Añoranzas
image_pdfimage_print

César González | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Esta mañana, un amigo de los de antes  del cuplé, como decían los viejos, de esos que han vivido y con los cuales has tenido cosas buenas y sinsabores qua a veces te parten al alma, de esos que además visto la pobreza de los actuales , añoras. El que me lea, si es que alguien me lee, pensara, leches estos dos son de la acera de en frente, tranquilizo al lector eventual, sin que se me pueda tratar de homofobia, que soy de los mas hetero que se pueda encontrar, y no tengo nada, absolutamente nada contra los o las de la acera de enfrente. Cada uno/una encuentra horma a su pie, el caso es asumirlo y que sea respetado. Pienso que mi amigo Antonio tampoco, pero no puedo hablar por el… Vale vuelvo a esta mañana. Ese amigo, me envió un artículo suyo, escrito en newsonemagazzine, un periódico digital, como le llaman ahora y que es el nuevo método de escribir, y que tiene unos veinte y algunos años de existencia y en el cual escribe sus artículos muy a menudo, para nuestro jolgorio y bienestar, yo también envío mis “articulillos”, pero con mucha menos frecuencia.  Decía entonces, Antonio, un amigo de los de antes, de los de solera, me envío ese  artículo que habla de un  pasado y de unos recuerdos que me llevaron a subirme en la máquina del tiempo y transportarme unos cuantos años atrás. Es obvio que el ser humano, que somos, o pretendemos ser, tiende a embellecer los recuerdos y olvidarse de los malos momentos.  Mi Antonio del alma, me enternece cuando escribes eso y te metes de nuevo en el pasado, pasado que yo puedo agrandar con unas cuantas anécdotas más. Mi Antonio del alma, aquellos trasteros de archivos con olores y sabores a Sodoma y Gomorra, pero también aquellas sudadas cuando se corría a pie o en bicicleta por la pista en pleno verano para atender los aviones, con 35 grados, pero perfectamente uniformado, sin hablar de aquellos aviones cargueros, cuyo tratamiento además de ser, a veces un poco Gomorra, ah si las maquinas de télex hablasen!, te hacía pasar un frio de la hostia en la pista con 10 a 12 grados bajo cero y sin nada para abrigarse. Recuerdos también de las situaciones, cuando te encontrabas con 20 o 30 pasajeros en tierra porque el puto  avión estaba sobrevendido de plazas por el sistema de reservas de la Central, o cuando tenías 180 de un golpe porque el avión se había averiado, además de la tripulación que tenias que albergar y nutrir con sus egos de casta. La jerarquía aplicandose, los  “esclavos” se ocupaban de todo y el jefe se paseaba, a veces con el piloto  y a veces se largaba, dejándote con toda la mierda encima.  Gajes del oficio. Recuerdos de tus propios colegas, jefecillos de mierda, sentados en la barra del bar, que sabiendo que tu no tenias coche y que el ultimo autobús  salía del aeropuerto a las 21h, tu turno terminándose a las 21h, te respondían, cuando preguntabas si te podías ir 5 minutos antes, A qué hora termina tu turno? Con aire socarrón. Cuantas veces tuve que ponerme en la carretera haciendo auto stop para llegar a la ciudad.
También hacen parte de esos recuerdos, pero los hemos olvidado.
Añoranza, añoranza, querido Antonio!!!

Eso pasaba en un aeropuerto situado al norte de un país que es el mío