Pan & Circo

César González Fdz | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Días de bochorno y angustia, días de malestar e inquietud, días de tristeza e impotencia, días actuales. La epidemia, algunos la llamaban pandemia, llegaba a todos los países y a todas las clases sociales Una mierda incomparable que no seleccionaba, como en las otras epidemias, a los pobres y hambrientos, historia de hacer limpieza en las masas imprecatorias y protestonas. La jodia se las tomaba con todos, no había ningún respeto por su parte, debía ser una epidemia comunista, carajo. El whisky, japonés, un Nikka cofeey malta, uno de los mejores para él, le le endulzaba su paladar, poniendo esas notas de caramelo que tanto le gustaban. La televisión de sobremesa, contaba las peripecias de los pobres futbolistas, que tenían que luchar también contra “el bicho”. A pesar de las ganancias enormes que su oficio les generaba, no estaban a salvo de él. Mismo rasero para todo el mundo. Un comentarista, puesto a juzgar sobre la incongruencia de las cantidades enormes que ” su trabajo” les generaba, se insurgia de ello, a pesar y no dejaba de machacarlo, de los actos benévolos que “los pobrecitos y sus dirigentes”, hacían, dando cantidades de dinero, ojo pequeñas cantidades, a obras benévolas, no exageremos tampoco, pero sobretodo con televisión y prensa al corriente para que se difunda. El pobre se olvidaba las pasiones que el dicho deporte generaba y la cantidad de gente que tenía ese espectáculo elevado al rango de religión. El pobre se olvidaba que mientras el pueblo discutía de las ganancias, se olvidaban de los fallos logísticos del gobierno para paliar a la epidemia, de la gente sin trabajo y de la dureza de mantener una familia con el paro a la puerta, y bla, bla, bla… Una dulce somnolencia le estaba entrando, el sabor a caramelo del Nikka, le endulzaba el palada. Cesar, mientras el esclavo le daba un masaje sobre su cuerpo endolorido e intentaba relajar sus músculos, tensos como cuerdas de citara, pensaba… El puto Seneca le tenia de mala hostia, siempre protestando sobre que si jugaba a ser un dictador, que si el pueblo tenia hambre, que sí, que si…, cuando pedía solamente en el Senado que le diesen el visto bueno a sus acciones y le autorizasen legalmente para hacerlas. Siempre protestando. Que si la democracia, que si el pueblo, que sí, que si…. Se estaba hartando ya de las pegas que le ponían, uno de estos días, se liaría la toga a la cabeza y los mandaría a tomarse cicuta o bien los enviaría al circo con los leones. Circo, pensó, pueblo descontento pensó, pueblo hambriento pensó. Quitándose al esclavo de encima de sus hombros, se tendió sobre la espalda y con un dedo llamo a su esclava favorita, que vino a quitarle la tensión nerviosa que tenia, de una dulce maneras. Una vez recuperado, lavado y perfumado, se hizo vestir con sus mejores hábitos y llamando a su escolta se dirigió al Senado. El discurso, su arenga sobre las vicisitudes que estaba pasando el pueblo, hizo llorar a más de un senador, viejos por descuento y un poco seniles, por descontado. Aferrándose al hecho de que las fiestas de Era se acercaban, propuso unos grandes juegos de circo, con sus gladiadores, sus batallas reconstituidas y obviamente con las meriendas de los leones y tigres, sirviéndoles de manjar unos cuantos esclavos procedentes de sus campanas de guerra. Se quedaron encantados y los Juegos se organizaron, el pueblo fue informado e invitado a ir, evidentemente con distribución de panes, algún que otro cabrito o cerdo a la brasa, no muchos pero algunos para mantener el ambiente.  Los juegos fueron un éxito. La plebe la gozo con los gladiadores y las meriendas de los leones, recogieron los aplausos del público. Incluso hubo apuestas a ver qué león mataba a mas esclavos, la perfección…., finalmente había sido una buena idea, se habían olvidado de su “dictadura” y el puto Seneca ya no podía respaldarse en el pueblo, .Contento el pueblo, contento yo… Poco a poco se fue despertando de su mini siesta, el presentador había cambiado de tema y hablaba de los paisajes nevadosy de islas tropicales. Carajo, finalmente los siglos pasaban, pero las técnicas perduraban