Cuba y la Tercera Guerra

Manuel Jun Somoza La Habana | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

 

No han sido utilizadas armas nucleares, ni hay ejércitos matándose, pero desde Buenos Aires a Berlín, de Nueva York a Kuala Lumpur, o de Argel hasta Luanda la humanidad padece una especie de Tercera Guerra, conflagración, mire usted qué cosa, no iniciada por ideologías o ansias imperiales, como siempre ha sido. Más de dos millones de muertos y 110 millones de heridos en menos de 24 meses y filántropos como el billonario Bill Gates alertan una y otra vez que “no estamos preparados” para la otra pandemia (¿la Cuarta Guerra?) que sobrepasará a la actual, porque es una de las formas que ha encontrado este planeta de protestar por el mal trato.

Y en ese escenario tétrico, las particularidades son ineludibles. En Estados Unidos, que subestimó la “gripecita” en tiempo de Donald Trump, el nuevo mandamás mueve millones de usd para vacunar a su gente, “America first” ; en Perú y en Ecuador los sistemas de salud han sido rebasados; Haití, ni cuenta; México registra la mayor letalidad por covid-19 en esta parte de la aldea; desde Nueva York, el jefe la ONU llama sin que nadie escuche a la solidaridad internacional como única manera certera de enfrentar el virus; y en Cuba, la tercera oleada de la epidemia sigue incontenible – 822,9 infestados cada día –, los simples mortales sobreviven entre la urgencia de comer  -por lo que hacen largas filas para cualquier compra-, y otra urgencia, la paradoja de cuidar la salud en tales condiciones de molotes, porque ese bicho que no tiene ideología anda suelto por las calles de un país que, además, enfrenta una reforma económica tardía, desgarradora y necesaria como salvavidas ante la crisis económica que se agranda, mientras al Norte, de donde casi siempre han llegado las noticias de alto impacto en la isla, Biden se toma su tiempo para decidir cómo será el juego con los cubanos revoltosos.

Sí, estamos en la Tercera Guerra a nivel mundial y quizá lo más terrible no sean los estragos causados y lo que falta por venir, sino la imposibilidad al parecer congénita de que la humanidad sobrepase la ceguera que la ha caracterizado desde mucho antes que existieran las naciones. El análisis recurrente se centra en anticipar cuál será la potencia que saldrá fortalecida de esta guerra. Lamentablemente casi siempre es así, gana el más fuerte (salvo excepciones inolvidables como Vietnam), y por ahí andan los análisis coincidentes en que China será el imperio del futuro. En tanto en Cuba, diminuta isla del Caribe en la que vivo, más que pronosticar, todo parece reducirse a ver cómo llegar a diciembre en mejores condiciones. Se apuesta aquí por las cuatro vacunas que desarrollan sus científicos para inmunizar de gratis a todos antes de julio, aunque nadie puede asegurar hoy que alcancen las jeringuillas porque en este lugar insólito hay capacidad de sobra para operar con éxito a corazón abierto y es cosa de odisea comprar una aspirina.