Cuba y el afortunado José Antonio
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Manuel Juan Somoza |La Habana | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Como era habitual, comenzó su labor antes de las seis de la mañana aquel día de diciembre sintiéndose entre los contados afortunados de su país. Acababa de recibir un ingreso en dólares por los canales que fijan las leyes cubanas, había separado lo que pagaría al fisco y se dispuso a ingresar 100 usd en la tarjeta magnética que contrató después de larga cola en el Banco Metropolitano porque necesitaba una olla de presión – no daba más la que tenía luego de un año de uso en la cocina-. El imprescindible artefacto no aparecía en los mercados estatales en moneda nacional y José Antonio se resistía a acudir al omnipresente mercado negro.

DESARROLLO

Volvió entonces a otra larga fila en el mismo banco para depositar la divisa con la esperanza de que al día siguiente pudiera ir en busca de su olla, y aun ante el hecho de tener que equilibrar sin contagiarse de covid-19 entre un burujón de consumidores tan ansiosos como él, se sintió afortunado. Un vecino acababa de informarle que “están vendiendo carne de puerco a  buen precio por la libreta de abastecimiento”, y eso fue un motivo adicional para enfrentar con ánimo la complejidad de la vida nacional aquel día de diciembre, en el que para colmo de dicha, suponía, cobraría la jubilación anticipada y multiplicada por cinco, como decidió el gobierno a fin de que los pensionados –también los trabajadores en activo- enfrentaran en mejores condiciones financieras la mayor reforma monetaria de los últimos 60 años en Cuba a partir del 1 de enero, con aumentos de precios y hasta la eliminación de “subvenciones indebidas”, como son conocidas aquí, por ejemplo, las producciones estatales irrentables que se subvencionan con dinero público desde hace décadas.

Quizá usted que vive lejos de mi isla no alcance a comprender la sensación de felicidad que le salía hasta por los poros a José Antonio aquella mañana de diciembre, porque es probable que usted con 100 usd en el bolsillo o su equivalente en la moneda nacional que corresponda, no le vea complicación ni motivo para euforia alguna al hecho cotidiano allá donde usted vive de adquirir una olla de cocina. Pero pude que lo entienda un poco si le comento que la economía de mi país es simplemente un desastre; hasta hace muy poco estaba casi totalmente controlada por el Estado –los que mandan llevan más de 20 años tratando de cambiar tal realidad-, y padece además una persecución financiera y diaria de la mayor potencia del planeta, práctica que nos ahoga a todos y a veces, pienso que demasiadas, deviene justificación de muchos males.

Qué quiere que la diga, el día a día en mi país no se parece al del otro lado. Llevamos 60 años tratando de organizar las cosas de forma tal que todos o la mayoría viva mejor que antes del triunfo de la revolución en 1959; durante 30 años guiándonos por la supuestas “democracias populares” de Europa Oriental –única experiencia en los decenios pasados-, hasta que ese esquema explotó por falso e ineficiente, y después, en medio de la pavorosa crisis anterior de los años 90,  los que mandan comenzaron a buscar alternativas, hasta ahora sin mayores resultados con lo económico, en un peligroso compás de dos pasos pa´lante, cuatro pa´tras y cinco a la extrema izquierda, que nadie entre los mortales simples, me parece a mí, tiene muy claro a  dónde conducirá.  Si estos esfuerzos de 61 años terminan por reventar, “¡Adiós Lola!”, porque la receta preparada por los contarios a todo lo vivido aquí desde el 59 es el clásico neoliberalismo puro y duro en lo económico y social, y en lo político la subordinación a esa potencia mundial que lamentablemente está a 45 minutos de vuelo de mi casa y que desde finales del Siglo XIX ha vivido habituada a decidir la suerte de mi país.

DESENLACE

José Antonio logró depositar sus 100 usd en una hora, todo un record, porque “en este banco la cola está decente en comparación con lo que vi por ahí”, le comentó la mulata que le dio el último en la fila. No obstante, se quedó sin cobrar el adelanto de pensión multiplicado por cinco: “hay pero no le toca” hasta el 24 de febrero, le comentó jocosa una funcionaria, tomando en cuenta –como estableció el banco-  su edad de nacimiento, así como el monto a retirar. Y en cuanto al cerdo por la libreta decidió prescindir de él hasta que mejoran las cosas –ojalá que sea pronto-, debido a que sí, se comercializa por libreta a bajo precio, pero no por barriada –puede comprar cualquiera- y la gente llega de toda la Habana a fin de hacer cola desde la madrugada anterior a cada jornada de venta.