Una mala película, una actriz genial
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Que suerte la mía haber sido durante una parte de mi vida crítico de cine… De otro modo estaría tragándome todavía una mala película producida por la cadena de televisión Netflix nada más y nada menos que con la pretensión de contarnos lo que fue la vida de Madame Claude, la mujer que regentó la prostitución de lujo y maceteros en París, cuando una señorita podía acostarse con quien le pagara y ser una patriota. Madame Claude se instaló en París allá por los años sesenta con el propósito de hacerse millonaria y creo que lo consiguió aunque luego, muchos años después, las cosas no fueron tan lindas.

Sabía el encanto de París y quiso explotarlo a su manera cuando llegó desde su provincia lejana dispuesta a hacer la fortuna que no había conseguido en su pueblo. Bastante agradable de rostro, pronto se llamó Madame Claude y era más conocida que la estatua de la Libertad. Se instaló en lujosas viviendas y poco a poco reclutó un ramillete bastante oloroso de mujeres jóvenes, hasta más de 500 tuvo, debidamente adiestradas para dar placer al hombre. Y tener oídos de zorro del desierto, porque lo que le dijeran sus “pacientes” en la cama, en general en los más elegantes hoteles de París, podía ser más valioso que los billetes abundantes que costaban sus servicios.

Era una multinacional del sexo, le gustaba decir a ella, con sucursales en Suiza, Gran Bretaña, Suiza y, agregaba con picardía… Ibiza. Por supuesto que no la conocí. Yo era un periodista demasiado joven y aunque estábamos en París en los años benditos de los sesenta no nos pagaban suficiente como para poder entrar en el mundo de fantasía que la astuta provinciana había creado. Porque además del batallón de mujeres que se elegían en un catálogo y que representaban cientos de concurso de bellezas internacionales, tenía una “bandera” de hombres para que nadie se pudiera quejar. En general eran los diplomáticos, ministros y otros altos cargos que visitaban la capital de Francia quienes demandaban sus servicios, porque tenían garantía de seriedad, belleza sobre todo y silencio. Lo que los consumidores no sabían es que Madame Claude tenía un trato con la policía y todas las cosas sabrosas que tal ministro de un país del que ya no me quiero acordar soltaban después de haber consumido eran trasladadas a los servicios secretos franceses.

El caso es que esta mujer, que ya está jubilada y ha dejado de existir ese coro celestial de muchachas finas, educadas, deliciosamente sabrosas, el sueño ha desaparecido. A menos que… Voy a que la plataforma de TV Netflix ha tenido el atrevimiento de querer retratar a Madame Claude en una película que acaba de estrenarse y de la que me he escapado a los 41 minutos de proyección, asqueado, con ganas de llorar. Aparentemente ya no hay cineastas capaces de tratar el sexo con finura, elegancia y galanura. Lo que he visto es una memez tan grandiosa que allá ellos.

Pero probablemente es que ignoraban que ya se hizo una Madame Claude en el cine. La rodó nada menos que Just Jaeckin, el que inventó o casi a Emmanuelle. Después no se ha vuelto a hacer nada con tanto talento, tanta gracia y semejante elegancia. Claro que para interpretar a la reina de las prostitutas de París, eligió a una de las actrices más maravillosas que ha tenido Francia, Françoise Fabian. Era en 1977 y la protagonista gozaba de todos los aplausos que por adelantado le enviaba su público. Hace unos días, participé en un encuentro con otro periodista de la República dominicana y me atreví a decirle que el cine que nosotros habíamos conocido se había acabado, tanto más con la terrible plaga que ha puesto el mundo al borde del abismo.

Pero como la gente es muy cuca, se les ha ocurrido que una Madame Claude con sus referencias en época de confinamiento sería una genial idea. Y ahí está. Netflix, que se ha atrevido. Creo que a estas horas Françoise Fabian puede recordar con orgullo los títulos que han llenado su biografía, entre los cuales el más popular es sin asomo de duda “La bonne année”, una maravillosa comedia de Claude Lelouch con el que en su momento era otra estrella rutilante en Francia, Lino Ventura. “La bonne année” es una película muy moderna y especialmente trabajada por el cámara de Lelouch que hacía girar la cámara como si se tratase de un actor más.

Adieu, Madame Françoise Fabian, que tenga suerte y, si todavía le queda un ratito, aunque ya la edad ha alcanzado el momento del descanso, denos la sorpresa de otro gran film que quede también para la historia del cine francés.