China quiere tragarse el mundo
image_pdfimage_print

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Hace tiempo que el mito de la China de Mao Tse Tung, la China aislada del mundo, la que conquistó el universo con un librito rojo, se ha acabado. Ahora manda Xi Jinping, un antiguo ingeniero químico que no tiene más objetivo que la conquista del mundo por su país, de donde casualmente vino el coronavirus que ha arruinado a Occidente. Estas triquiñuelas de los chinos las desvela el periodista alemán Kai Stittmatter, del diario Suddeutsche Zeitung, que estuvo de corresponsal en Pekin durante catorce años. Y de allí ha traido escrito un libro, “Dictadura. 2.0 Quand la Chine surveille son peupleu (et demain le monde) (Dictadura 2.0- Cuando China vigila a su pueblo (y mañana el mundo)” recién publicado en París. “Xi –dice el autor—se ha dedicado a destruir los gérmenes de sociedad civil que habían hecho que China fuese más viva durante los años anteriores. Le ha callado la boca a Internet al mismo tiempo que a una prensa que se movía más de la cuenta… Xi ha dictado leyes draconianas para tapar la boca a aquellos que habían intentado utilizar los textos de ley china para proteger a los ciudadanos contra el Estado…” Dice el autor del libro que el objetivo del nuevo año es callar a la gente. Que no hable más que él (Xi Kimping) y que no se haga más que lo que él mande. Su objetivo: obediencia total … Los abogados defensores de los derechos humanos han sido las víctimas preferidas… La detención en masa de abogados (chinos) en 2024 han sido acompañadas de la mayor campaña de denigramiento mediático de la historia reciente”.

“Hace tiempo que China se encuentra, detrás de los Estados Unidos, como segundo a la hora de los gastos de desarrollo e investigación… Ningún país puede rivalizar con las ventajas que presenta China. La gente (se supone que los chinos) efectúan cincuenta veces más pagos con sus teléfonos portátiles que en Estados Unidos”. Y Xi Jinping no tienes pelillos en la lengua; En 2018 lo había dejado bien claro: “La profundidad de la reforma y del desarrollo del Instituto Confucius deben concentrarse en la construcción de una nación cultural socialista fuerte de obediencia china”. Hay una parte importante que el autor dedica a la importancia del cine. Es sabido que los Estados Unidos tienen en sus contratos comerciales la cinematografía como artículo esencial, indispensable para cualquier negociación con el extranjero. Aparentemente eso no se le ha escapado al líder.

“Lo más visible –afirma el autor—son las inversiones realizadas en Hollywood donde se cuenta una oleada de coproducciones con China pero igualmente frenéticas compras por parte de los jefes de empresas chinas, en particular le Dalian Wanda Group. No solamente adquirió en 2012 AMC, la mayor cadena de difusión en salas de cine de los Estados Unidos y cuatro años más tarde Legendery Entertainnment, el estudio de Hollywood que ha producido entre otras las series “Batman” y “Jurassic Park”… El PCC quiere que su industria cinematográfica deslumbre en Occidente para tener algo que oponer al soft power hollywoodense. Y el objetivo es conseguir que China sea de aquí a 2035 “una gran potencia cinematográfica mundial, al mismo nivel que Estados Unidos”. (Está demostrado y más que probado que el país que sabe manejar la imagen, cine o tv, tiene una gran ventaja en todos los niveles. Es la mejor manera de vehicular publicidad. EEUU lo demostró cuando rodó “Casablanca” (1942), que le ganó más partidarios a la causa contra Hitler y en realidad contra todo lo que no fuera pronorteamericano que cualquier otra alta operación diplomática).

“Por encima de él no hay más que el cielo: Xi Jinping concentra hoy día un poder más importante que el mismísimo Mao. En el interior del país, China está convirtiéndose en un estado de vigilancia numérica perfecta. Las tecnologías más modernas, en particular la inteligencia artificial, propulsan la economía china hacia el futuro. Recogen, unen y explotan en gigantescos bancos de datos cada paso y cada pensamiento de más de mil millones de ciudadanos y de todos los visitantes. ¿El objetivo? El control total del Partido (Comunista Chino) sobre todo y todos. Como ejemplo está el llamado “crédito social”, un sistema inédito fundado en los puntos que da la llamada oficina de fiabilidad. De este modo emerge una China nueva, desafío directo para nuestras democracias que importan masivamente sus tecnologías”.

Ese alarde de aparatos capaces de controlar todo lo que ocurre en China en cualquier minuto, afirma el autor del libro, está destinado a engañar a los chinos y meterles en la cabeza solo lo que el líder quiere y nada más. Está dispuesto a gobernar por la mentira y con la mentira. El líder chino tiene 67 años, un hombre joven, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría de sus principales enemigos, los presidentes de Estados Unidos, suelen ser mayores y mal preparados para cumplir un objetivo como el que Xi Jinping se propone: la conquista del mundo, que ya ha empezado con manejos en las bolsas del mundo que ha preocupado mucho en Wall Street.

Mao, el líder comunista más hábil del mundo, un perfecto embustero, además, le dejó en herencia un pueblo de esclavos, que el viejo comunista amaestró de las formas más viles que supo. La famosa Revolución cultural, que fue una forma espantosa de deshumanizar a la gente, empleando métodos de los más humillantes que pueda verse, fue su triunfo. Seguramente porque los chinos, o eso cabría pensar, están hechos de otra pasta. Y el que ayer era el adorado profesor emérito en Cosmología se convertía en la Revolución Cultural en un burro de lo que dejaba constancia el cartelón que le obligaban a pasear día y noche, hasta que les diese la gana, los guardias rojos y otros verdugos a las órdenes del viejo y perverso Mao, el mismo que hizo creer a todo su país, caído en hinojos, que había atravesado a nado el dificultoso rio Yantseng.

Este pueblo acostumbrado a la bala en la cabeza que luego pagará debidamente certificado la familia del condenado, es el que aparentemente quiere utilizar el nuevo Líder con cara de hombre moderno y que parece eternamente vestido por Armani, para conquistar el mundo.El coronavirus que está destruyendo las vidas y las haciendas del mundo occidental salió, no se sabe cómo, de China, eso es indiscutible. Pues el camarada Jimping no ha tenido ni siquiera la delicadeza de presentar excusas. También es cierto que Donald Trump, que al principio parecía a pelear, se calló y no ha pedido más explicaciones sobre el bicho. ¿Se escapó de un mercado, versión oficial, o de un laboratorio militar, versión popular?Li- Meng Ya, viróloga china refugiada y escondida en Estados Unidas, declaró recientemente que el coronavirus había salido de un laboratorio de Wukan, ciudad que las tropas chinas vigilan y controlan estrechamente.