Cuba, criptomonedas y un congreso atípico
image_pdfimage_print

Manuel Juan Somoza | La Habana

Parecía que me hablaba en mandarín y no en castellano aquel joven ingeniero cuyo nombre obvio para quedar los dos tranquilos.  Él hablaba de Bitcoin poco después de que el 8vo congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) llegara a su fin el lunes 19 de abril. Yo acababa de enviar mi nota de la jornada al editor en México acerca de ese cónclave atípico a causa de la incontrolable tercera oleada de covid , y aun me preguntaba cómo sería la vida en mi país a partir de ahora que Raúl Castro consumó su retiro de la política activa tras compartir con su hermano Fidel el liderazgo de la nación durante 62 años, y una nueva generación de dirigentes que nunca durmieron en hamacas como los viejos guerrilleros devenidos estadistas,  estaba al mando del país con Miguel Díaz-Canel al frente.

Todavía me sentía atado a los resultados del cónclave y el joven hablaba de criptomonedas y su incursionar en esas lides a mí, que provengo de la época del ábaco, y escuchándolo sin entender ni la mitad de lo que decía supuse que la época por venir en este país será muy distinta a la vivida, y está por ver si los nuevos líderes sin el pedigrí de las hamacas serán capaces de mantener también el consenso nacional, mientras sortean el vendaval de una economía nuevamente en crisis, de una epidemia que no apunta al fin aunque los científicos cubanos avancen en las pruebas de cinco vacunas propias; de mucho malestar social a cusa del desabastecimiento generalizado y el aumento del costo de la vida; y todo lo anterior en una perspectiva incierta en cuanto a cómo podrían ser las relaciones con el poderoso vecino del Norte –cuyas políticas han incidido en Cuba desde muchísimo antes del triunfo de la revolución de Fidel Castro-, cuando Biden mantiene inamovibles las 200 y tantas sanciones económicas impuestas a mi país por Trump.

Él hablaba de criptomonedas sin que le importara más de tres cominos lo que acababa de ocurrir en el congreso; tenía claro según creí entender que invertiría en una especie de segundo nivel en ese tipo de bolsa-digital y yo alucinaba. El joven ingeniero no se había formado en Nueva York ni en Londres, es producto nacional, y forma parte de los nuevos emprendedores como gusta identificarse aquí a ese sector de trabajadores autónomos surgido con la cautelosa reforma económica que impulsó primero Raúl Castro como complemento de las predominantes empresas estatales, y le corresponderá al nuevo liderazgo desplegar en todo su alcance “sin poner en riesgo al socialismo”, según advirtió bien claro en el congreso el hermano más joven de Fidel.

No dudo que otros jóvenes ingenieros o no, presumo que en mayoría, estarán identificados con los resultados del congreso, se sentirán continuidad de la generación a la que pertenezco –le correspondió iniciar el camino por el que se sigue- y pondrán hasta el alma para levantar al país. Pero lo cierto es que que los tiempos han cambiado y hasta en el congreso se propuso por primera vez “avanzar en el estudio de las criptomonedas en las actuales condiciones de la economía”. Seguimos vivos entre vendavales económicos y pandemias mortales, desentrañando el ámbito digital en auge, que no es sustancia –esa está en las calles y en los montes- pero sí reflejo de la realidad que compartimos; espejo de ese burujón de posiciones, opiniones, aspiraciones personales  y tendencias polítticas, especie de ajiaco ese que tiene entre sus ingredientes lo mismo al joven que apuesta por el Bitcoin, que al que se consagra en crear nuevas vacunas; y esa amalgama, con otros muchos componentes, condicionará los años por venir mucho más allá de los acuerdos del congreso y será el reto mayúsculo de la nueva dirigencia.