Cuba y las aguas desbordadas
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Manuel Juan Somoza La Habana | Maqueta Sergio Berrocal Jr. | foto tomada de Facebook

 

El huracán no deja de lanzar su rabia contra Cuba por el insolente derecho a emerger en el mismo centro de su camino habitual por el Caribe y lo hace con furia desde 2019, no desde ayer o desde una semana antes como suelen hacer los ciclones en sus andanzas, porque el vendaval que se ceba ahora con la isla ha surgido de una mescolanza de viejos ingredientes cocidos a fuego lento para terminar dando cuerpo a otra crisis sin final feliz al alcance de la vista.

Había leído que las crisis, además de retorcer la vida de los mortales simples, dejan al descubierto las fortalezas y debilidades de los hombres y las sociedades blancos de su furia, y cada día , de los pocos que  salía a las calles, lo perseguía el crujido de las 100 mil costuras con las que se había mantenido a flote su país. No era el primer huracán que lo estremecía, pertenecía una generación que aprendió a vivir entre ellos casi desde que todo comenzó en enero de 1959, pero el de ahora era un huracán sin nombre –al anterior lo bautizaron con el eufemismo de PERIODO ESPECIAL– ; el nuevo remolino andaba suelto sin alias, motes  ni  apellidos  y era a su entender más peligroso que aquel con el que su isla despidió el Siglo XX.

Economistas, sociólogos, zapateros, sembradores de caña y hasta artistas emblemáticos como Silvio Rodríguez llevaban décadas advirtiendo que el socialismo a la cubana arrastraba problemas estructurales; que la guerra económica del Norte era una elemento clave a tomar en cuenta en cualquier ecuación, no solo para denunciarla o justificar con ella insuficiencias propias, sino para buscar desarrollo autóctono sin desconocer que el gigante nunca perdonaría a David por entrometerse en su camino; que era un monumental error el tamaño desmedido del estado, generador insaciable de burocracia y apatía ; que resultaba fatal la  ausencia de participación ciudadana real, no teatral,  en la ejecución de proyectos decisivos; que cada parche que se le ponía a la estructura social del país le arrancaba un pedacito a la esencia de esa revolución verdadera que conmovió al mundo en el 59.

El huracán había irrumpido sin pedir permiso y  los parches y otros males acumulados se hicieron evidentes y comenzaron a explotar. El gobierno cerró a la Habana, salvo excepciones justificadas, para contener la Covid y los ejecutores del cierre prohibieron hasta la entrada de alimentos, no lo consideraron excepción justificada. Los científicos se consagraron en la creación de  cinco vacunas  contra la epidemia y al mismo tiempo devino reto a la salud y a la paciencia encontrar antibióticos o aspirinas en el mercado, era como si estuviera prohibido enfermarse de otra cosa. Los que mandan se reunían cada día,  cada segundo para impulsar las medidas de emergencia que consideraban pertinentes y los responsables de aplicarlas, la inconmovible burocracia, enredaba cada decisión. Y mientras reventaban los parches , afloraban los absurdos. Una amiga encontró  en una óptica esos artilugios médicos para descongestionar las tripas por vía anal  y al preguntar a la tendera qué hacía ese artefacto allí y no en una farmacia, la respuesta fue igualmente original: “Porque parece que quieren que aprendamos a mirar por el culo”. Un día se anunció oficialmente que los cigarrillos volverán a ser vendidos por libreta de racionamiento y menos de 24 horas después se informó también oficialmente que se reducirá la cuota de pitillos por persona a falta de materia prima, mientras los cigarrillos en venta libre se comercializan en dólares estadounidenses, divisa que a partir del 21 de junio la banca estatal  dejará de recibir en efectivo, luego de que en 2019 el gobierno abriera un mercado nacional en monedas libremente convertible con el usd como referente, billete verde que paradójicamente después del 21 de junio seguirá reinando como referente de las cuentas bancarias, porque según lo dicho hasta ahora, si alguien envía euros a esas cuentas, automáticamente el banco la cotiza en usd. Ah,  en Cuba el salario y las pensiones son en pesos nacionales.

Hay crisis y locura generalizada. Desasosiego que tiene a la ofensiva a los contrarios al rumbo socialista, que lleva a unos a atrincherarse como en la preparación del  último combate por lo que creen desde el 59, que induce a otros a pensar en la migración a cualquier costo como única salida, mientras cuentan además quienes no comprenden todavía el alcance del  huracán ni saben hasta donde llegarán las aguas.