Puedo escribir y escribo
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Marcelo Aparicio | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

 

Puedo escribir los textos más chungos esta tarde/noche,

Escribir, por ejemplo, que la noche se presenta a las seis de la tarde, carajo.

Que hace un frío del carajo.

Y tirito de pies a cabeza,

Pies y manos helados.

Y la puta pandemia que se eterniza, por culpa del bicho y de sus cómplices, los irresponsables pelotudos.

Puedo llegar a escribir textos horribles esta tarde/noche

Que ya no aguanto más los villancicos que desde el mes pasado vomita los altoparlantes del pueblo.

Y resuena Yingobell a lo lejos- Y, a ratos, muy cerca.

Me predisponen al malhumor el exceso de felicitaciones por el año nuevo, como si los deseos del año pasado se hubieran cumplido, respetando la buena fe de quienes los proclamaron.

Sin embargo, puedo también escribir textos que suenen bonitos y dulces…

Sobre todo viendo a los niños ostentando con sus juguetes nuevos. Pero yo ya estoy viejo para eso.

Puedo consolarme con la esperanza en las vacunas que nos permitirá volver a abrazas a amig@s y reunirnos en sublimes mesas, en banquetes pantagruélicos.

Algo alegra ver rebozar de alcachofas en los puestos de mercado.

Con la dulce aparición y presencia de calabazas (zapallo me gusta más) de colores y formas soñadas. Remolachas de largas hojas, nabos blancos y negros si hay suerte y coles de piel muy oscura, para animar abundantes cocidos-

Lamento la ausencia de salsifíes, porque las chirivías no aportan lo mismo. Para esto me gustaría estar en Francia.

Me conforta que mucha gente se conforme con disfrutar estas fiestas, a las que nunca le encontré sentido desde que dejé la niñez.

Me consuelo escuchando música “nostalgie”. Me llevan a un pasado que seguramente nadie podrá ostentar en este presente-

Me reconforta ver que hay colegas/amig@s que publican sus libros. Nana de Juan, con sabrosas anécdotas de la vida periodística; Angela Vinent y Xavier Febrés con “cuines amagades”(cocinas escondidas), un serio y necesario repaso y explicando los sorprendentes múltiples sabores que ofrecen diariamente los bares de veinte mercados barceloneses.

Disfruto con la relectura de “Un caballero en Moscú” (Salamandra) de Amor Towles, acaso de lo mejor editado en los últimos años y el “Yo Julia” de Posteguillo (Planeta). La buena suerte , de Rosa Montero, Ejercicios de Memoria, de Camillieri  (Salamandra), El Colibrí, del colega italiano Sandro Varesi (Anagrama) o El delfín, de Mark Hadden, el inglés autor del exitoso El curioso incidente de un perro a medianoche.

Y los que me llegarán para reyes, desde editorial Planeta. La continuación de Yo, Julia; el último de Leonardo Padura (Tusquets editores) y las novedades de Seix Barral, entre las cuales El camino del perro, el último de Sam Savage, autor del exquisito Firmin.

Me aferro a  la esperanza de llegar sano y salvo a marzo o abril, cuando la noche llega a una hora razonable y no la impuesta por los burócratas europeos, y se empiezan a llenar los huertos de brotes de tomates, berenjenas, pimientos e hierbas olorosas.

Hasta marzo, entonces. Me vuelvo a la madriguera a invernar lo que queda hasta entonces.