Cuba reabre las aulas y encierra a la Habana
image_pdfimage_print

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

El 1 de septiembre quedará inscrito en la memoria de los cubanos como otro día raro, tan extraño como el año que corre, porque lo que ha sido normal durante siglos –darse un beso o salir a tomar el sol-, se ha convertido en pecaminoso o mortal. La isla reinició el curso escolar de manera presencial tras más de cinco meses de receso, salvo en seis municipios de cuatro provincias y en todo el territorio de La Habana, epicentro de la epidemia de covid-19 que amaneció cerrada al resto del país y comenzó a mal vivir bajo toque de queda.  Como si fuera en realidad un día sin riesgo, los estudiantes llegaron uniformados a sus escuelas más silenciosos que de costumbre, con tapabocas puestos y otros de reserva; cada uno se sometió a la desinfección obligatoria y comenzó una aventura más en tiempos de coronavirus. La titular de Educación Ana Elsa Velázquez dijo esperar “un buen reinicio de curso” y agregó que “en la medida que los municipios afectados resuelvan la situación epidemiológica, se decidirá la reincorporación a las aulas”. Cuba se reparte administrativamente en 15 provincias y un municipio especial. En las occidentales Villa Clara, Matanzas, Artemisa y Pinar del Río abrieron las aulas, a excepción de sus seis municipios con contagio. El municipio Isla de la Juventud y las nueve provincias del centro y el oriente casi no reportan infectados desde hace 100 días, por lo que el curso arrancó sin sobresaltos, aunque el regreso a las aulas ha sido acogido con suspicacia por algunos padres. “Sigo pensando que es un error, no podemos confiar en la disciplina colectiva (en cuanto a mantener las medidas de higiene), porque no la hay”, escribió Reudis, en un post que resume muchos.

Todo resulta muy raro, es como si el país fuera un barquito de velas moviéndose al capricho de las olas y las corrientes, y la gente se estresa o se encabrona, se amarga o explota. Cuando se piensa en mejoría, todo vuelve a comenzar y así se va entre las manos este año inmundo. “Hoy es un día de felicidad porque comenzó el curso escolar y de restricciones y exigencia para controlar la epidemia en La Habana”, dijo el doctor Francisco Durán en su conferencia de prensa habitual el contradictorio 1 de septiembre, reiterando lo complejo que resulta cada minuto en este país, en reedición de lo que ocurre en el resto del planeta.

Encierro y opiniones

Son abiertas las escuelas y La Habana amanece con todas sus entradas y salidas cerradas al resto del país, y desde las siete de la tarde hasta las cinco de la mañana durante 15 días bajo el toque de queda, “algo inédito desde la caída en 1959 de la dictadura de Fulgencio Batista, que irritará a mucha gente”, según septuagenarios.  “Esto no se había hecho nunca desde la dictadura de Batista (1952-1959), al menos que yo recuerde”, afirmó Francisco Ramírez,74 años, en tanto José Antonio Ballester, 76, agregó: “Habrá que ver cómo reacciona la gente a una medida tan fuerte como necesaria y desconocida por la mayoría”. La epidemia sorprendió a Cuba en otro momento de crisis por las reiteradas sanciones de Estados Unidos y las insuficiencias crónicas de su economía. Desde hace más de cinco meses se reproducen en el país largas filas de consumidores ante los comercios de alimentos y medicamentos casi vacíos. Pero además, junto al toque de queda se implementó desde la mañana de 1 de septiembre la prohibición de que las personas se trasladen de un municipio a otro en busca de productos en almacenes de mayores ofertas, “lo cual multiplicará la irritación en los barrios con menos tiendas”, consideró Ballester. Nadie parece escapar de esta realidad malignamente sombría “Hay mucha gente que lleva cinco meses sin cobrar y por ejemplo quienes somos autónomos hemos tenido que seguir pagando la seguridad social sin ingresar un centavo”, declaró Rolando Valdivia, 40 años, quien alquila un apartamento a turistas extranjeros, negocio también en crisis.

Me lleno de optimismo y aseguro que este año diabólico pasará. Imposible pronosticar cuándo, pero quedará en la ancha parte amarga de la historia humana y entonces, cuando eso ocurra, tocará asistir al drama de los países hundidos y al nuevo saldo del enfrentamiento Estados Unidos-China por otra repartición del mundo.