Cosas
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

El 17 de diciembre de 1985 conocí a uno de los hombres que mas admirabamos en aquel momento en Europa, Fidel Castro. Pero yo no había aterrizado en la capital cubana porque hubiesen estallado tumultos como los de días pasados. La agencia France Presse me había enviado para cubrir una edición del Festival de Cine Latinoamericano. Ese festival empezaba a sonar en el mundo y Fidel consideraba su importancia como eco de Cuba en el mundo. Estaba convencido que se podía prestigiar a Cuba con la cultura del cine. Unos treinta y seis años después la gente, los cubanos, se han echado a la calle. No había discursos ni candilejas de cultura por medio. Era puro palo y el horror de ver tropas entregadísimas frente a miserables, auténticos hijos de Víctor Hugo, porque las mismas cosas se repiten en el tiempo y en los pueblos. Y se llegan a leer barbaridades como las que hablan de una posible o deseada intervención en Cuba de las tropas de las Naciones Unidas. Casi nada. La persona que hizo esa petición a su almohada no tenía idea de lo que decía. Esos soldados intervinieron una vez en el Congo Belga y ello le costó la vida a uno de los grandes líderes africanos, Patrice Lumumba. Luego fue el caos que dura todavía. Creo que aquello sucedió en 1960, hace un rato. El tiempo ha pasado. Cuba ha olido el olor de la pólvora, y no por culpa de invasores extranjeros. Nadie sabe lo que depara a los cubanos el destino. Pasa solamente que yo me he acordado de Fidel y de sus películas. Cosas.