RATA Y ¡Tiburón!!!

César González | Paris Francia   

Dos de la tarde, sol de plomo en el aeropuerto, toda la jodia mañana con problemas. Finalmente una pausa. Se había tomado un bocata y una cerveza y la digestión le hizo adormilarse. Un destello del sol en los cristales, le      llevo unos cuantos años atrás. Habían llegado a Acapulco tarde, los hoteles completos, finalmente le sugirieron un hotelillo en las afueras, cuando llegaron, el guardia con rifle les acogió y pusieron las maletas en una habitación de esas que te olvidas al día siguiente. Le preguntaron dónde podían cenar y les indico uno de los tugurios que corrían a lo largo del despena perros que lindaba el mar. Una vez sentados y hojeando el menú, la sala estaba llena de parejitas ilícitas, se notaba en los arrumacos que se daban y en el juego de manitas, cuando vio una cosa enorme, parecía una liebre o un perro mediano negro, en claro una enorme rata que atravesaba tranquilamente la sala del restaurante, no dijo nada por temor a que se armase la marimorena, cuando de repente un chillido enorme resonó , seguido de otras más variados, la batalla de Teruel se desencadeno y el ruido de los disparos resonó en toda la sala, los tíos iban todos armados y el alarido de una de las chicas desencadeno el machismo para intentar de cargarse a la puta rata, que con aire de descojonarse de risa e indemne, termino su paseo y desapareció del otro lado de la sala. La tranquilidad volvió, las chicas encantadas con sus hombres que las habían defendido y el patrón ofreció tequila para todo el mundo? Que País!!

Salieron al día siguiente para Zihuatanejo, paraíso que le había aconsejado un colega Transporte local, bus viejo y destartalado, de los antiguos Greys americanos, Durante el trayecto estuvo hablando con el conductor, conductor a la mejicana, rey de la carretera o te apretabas de su trayectoria o se te llevaba por delante, enormes socavones, le pregunto por el pueblo y el le aconsejo un hotel/ pensión, al borde de la playa. Qué tiempos aquellos donde viajaba sin haber reservado nada, en plan aventura. A un momento dado le dijo que cuando se bañase tuviese cuidado con los gatos, como con los gatos?, ellos le llamaban gatos a los tiburones…
Llegaron al pueblo, pensión de una simpleza monacal, una habitación con una ducha al fondo y una trenca con armario para colgar la ropa, monacal. Cansados como estaban, durmieron del sueño de los benditos. Se despertaron con el sol entrando a raudales por las rendijas de la puerta. Para desayuna frijoles con huevos y cerveza, a la moda mejicana. Les aconsejo la patrona, dejar la playa de la pensión e irse a enfrente de la bahía, la playa de las gatas. Dicho y hecho se acordaron con un pescador del puertecillo que había para que les llevase y les volviera a buscar.

Paraíso terrenal, foto de revista en colores, mar azul, agua transparente y tres palmeras, un chiringuito al fondo. El paraíso. Resulto que el tío que regentaba el chiringuito era un francés, supongo escapado de los de la OAS, ya que comentaba mucho el norte de África. Farniente, bañitos en agua transparente, el francés les pregunto que querían comer? , langosta, pescado. Optaron por pescado y el tío se subió a su lanchita, volviendo unos 15 minutos más tarde con dos cachos de bicho de más o menos medio kilo y les dijo, os avisare cuando estén listos. Pescado a la plancha, langosta vivas cortados en dos de un golpe de machete, regadas con limón y directamente a la brasa. La rutina la cortaba cuando al final de la mañana, la señora quería aperitivo y él, se adentraba en el mar, buceaba y le traia sus vieiras, conchas, regadas con cerveza, antes de pasar a la mesa.

Uno de esos días, el francés le dijo:
-¿Te vienes conmigo a pescar?
– Por qué no
Salieron los dos en la lanchita y se adentraron en la ensenada que desembocaba un par de ms mas lejos en mar abierto. Hecho el ancla y le dijo.
-¿Te vienes?

Porque no y poniéndose la máscara de bucear y un par de palmas se tiró al agua
Fondos cristalinos, colores cambiantes, según los rayos del sol, cantidad de peces de todos los colores. Se perdía la noción del tiempo. En un momento dado, vio una sombra del lado izquierdo y se dijo es la sombra de la lancha, cuando uno minutos más tarde la sombre estaba en el lado derecho, ya no se lo dijo. De repente le vio pasar delante de él. Acojonamiento total, le pareció enorme, con el tiempo y una vez el susto pasado, debía medir unos tres metros el bicho. Calma, calma. Se recordó de los consejos que siempre le habían dado. Control, no pierdas el control, respira a fondo. Lo aplico y dando vueltas sobre sí mismo, para tenerlo siempre a la vita, se fue aproximando de la lancha y se subió a ella. Al mirar de nuevo al mar, vio un alerón que se alejaba. Esperó a que el puñetero francés volviese y lo puso a parir por no haberle avisado. -Tranqui, son pacíficos, lo único que debes evitar es cuando pescas, atar los peces a tu cintura, porque la sangre les excita y vienen a por ellos y puedes llevarse también un trozo de tu carne. A partir de aquel día, se contento de pesar vieiras y conchas del borde de la playa. Lo trágico se volvía cómico… El ruido de un avión que se ponía en marcha le despertó. Eso ocurría en la mente de un trabajador, en un aeropuerto situado al norte de un país que es el mío.