Cuba y las nuevas angustias anunciadas para 2021
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr. | La Habana

 

Quisiera reportar bondades y esperanzas. Sin embargo, este oficio no es para contar lo que se añora o repetir sin escudriñar lo que nos dicen los que mandan, sino para informar, o al menos aproximarse a esa realidad de pandemia y crisis económica que ha estremecido al planeta en este maldito 2020, que en el caso de Cuba apunta a más angustias en los 12 meses por venir a partir del 1 de enero, cuando se pondrá en marcha la mayor reforma monetaria vivida en los últimos 60 años, una obligación con carácter de urgencia desde el punto de vista de la economía nacional que al mismo tiempo impactará muy duro en la inmensa mayoría de los cubanos, aunque suban salarios y pensiones.

La reforma, que oficialmente se denomina “Ordenamiento”, implica la unificación de los tipos de cambios y de las dos monedas con circulación legal todavía en el país (solo correrá el peso cubano, aunque seguirán operando los comercios en dólares estadounidenses). Está prevista igualmente la eliminación de subvenciones y gratuidades en los sectores social y empresarial que el Estado no puede seguir asumiendo porque la cuenta no da. Conlleva además el incremento de precios en momentos en que estos se han disparado por la profunda escases de ofertas en los mercados estatales (mayoritarios), privados y en el negro, que es el que marca la tendencia al alza. Y suma por último un aumento de salarios y pensiones, pero a partir de los depauperados ingresos que rigen todavía lo mismo para un científico que para un jubilado, lo cual implica que en comparación con los aumentos de precios oficialmente previstos, no los que se originarán obligatoriamente aunque el gobierno no lo quiera, cada cubano arrancará el año atenazado por el deseo de que la covid se vaya pal´carajo, sufriendo las penurias acumuladas en 12 meses de largas colas y desabastecimiento generalizado, y abrumado por la perspectiva de que con los aumentos de ingresos incluidos, en 2021 habrá que mal vivir con la lengua afuera.

Soy parte de aquellos muchachos que con el despuntar de 1959 se entregaron a desbrozar el camino que llega hasta hoy, cuando los organizadores de la reforma nos auguran que las pensiones multiplicadas por cinco veces en relación con la que cobramos el mes pasado, “al menos” alcanzarán para comprar la canasta básica de alimentos, medicamentos y servicios diseñada oficialmente, y siento, quizá como muchos de aquellas muchachas y muchachos ahora envejecidos, que me están tomando el pelo, aunque intente comprender las intenciones de esta reforma vital para la economía del país.

No voy a atribularlo con cifras de salarios y jubilaciones a usted que lee del otro lado del Atlántico, solo precisar que el cambio fijo inicial a partir de enero será de 24 pesos por un usd; nada se ha dicho de dónde los de a pie podrán adquirir la “moneda del enemigo”, indispensables para comprar en las tiendas estatales que venden en usd (en el mercado negro el cambio está a 50 pesos por dólar). Comercios esos en dólares estadounidenses a los que supongo (porque también están desabastecidos) tendré que acudir para reponer la olla de presión que se me destimbaló en este año inmundo y los dos ventiladores que dejaron de funcionar. Esos artículos no se encuentran en los mercados normales que a partir de enero venderán en pesos. Lo dejo entonces a usted que está del otro lado con la síntesis del contexto nacional que acaba de hace el máster en Ciencias Económicas Juan Triana desde La Habana: “El momento es complicado. La economía mundial en franco decrecimiento, quizás como nunca antes desde finalizada la 2da. Guerra Mundial, la COVID, el bloqueo (a Cuba) potenciado por la administración Trump, más la debilidad del aparato productivo nacional, en especial del agropecuario, deudas incrementadas que recortan los ingresos externos y hacen imposible en el corto plazo lograr una mejora de la oferta vía importaciones y un espacio fiscal extremadamente reducido… Esas serán las condiciones de partida para iniciar un ajuste/reforma estructural inédito en la economía cubana”.

Agregó el experto que “la capacidad adquisitiva de la población, dañada ya por la existencia de un mercado en MLC (usd), por el incremento de los precios y la expansión del mercado negro debido a la débil oferta, dependerá en mucho de que la inflación no convierta en sal y agua el incremento anunciado de los salarios, provocando la reducción del salario real”. Y añado yo, queriendo estar equivocado, que “la sal y el agua” acompañan a esta isla desde hace tanto tiempo que avizorar bondades o esperanzas es casi una ilusión.