Cuba, San Isidro y el día menos pensado
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

 

Me removió este razonamiento, “el futuro siempre aparece el día menos pensado”, y me estremeció cuando este último sábado de noviembre me disponía a enfrentar la compleja cotidianidad cubana sin cigarros negros a la mano –desde hace semanas también han desaparecido del mercado-, al tiempo que trataba explicarme las causas de que unos 200 cubanos, buena parte de ellos jóvenes, se reunieran ante la sede del ministerio de Cultura en demanda de un diálogo con el gobierno –“de libertad de expresión”- , que se extendió hasta la madrugada de hoy y sumó, entre otras personalidades de la intelectualidad nacional, al laureado director de cine Fernando Pérez, mientras desde el Norte el secretario de Estado, Mike Pompeo –siempre al tanto de mi país para joder- alababa el detonante del suceso, el plantón anti gubernamental por una semana de otros 14 muchachos, en una casa del barrio habanero de San Isidro, y todo esto al tiempo que en las redes sociales y en los medios oficiales unos reiteraban que “las calles son y serán de los revolucionarios”, otros censuraban la forma en que las autoridades pusieron fin al plantón en San Isidro (fueron desalojados bajo el argumento de que violaron las normas sanitarias contra la covid-19) , y algunos alertaban que esta isla esta urgida de “canales reales para darle curso a esa pluralidad” que existe aquí, donde no todo es blanco o negro, revolución o contrarrevolución, buenos o malos. Esto pudiera resultar intrascendente en otros lugares, en los que es pan del día a día que la gente salga a la calle en protesta por lo que le duele y la policía no perdone, pero en esta isla sui géneris por ser su estructura política y social de partido único, por el cerco permanente de Estados Unidos, lo que la hace totalmente distinta a su entorno americano, la concentración de 200 personas ante una institución oficial es inusual y debería llamar a la reflexión de todos, de los simples mortales y de los decisores, o al menos eso me parece a mí y me pone a pensar en aquello de que “el futuro siempre aparece el día menos pensado”.

Hablo de futuro, quizá inmediato, porque si bien es cierto que la agresividad del Norte no ha cambiado en 60 años, también lo es que Cuba va dejando de ser aquella donde la mayoría iba –íbamos- sin pestañar a hacer lo mucho que había que hacer, en el convencimiento de que se estaba construyendo un futuro mucho mejor que el conocido en el medio siglo anterior. Lo veo así cuando una vez más el país está en crisis económica, agua fértil para quienes siempre buscan pescar en río revuelto –ahí están los mensajes de apoyo reiterados a los protestantes de quienes en Miami han pedido siempre “tres días para matar comunistas” cuando todo se venga abajo-; lo veo así cuando también considero que la unidad es vital a fin de salir adelante; lo veo así cuando estimo que la unidad real solo podrá lograrse dentro de la diversidad de pensamiento, de la aceptación de las diferencias, no por decretos ni consignas.

Salgo ahora a desafiar el sábado con tres cigarrillos negros en mi bolsillo –olvidé subrayar que soy fumador empedernido desde hace también 60 años- , después de degustar el pan de la libreta de ayer porque el mensajero aún no ha traído el que nos toca hoy –estoy clasificado de “vulnerable” a la covid y eludo las muchísimas colas que hay que hacer para cualquier cosa, ardua tarea- y cuando este sábado al igual que el anterior son muchas más las dudas que las certezas. “El futuro siempre aparece el día menos pensado”,