Cuba, Trump y lo que estaría por venir
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

 

 

 

 

 

 

 

Elecciones presidenciales en noviembre próximo, asunción en enero del nuevo gobernante de Estados Unidos, o del mismo que en el último año ocasionó pérdidas a Cuba por la ganga de más de cinco mil millones de dólares, y en mayo otra ronda de votación en la Asamblea General de la ONU a favor o en contra de ese bloqueo-embargo al país caribeño que lleva 60 años marcando la vida de cuatro generaciones. Y nada cambiará por esa vía porque el imperio del Norte no ha dejado de serlo. En la votación de 2019, ya con Trump al bate, 187 países votaron a favor de la eliminación del bloqueo. EU, Israel y Brasil lo hicieron por mantenerlo. Colombia y Ucrania se abstuvieron.

Y la clave de todo parte de 1960, muy poco después de que triunfara la revolución cubana y se dispararan los sueños de que era posible vivir de otra manera.  El vicesecretario de Estado de EU, Lester D. Mallory, argumentó entonces: “La mayoría de los cubanos apoyan a (Fidel) Castro, el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales; hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba”. Ya sé que para los lectores distantes de esta realidad, que por reiterada no aburre al menos a quienes la padecemos, las preocupaciones se centran en la vigencia del maldito nuevo corona virus, mientras quizá los más avispados se entretengan en especular si el Siglo XXI será el de China en sustitución de EU. Pero en este país donde todo escasea y las colas mandan para cualquier cosa por vital que sea, EU, sus reiteradas sanciones económicas, el impacto de su persecución financiera en los intentos de modernizar la economía nacional y los comicios de noviembre son prioridades o temas tan o más sensible que el virus.

Me disculpan, pero a mí que no me jodan con las teorías gastadas de que si el bloqueo es usado por el gobierno cubano para justificar sus fracasos económicos o que si la isla está a punto de una sublevación popular como me dicen anunció hace algunas semanas el diario español ABC o como alardean los ultras desde Miami y quienes aquí viven conectados a esa aspiración. Sí, falta de todo y el encabronamiento resulta inevitable, pero si llegara la hora del cuajo, no del bla bla bla, no sé si serán pocos, pero créanme que contarán los que se guarden en un bolsillo las molestias o los sueños por mucho tiempo sin llegar y vuelvan a defender otra aspiración de vida, porque la alternativa que representan Trump y sus gánsters eriza tanto que tiene la extraña facultad de unir.

Cuando la opinión propia es ejercida, el riesgo de la equivocación siempre acecha, pero el día a día vivido desde aquí, no desde allá; no flotando en una nube de ilusiones sino pateando la compleja cotidianidad y calibrando la particularidad de ser cubano; cuando se hacen esas sumas subjetivas, con el perdón de los sociólogos o los políticos de profesión, uno tiene, pienso yo, el derecho a hacer su vaticinio.