Salina o el Mesón la Salina, más rudo, más auténtico, se alza en una colina de Fuengirola a la que subir en busca de una buena comida abre el apetito. Se recomienda bicicleta, moto o automóvil. Pero vale la pena.

En la puerta, Antonio te saluda como si hubieseis pasado la vida juntos contando castañas o probando cebollas en medio del campo. Aunque él dice que es de Ronda, no sé si tiene nuestro hombre mucha afición al campo y si en realidad ha hundido alguna vez los dedos en el surco.

En Ronda, sus padres querían que fuese banquero, por lo menos apoderado de un banco, que es donde están los cuartos. Y con las ganancias que ahora tienen estos establecimientos tan necesarios como las iglesias para los creyentes, al niño ya le veían de corbata y manejando todo el día las fortunas de la gente del lugar. Porque Ronda es un lugar donde la tierra es generosa y los banqueros siempre están al acecho, quiero decir dispuestos a ayudar.

Dice desde lo alto, un poco más abajo de donde se estrujan dos ojillos que deben de esconder muy requetebién las mentiras o las medias verdades, que le enseñaron lo que no tenía que hacer.

Y hace aquello para lo que él cree que tiene talento, la cocina, con la intercesión de las manos y el talento de su esposa, una cocinera que, al parecer, pero ya saben cómo es el ego masculino, trabaja en comunión con Antonio, auténtico arquitecto de la cocina, que lo mismo remienda un queso que le han traído hace ocho días, lo afina, y lo pone a tiro de cualquier aficionado aunque no sea un gourmet tres estrellas, que te remienda un plato a priori descabellado.

El restaurante tiene una carta agradable y sin chistes de nouvelle cuisine y con la carta de vinos pasa tres cuartos de lo mismo. Sobriedad y calidad. Nada de payasadas con aparatos de acetileno y extraños mejunjes salidos de un manual de química.

Aún cuando esté comiendo unas chuletillas de cordero (más que exquisitas fueron las que nos sirvió), Antonio le dará siempre la impresión de que le está ofreciendo manjares que usted nunca probó y que nunca hubiese probado de no haber aparecido por este local con alma del cortijo o de convento que fue en tiempos del diluvio universal.

No soy crítico gastronómico, lo mío es ver y contar. Y cuento cómo llegas a comer y ni abres la carta. El cuentista de Hamelin que ni lleva la flauta de reglamento te ofrece manjares, cosas, sin ton ni son, ni carta, sin orden ni concierto. Y sin pretenderlo te encuentras degustando eso que no sabes lo que es, pero ya Antonio te dirá como Sherazade le contaba cuentos al sultán para que no la degollara.

Hagan lo que quieran. Pero les aconsejo que vayan y se pongan en manos de este hombre que se olvidó ser banquero y que tampoco presume ni de cocinero ni de ordenador de cocina. Es simplemente un arquitecto del buen gusto.