Cuba y la esperanza
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Manuel Juan Somoza | La Habana

Había perdido a un hermano y a varios amigos en esa especie de tercera guerra mundial que proseguía con 2,7 millones de muertos, y se aferraba a la esperanza que partía de la comunidad científica de su país, renovada aquel lunes 22 de marzo. “Cuba inició hoy la última fase de ensayos clínicos de su vacuna Abdala contra la covid-19 con 48 mil voluntarios y anunció además que desarrollará con China otro antígeno para “enfrentar el fenómeno de las cepas mutantes”, uno de los nuevos desafíos de la humanidad a fin de detener la propagación del virus”. Leía el anuncio y se estremecía con un gozo especial, pese a que ese lunes debería volver a las colas infinitas para comprar cualquier cosa necesaria. Leía el informe y se esperanzaba en llegar al final de la contienda; ya eran dos las vacunas cubanas en la última fase de prueba. Soberana 02, que a principios de mes comenzó a ser administrada a 44 mil personas en La Habana, se extendería a partir de ese mismo lunes a “otros 150 mil sujetos de riesgo en los sectores de salud y biofarmacéutico”. Venezuela acaba de anunciar en tanto que en abril llegarían a ese país “60 mil dosis de ambos candidatos vacunales para incorporarse igualmente a las pruebas” y sabía que, con el mismo fin, Irán había importado otros 100 mil bulbos a comienzos de mes. Crecía cierto optimismo moderado. Era conocedor de que su país, en otra crisis económica, no tenía el dinero necesario para comprar las vacunas puestas en el mercado mundial y se abrazaba a la esperanza de lo que consideraba suyo en aquella isla diminuta y desbordada de contradicciones, capaz sin embargo de figurar en el elitista grupo de 23 países que en todo el planeta avanzaban en la tercera fase de un antígeno contra la covid-19. “Cuba podrá contar en agosto próximo con las dosis requeridas de la vacuna anti covid-19 más efectiva para inmunizar a toda su población”, había anunciado además el presidente del grupo empresarial de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica de la isla, Eduardo Martínez.

No escapaba su isla diminuta a la ofensiva de un virus que mordía sin distinciones por todas partes, dejando entrever que la pelea sería larga, y una vez más se sintió alentado cuando el doctor Gerardo Guillén, director de Investigaciones Biomédicas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, anunció que esa institución cubana impulsa un proyecto con China, en uno de los centros de investigación conjunta en ese país, para el desarrollo de un candidato vacunal denominado PanCorona, “que aspira a proteger contra las distintas cepas del Sars-CoV-2”. Guillén agregó que “las predicciones indican que tendremos que enfrentar otras epidemias de nuevas cepas de coronavirus en el futuro, y ésta sería una vacuna que incluye regiones conservadas en diferentes cepas de coronavirus, tanto para anticuerpos como para respuesta celular, y por ello pensamos que puede proteger contra cepas diferentes y otras nuevas que aparezcan”.  El especialista intentó no ser alarmista, pero advirtió que “la mutación del virus es un problema real y hay muchas estrategias para tratar de combatir el problema, la más sencilla es tener altos niveles de inmunidad, y precisamente las vacunas cubanas tienen esa ventaja por ser recombinantes, pues si es necesario se pueden poner dosis de refuerzo para mantener altos niveles de anticuerpos. Hay otras tecnologías que están limitadas en ese sentido. En términos más simples, nuestras vacunas hasta el momento han demostrado que inducen elevados niveles de anticuerpos en los vacunados porque se pueden poner dosis de refuerzo, y en el tiempo, cuando recaiga la respuesta inmune, se pueden administrar otras dosis”, puntualizó.

Se dispuso a salir entonces a la locura de las largas colas con sus riesgos de contagio; tenía que hacerlo porque entraban en falta los medicamentos obligados a consumir de por vida, y dejó escapar una media sonrisa en tiempos en que no abundaban las sonrisas, al reafirmar que para bien o para mal vivía en un país muy raro, incapaz de producir la leche necesaria cada mañana y, no obstante, con la insólita capacidad científica de desarrollar no una , sino cinco vacunas al mismo tiempo –Soberana 01, Soberana 02, Soberana Plus, Abdala y Mambisa-, todas en alguna de las tres fases previstas internacionalmente para los ensayos clínicos.