Cuba está pariendo
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Manuel Juan Somoza | La Habana

No era la primera vez que sufría una crisis económica en Cuba o que por oficio se veía involucrado en reportar alguna guerra, y sin embargo sentía que lo que estaba ocurriendo en su país ahora iba mucho más allá de lo vivido en medio siglo de ejercicio profesional. Sí, porque la trascendencia del día a día sobrepasaba la falta de alimentos y medicinas, dejaba pequeñitos los estragos de un año de epidemia todavía sin control, convertía en rutina macabra las muchas sanciones económicas del Norte. El resultado de esa combinación de realidades se expresaba en una desidia social desoladora; en un divorcio que se acrecentaba entre la cotidianidad y lo que suponían los decisores; en el surgimiento de nuevas formas de decir sentimientos y rencores; en la exposición a plena luz de los mil remiendos con los que durante décadas se trató de atenuar una realidad social que nunca alcanzó la bonanza.

Huelgas de hambre como forma de lucha ha habido en el país desde mucho antes de que él naciera y también de alguna de ellas –falsas por cierto- tuvo que dar cuenta en su andar reporteril. Pero el alcance del actual drama nacional para él iba mucho más allá del nuevo huelguista, del manido trucaje de asesoramiento y financiamiento norteño, de si son mercenarios o no el ayunante Otero Alcántara y quienes lo aplauden aquí o desde allá. Lo estremecedor es que Cuba ha dejado de ser aquella que en los años 60 y 70 desafió a Goliat y lo venció; que en los 80 creyó llegada la hora de ajustar el rumbo mediante el proceso de “Rectificación de errores y tendencias negativas”, especie de parlamento nacional realizado calle por calle, plaza a plaza que quedó apenas en un desahogo colectivo, porque después llegó la pavorosa crisis de los 90 y la muchachada de entonces devino pragmática y desconfiada de las promesas, hasta que el siglo en curso irrumpió con el acceso masivo a internet –la verdad dejó de ser lo que aseguraba Granma- ; marcó la jubilación de quienes definieron el rumbo en el 59 ungidos por leyendas bravas; comenzó el acceso al poder de una nueva generación de líderes,  la agresión del Norte fue redoblada; y reventó otra crisis, esta vez ética, económica, política, social y sanitaria.

Las señales de cambio van desde las edades y procedencias de los nuevos opositores a eso que llamamos socialismo cubano –las tácticas no han variado-, hasta el posicionamiento crítico ante la pretendida unidad sin aceptar las diferencias de gentes tercas que siguen –seguimos- apostando por el rumbo del 59, pero que se dan cuenta, por suerte, de que han pasado sesenta y tantos años y varias generaciones desde ese enero inolvidable. De ahí, por tanto, un criterio entre muchos del profesor universitario Abel Tablada, reproducido por el Blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez el 2 de mayo pasado bajo el título “El primero de mayo y las reivindicaciones”.

“Cuando esos mecanismos (de diálogo) para encausar problemas, aspiraciones y reivindicaciones no existen, o son ineficaces o ficticios, cuando el poder traza líneas rojas que dejan un margen muy estrecho de acción, cuando las supuestas reuniones, encuentros, eventos y debates entre el gobierno, sus instituciones y la ciudadanía son cuidadosamente diseñados para que el guion no tenga sorpresas incómodas, entonces se alimenta el camino para la ilegalidad, el mercenarismo, la intervención extranjera en asuntos internos y sobre todo para una división profunda de la sociedad”, razonó Tablada en un comentario tan lúcido como muchas de las entradas que generó, incluidas las de Silvio Rodríguez.

Hace 25 años, la existencia de Internet en Cuba era reducida y opiniones como esta por lo general no trascendían los intercambios entre amigos o familias. Pero los tiempos han cambiado, las promesa sin cumplir erosionan, las señales se multiplican y el país se estremece como nunca antes.