Más feroz que la ferocidad
image_pdfimage_print

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En unos meses se han acabado todas las chulerías que se reflejaban en los griteríos en los bares, en los empujones medio borrachos, en la prepotencia. Un bicho desconocido, y chino para más inri, ha metido en vereda a todo un pueblo, cosa que ni el dictador Francisco Franco consiguió del todo en cuarenta años de feroz dictadura. Les hablo desde un lugar de Andalucía, con cuatro bares abiertos y medio vacíos, porque la gente ya no tiene ganas de cachondeo. El pánico, el miedo lo invade todo, hasta los sentimientos. Están a punto de abrir las clases y los padres no saben si dejar a sus niños pequeños en casa para evitar la infección o llevarlos a la escuela, como pide el gobierno, que improvisa deliciosamente, como si estuviésemos en una comedia musical para mangantes. En toda España es la misma catástrofe, el mismo miedo. Los más afectados son los propietarios de bares, hoteles, discotecas y todos aquellos lugares donde puede haber jolgorio. Porque los millones, muchos millones, nada más y nada menos que 83.7 millones de turistas que estuvieron en este país en 2019 han brillado en 2020 por su ausencia, lo mismo que los 92.278 millones de euros que se habían gastado. Ni un kopek de ese tesoro o tan porquito que ni cuenta. Este año de 2020 gran parte de los hoteles de toda España han tenido que cerrar por falta de clientes. Y sobre todo en Andalucía, sur, donde se localizaban los negocios más pingües para todo el que tenía las manos metidas en negocio de hostelería. En el pueblo donde yo vivo, que tiene 70.000 habitantes, o eso dicen, y que en los meses de verano triplicaba su población y los hoteles y todo lo que tuviese algo que beber y que no fuese el agua del mar estaban repletos, la catástrofe es todavía mayor. Las autoridades cuentan con las ayudas de la Unión Europea, pero en Bruselas ya parece que no tienen ganas de dar dinero a fondo perdido. El bicho chino ha conseguido poner firme a todo el mundo, como si Franco hubiese reaparecido. Ni las bestialidades de la dictadura del General Franco, que se tiró 40 años en el poder, avasallando a todo un pueblo, fusilando, expatriando, encarcelando y haciendo lo que le daba la gana podrían hacer más que el bichito invisible. La gente obedece, si hay que ponerse una mascarilla se pone, si hay que quedarse encerrado en casa tres meses pues también. Y pese a esta buena voluntad, a esta pasividad, hay miles de muertos, 800.000, 900.000, quien sabe.

Porque se da el caso de que si la policía vigila todos los lugares de ocio, donde se suelen dar más casos de coronavirus, impidiendo casi siempre las fiestas y los contactos que pueden ser mortales, ya hay quien se está montando fiestas en casonas donde hacen negocio mientras el coronavirus se da un atracón.

España y sobre todo Andalucía están de capa caída con la amenaza de caerse para no poder volver nunca más a ponerse de pie. Los comerciantes, que sobre todo en la industria del ocio y en verano, eran los amos, y ganaban lo que querían no saben qué va a ser de ellos. Porque el Estado tampoco tiene dinero para repartirlo a manos llenas. Pero ellos replican que no tienen la culpa y que necesitan vender bebidas, comidas, todo lo que les ha permitido vivir como reyes hasta ahora. Lo malo es que en Andalucia, la provincia del sur que es la más poblada de España, se vive o se vivía casi exclusivamente del ocio. Las playas daban pie a tener hoteles que se llenaban en cualquier época del año y sobre todo en los meses de verano.

Este verano que acaba solo noventa por cierto o más de los turistas que han pisado las playas y los bares han sido españoles, que suelen ser más cortos a la hora de gastar y que nunca pueden alcanzar el número de turistas llegados regularmente del extranjero. Los pueblos de Andalucía, la cara risueña de una España que tiene el paro más importante de Europa, donde las organizaciones caritativas, sobre todo Cáritas y Cruz Roja, tienen que esforzarse mucho para que el hambre no cunda, están paralizados, asustados. Se ha roto la racha del turismo a gogo y la copa al precio que a mí me de la gana y todos sabemos que mientras el bicho esté mandando gente a los hospitales abarrotados la catástrofe no la parará nadie. Los economistas no se atreven a calcular cuánto dinero hará falta para levantar a Andalucía por ejemplo cuando acabe la pandemia. Ello pese a que el gobierno sigue mirando hacia el horizonte como si esto no hubiese sido más que un mal resfriado. Ya se calcula que para finales de año podrían estar disponibles las primeras vacunas. Pero, ¿y mientras tanto? ¿Y después? Los médicos españoles tienen costumbre de decir que una gripe son siete días de cama. Ninguno de ellos sería capaz de aventurarse en pronósticos con el coronavirus.