Cuba, una vez más contra corriente
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

 

“El alquiler me cuesta 500 euros y me quedo con 100 para lo demás”, dijo ante las cámaras de tv en Paris una veinteañera que parecía sonreír por detrás de su mascarilla negra, luego de hacer cola para recoger de gratis una bolsa de alimentos. La televisora francesa había incorporado la declaración a un reportaje sobre el nuevo rebrote de coronavirus en ese y otros países europeos, donde han vuelto las restricciones de movimiento y el temor de que colapsen los hospitales. En Estados Unidos prosigue en tanto el diferendo Biden-Trump sin que la pandemia sea preocupación principal de los gobernantes, pese a que el país acumulaba el 16 de noviembre 246 mil 237 fallecidos y más de 11 millones de personas con el virus confirmado, manteniendo el lamentable privilegio de ser el lugar con mayor infección en el planeta, al tiempo que América Latina continúa como el epicentro de la pandemia a nivel global. Y pese a ese panorama agobiante, yendo una vez más contra corriente a partir de sus vivencias, Cuba ha reabierto aeropuertos y marinas, ha proclamado esa cosa rara que se llama “nueva normalidad” en casi todas sus provincias y urgida por carencias de los signos más diversos busca sacar a la economía del letargo en que se encuentra.

El aeropuerto internacional “José Martí” de La Habana, el mayor del país, fue el último en reiniciar operaciones el 15 de noviembre tras casi ocho meses de cierre y la esperada avalancha de nacionales dispersos por el mundo antes de que comenzara la pandemia cobró visos de realidad cuando en menos de 24 horas se registraron 21 vuelos, 11 de ellos procedentes de Estados Unidos. “Hay que estar alertas por el gran peligro que representa para la capital el incremento del arribo de viajeros, si no se adoptan medidas profundas. De los 12 focos existentes hoy en la ciudad, solo dos no están relacionados con viajeros”, advirtió el jefe del Partido Comunista en la capital, Luis Antonio Torres Iríbar.

La suerte está echada. Los controles sanitarios van desde los aeropuertos a los hoteles y a las casas, los científicos avanzan contra reloj en cuatro candidatos vacunales con la intención de inmunizar “a toda la población” en el primer semestre de 2021, pero todavía falta un trecho largo y no queda otro remedio que hacer como el soldado de infantería a la carrera sobre un campo minado, invocar al optimismo.  Al mismo tiempo, al igual que el malabarista que se lo juega todo con sus bolos al aire, hay que cosechar y repartir con vista a comer, porque el dinero no alcanza para comprar más allá de la frontera Y es ahí, en la economía, donde los resultados siguen siendo promesas y esperanzas sin cumplir. Juan Triana, doctor en Ciencias Económicas residente en la isla y uno de los muchos críticos de las dilaciones de las reformas que pedía a gritos el país desde la crisis anterior de los años 90, considera que “la transformación que se está operando en Cuba en este momento ya no puede ser detenida (como ocurrió un montón de veces desde los 90), los propios líderes de este proceso lo han reconocido y han reclamado mayor velocidad. Sería un suicidio económico y político intentar revertir este proceso”.

 

Es cierto, en medio de la pandemia, en el peor de los momentos o a lo mejor por ello, los que mandan han llevado a la práctica más medidas y resoluciones con vista a la apertura de la economía que las aplicadas o anunciadas en los últimos 30 años, pero enderezar un quehacer tan retorcido luego de casi medio siglo de paralizadora estatificación y de rechazos abiertos o solapados desde los centros decisores del país, pudiera demandar más tiempo del que se tiene. De nuevo andamos a la carrera sobre campo minado.