Cuba y un contador de 54 años
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Manuel Juan Somoza | La Habana

Tiene 54 años, es Licenciado en Contabilidad, pasó por todas las fases duras de su generación, desde la beca lejos de su casa hasta el servicio militar en El Cacho; sus cuatro hermanos y hasta uno de sus dos hijos optaron por vivir fuera de la isla; ha sido siempre un crítico incisivo de la realidad cubana, quizá por haber vivido entre los vericuetos de una cotidianidad compleja en la que van de la mano el robo y la simulación, e igualmente el sueño compartido de que mañana todo tendrá que ser mejor. Ha sido y es así este cubano con criterio propio, esperanzado hoy porque una nueva generación –muchos de su edad- haya tomado el mando de la Nación en el 8vo congreso del Partido Comunista.

 “Me cuadra” el nuevo Buró Político de 14 miembros que encabeza, sin segundo al mando designado oficialmente, Miguel Díaz-Canel, me comentó en una extensa y reciente conversación, en la que para asombro de ambos no terminamos discutiendo. Y para mí, que por oficio calibro cada día el acontecer, desconfiando también por oficio de lo que me dicen oficialmente hasta que lo confirme la práctica; conocedor de casi todos los pronunciamientos de los contrarios de aquí y de allá, opuestos eternos a la continuidad de esa búsqueda de un tipo de sociedad en la que no mande el dinero que suele llamarse Socialismo; para mí, que en 75 años he pasado las buenas, las regulares y las malas a partir de una niñez segura, de una juventud arrebatada por la revolución y de una vejez con muchas cicatrices,  escuchar sus valoraciones del congreso fue importante porque este cubano de 54 años me ratificó que en la presente hora compleja del país –una más- hay muchísima gente que no se pierde en augurios fatalistas y promesas divinas, y sabe qué hacer en momentos de definiciones , aunque encabrone las colas para adquirir cualquier cosa necesaria, aunque aturdan tantos meses de epidemia y muertes, aunque se sepa que el futuro inmediato seguirá siendo una desafío al camino trillado por el capital casi en todas partes, sistema ese que sí no admite cambio alguno.

Me disculpa usted que lee desde lejos y tiene conformado su criterio desde sus vivencias, que seguramente serán otras, pero es que resulta tan tremendo el reto de esta hora y es tan digno mantener el rumbo en medio del vendaval, que uno siente la necesidad de contar estas historias, que no son fruto de imaginación ni propaganda. Nadie puede saber lo que ocurrirá mañana o pasado en mi país, que tampoco es plaza uniformada de criterios y posiciones políticas, hay de todo como en botica; y hay también a mi entender disposición mayoritaria a continuar siendo excepción por el bien común en este conteniente americano, donde la Covid concentra el mayor número de muertos del planeta, donde la miseria se multiplica bajo bendición neoliberal, donde sigue radicando el mayor Impero contemporáneo, y donde se mantiene todavía la esperanza de otro mundo.