La messianica marabunta china
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrrocal Jr.

Cuando rugía la marabunta en aquellas pantallas de cine que te metían en otro mundo, cómo ibas a imaginar que un día, unos sesenta y pico años después, ibas a ser tú mismo el Charlton Heston de pacotilla al que amenazaban hormigas asesinas, salvo que esta vez no es una marabunta sino un ejército de bichos invisibles que te persiguen por un lavado de manos. Qué felices éramos en medio de aquella plantación donde el macho, más que nunca, Charlton Heston, trataba de impresionar a su esposa, a la que había casi comprado, la maravillosa Eleanor Parker, luchando contra riadas de hormigas carnívoras que no buscaban más que la muerte, como ahora el bicho chino que no nos deja en paz. Nadie podía imaginar que nuestro mundo iba a dar un vuelco tan terrible en apenas medio siglo. Éramos tan felices haciéndonos ilusiones con la bella e indomable Eleanor Parker que ni se nos pasaba por la cabeza que un día nos tocaría luchar como el chulo de Charlton Heston, salvo que él estaba seguro de ganar cuando terminara el rodaje de la película. Estamos en el maldito año 2020, extraña cifra para una catástrofe como la que tenemos encima. Porque ya no es que estemos esperando con ansias en los dientes una vacuna que nos libre del bicho chino sino que todo va de mal en peor. El New York Times dice con cierta razón que España es “el país donde las discotecas son más importantes que las escuelas… El ocio nocturno permaneció abierto semanas después de haber sido identificado como foco de contagio”. Ay, mi España, y para males peores el superfutbolista Leo Messi se quiere ir del Barça, y si eso ocurre, entonces España quedará huérfana. ¿Quién concibe una Liga de fútbol sin tener a mano la incógnita de Messi, su chulería con el balón, sus millones que ya ni se cuentan, su bella esposa, portada de cualquier revista, mientras los comedores de la misericordia no han cerrado sus puertas ni las cerrarán desgraciadamente en medio de un paro galopante y de hospitales rebosantes de caídos en el frente del maldito coronavirus que Satanás se lleve a su infierno abierto 24 horas?.

Ay, mi España, ¿adónde vas? El pánico no es otra película como cuando rugía la marabunta en aquella plantación en technicolor y tú esperabas hundido en tu butaca a que la esposa que no quería serlo, Eleanor Parker, se fuese a dormir por si se quitaba el camisón se seda, que las malditas hormigas se tragarían, a menos que se la llevaran a ella, a la bella de bellas, para convertirla en reina de sus agujeros metidos en el infierno. Y decir que de pequeño nos habían contado que las hormigas eran unos seres maravillosos, que ahorraban para la jubilación. Y ahora los jubilados de carne y hueso se mueren de miedo, porque saben que como el bicho les pique tienen la muerte a plazo fijo. En este país llamado España, algunas autoridades, entre ellas una mujer que ni siquiera es fea, han decretado que los viejos no sirven más que para estorbar y que ocupan camas de hospital inútilmente. A veces los humanos, incluso titulados de Medicina y con el juramente de Hipócrates en el bolsillo, son peores que la marabunta contra la que luchaba Charlton Heston. Y por la noche pones la radio cuando ya estás aterrorizado del día y aparece la verdadera preocupación de toda España: que Messi se nos va. Y, además, ¿tendría cara de fichar con los ingleses, nuestros enemigos de siempre? Messi, Messi, que vos sos argentino y que los catalanes te criaron y te hicieron un hombrecito lleno de millones y millones de euros. Chulo. Pero el amor es ciego y los españoles darían la vida por ese pibe, que les importa mucho más que saber lo que va a pasar cuando los niños se metan en aulas que no están preparadas para resistir a la bestia, porque nunca se ha dado un caso parecido. Pero los altos responsables, que ya se cuidarán mucho de mandar a sus bastarditos a esas escuelas, viven tranquilos y pueden pensar en Messi.

Mon Dieu, es verdad lo que dice el New York Times. Aquí te juegas la vida por meterte en una playa, en una discoteca o en uno de esos ruedos donde animalitos totalmente ajenos a las peleas de los humanos son sacrificados como cuando los griegos hacían sus sacrificios a los dioses, salvo que en este 2020 de muerte la gente ni conoce a los dioses griegos.Construyamos un monumento a Messi en la Plaza Mayor de Madrid y hagamos sacrificios, día y noche.Messi, Messi, ¿por qué se te ha ocurrido decir que te ibas? Mira la que se ha liado, porque probablemente los bichos chinos adoran verte jugar con la camiseta del Barça y se han cabreado que ni te digo. Por favor, que vengan otra vez las hormigas malditas de la marabunta a ver si se comen a los puñeteros bichos chinos.