Dinero con pandemia
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Dice el diccionario que “el capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado.”

Y puntualiza: “en contraste con la economía agraria, el capitalismo está fundado sobre la posibilidad de hacer fructificar el dinero, obteniendo intereses».

Por lo tanto, todos somos un poco capitalistas, porque tenemos que ganar dinero si queremos vivir, pero lo malo es que entre las necesidades indispensables para no morir y la crueldad del capitalismo salvaje hay un mundo que pocos de nosotros tiene posibilidad de conseguir.

En la Unión Europea de los 28 países, una mezcla infamante porque hay por lo menos dos países que han conservado las particularidades que también tiene el comunismo, otros que no llegan a finales de mes y unos cuantos que viven mejor, la pandemia del coronavirus chino ha dejado de relieve más que nunca lo que es tener dinero y lo que es no conseguirlo ni para el autobús. De pronto sale un tenista a no sé cuántos miles de dólares por raquetazo, cuya fortuna está evaluada en millones y millones de euros-dólares y el tiparraco dona para las colas de los pobres que corren por toda Europa por culpa de la ruina provocada por la pandemia, unos miserables miles de kilos de comida.

Todo lo contrario de un industrial español que todo el mundo conoce en el mundo entero, sobre todas las señoras, por sus boutiques Zara. El hombre se llama Amancio Ortega y desde hace un año más o menos, cuando empezó la catástrofe sanitaria que nos trae a mal traer, ha donado casi hospitales enteros.

Uno de esos tipos que te hacen creer que la bondad existe.

Pero hete aquí que el presidente del Real Madrid, el club de fútbol más o menos rico del mundo, Florentino Pérez Rodríguez, ha anunciado que se deshacía de su participación (algo así como 44,7 millones de dólares) en uno de los más afamados hospitales de Madrid (cuando más falta hacen, cuando escasean, sin contar que no hay personal sanitario suficiente). Lo malo es que nadie sabe lo que puede ocurrírseles a los nuevos propietarios, que desde luego buscan ganancias a toda costa.

Y cabe imaginar que muchos ricos españoles y europeos hacen otro tanto. Aprovechan que ya no hay sitio en los cementerios, pero sí en las colas de los comedores que afortunadamente tienen a disposición de los más pobres asociaciones caritativas como Cáritas o Cruz Roja.

Florentino Pérez pertenece a ese mundo sin escrúpulos, de una crueldad inusable que es en Europa el que sirve de cielo a los mejores futbolistas del mundo, gente que se cotiza en tantos millones que nadie sabe contarlos y que aunque alguno hacen alguna que otra obra de caridad porque siempre queda bonito en una biografía la mayoría piensa solo en ellos. Pocos tipos de estos que viven dando patadas a un balón se han declarado comunistas pese a que suelen salir de la miseria más espantosa.

Pero a la buena vida se acostumbra uno. Y cuando más arrecia la pandemia, que ha destrozado la economía española y de otros países haciendo polvo toda la industria, hoteles, bares y cualquier establecimiento de ocio o tiendas de lo que sea, ellos, los ases del fútbol, esos individuos cuyo único mérito consiste en saber patear un balón, viven como dioses.

Además, para que su valor no decaiga en la bolsa del balón, están rodeados desde que llegó el coronavirus de los mejores médicos del mundo. Durante esta tragedia que es la pandemia china, cuando se han jugado y se siguen jugando partidos de fútbol sin público, pero se han jugado y todo el mundo ha cobrado, algunos de los participantes han contraído el virus maldito chino. Pero en lugar de meterlos en hospitales donde no hay ni sitio ni médicos suficientes, la mayoría de esos señores del calzón corto han sido atendidos en los mejores hospitales privados y a veces en algunos que oficialmente no existen. Y mientras un mortal de a pie lleva varios meses metido en las urgencias de un hospital público, con pocas posibilidades de reponerse pronto, los señoritos del balón son cuidados en lugares que nadie sabría situar dónde se encuentran pero de donde en general salen repuestos o mejor en poco tiempo.

Y en estadios vacíos, a causa de la pandemia, los equipos juegan que te juegan porque los derechos de televisión están por las nubes, los verdaderos héroes de esta pandemia son los médicos y enfermeras amén del resto de sanitarios.

Y uno de ellos, brasileño para más detalles, ha tenido la desvergüenza de organizar para el fin de año una velada ultralujosalujosalujosa en un lugar que no se sabe para 500 amiguitos, personajes multimillonarios como él porque saben escupir en un campo de fútbol y meter de vez en cuando algún gol. Por supuesto, el muchacho, que tiene sus asesores, otros que tampoco ganan el sueldo mínimo interprofesional, ha desmentido la orgía diciendo que fue una velada entre amigos.

¡Qué bella debe de ser la vida cuando el dinero no cuenta! Y además de todo eso tienen un poder demencial. Se ríen de los jueces, de las autoridades, de la pobre gente y de Dios si existiera o tuviera la humorada de bajar de su paraíso.

Yo, cuya afición por el fútbol no es desmedida, que soy de los que consideran que esos sueldos descomunales inadecuados en un mundo de mierda y sobre todo hoy cuando nos peleamos contra lo desconocido y con una mano atada, soy de los que piensan en Herodes cuando los veo reírse del mundo.

Me refiere a aquel Herodes, el que se entretenía en matar a los recién nacidos en tierras de Palestina en busca del niño Jesús. La bestia con corona se casó con Herodias, una divorciada, algo prohibido por la ley judía.

Quien más protestaba por ese enlace era San Juan Bautista, que entonces era un reputado personaje religioso y ello fastidiaba profundamente a Herodes. Entonces, éste prometió a su media hija Salomé, mujer de una belleza impresionante, que pidiera el regalo que quisiera. Y ella, sabiendo cuán feliz haría a su madre a cuya boda San Juan Bautista se oponía, pidió a Herodes la cabeza del predicador.

La gente del fútbol debería leer cositas como estas para darse cuenta de que podrían hacer como Herodes e incluso más, porque hoy el dinero compra vidas y voluntades.

Bueno, tampoco hay que exagerar. La prensa española afirma que en muchos equipos de fútbol, incluso en algunos de prestigio mundial, les han bajado los sueldos a los jugadores. Porque, dicen los comentaristas, algunos clubs como el Barcelona, están en la tuina…

Te quedas perplejo ante noticias como estas y entonces piensas que tal vez has exagerado en tu comentario. ¿Porque se imaginan las colas de pobres que recorren Europa atiborradas de futbolistas, árbitros, presidentes de club y otros menesterosos del balón? Le quitarían las ganas de comer a los mismísimos pobres, los de verdad, claro.