Informar, desinformar
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En pleno siglo XXI, el mundo atraviesa la más feroz crisis de información. Los gulag informativos se multiplican por doquier aunque oficialmente existe una prensa libre. Incluso esa prensa libre “·oficial”, asentada tradicionalmente en los países del Primer mundo, padecen muchas veces enormes caries de información dirigida en nombre de la libertad de expresión. Europa conoce con la Rusia del zar Putin I un recrudecimiento de lo que fue la prensa soviética de la antigua URSS. Periódicos, radios, televisiones que bajo un frágil barniz de libertad son auténticos gulag informativos. Se dice lo que conviene que se diga en ciertos medios, que no tienen por qué ser el Kremlin. Alrededor de la antigua Unión Soviética, hay países independientes, con parlamentos, con presidentes y toda la farfolla de la libertad de expresión que no ha podido despegarse del modelo soviético de prensa.

La agencia de prensa Tass en su versión soviética original ha sido la madre de toda una prensa alrededor del padre de todos, Moscú, en la que no se concibe que haya más libertad que la que se decrete oficialmente. Pero el público está acostumbrado a que sus dirigentes ganen cualquier elecciones con grotescos y altísimos porcentajes de votos y llegan a creerse que quienes mienten son la gente del Oeste. Porque con tantos años de vigencia, la prensa comunista ha sabido implantar un modelo que en nombre de la libertad que ellos consideran, en nombre de los derechos humanos que ellos no respetan, en nombre de la patria, todo vale. La mentira fue impresa mucho antes de que Stalin supiera leer. Educar al pueblo en la convicción de que solo lo que decía Pravda, el diario oficial soviético de referencia, o la Agencia Tass, su nave madre era el objetivo de quienes estaban encargados de “informar” en el vasto territorio de la Unión Soviética y de los países comunistas europeos.

La falta de información fiable ha sido y sigue siendo impresionante. Y no hace tanto que se han producido ejemplos que cualquier periodista debería estudiar objetivamente. Un ejemplo es el opositor a Putin al que tratan de salvarle la vida en Alemania después de que supuestamente haya sido envenenado, como otros opositores en otros momentos. Silencio en Moscú. Ni siquiera un desmentido. Bielorusia, con el Lukachenko de Presidente que quiere eternizarse en el poder. Y cuántos Belorusia hay escondidos en las estepas, en lugares en los que hay fútbol para dar solidez democrática a dictadores que obtienen 98 por ciento de votos en cada elección.

El 20 de agosto de 1968, durante un discurso en Washington, el presidente Lyndon B. Johnson está haciendo un análisis de las relaciones en el mundo. De pronto, la calma chicha de un discurso presidencial, que normalmente es eso, un discurso protocolario, se convierte en un tsunami. Los teletipos de la redacción de la Agencia France Presse empiezan el concierto de campanitas que anuncia una noticia importante. La Casa Blanca anuncia que tropas soviéticas han invadido Checoslovaquia, con la intención de poner fin a la llamada Primavera de Praga, un intento para renovar el aire viciado de ese país del bloque soviético. Alexander Dubcek, primer secretario del Partido Comunista de Checoslovaquia, de corte liberal, estaba facilitando esa operación puramente intelectual en espera de poder acercarse a algo que se pareciese a la libertad. Los relojes murales de la AFP París marcan la 01h48 GMT. Todo o casi todo el mundo debe de dormir en Praga.

En ese momento, la reacción sana de los que teníamos la posibilidad de encabritar al mundo con la información de la invasión fue empezar a verificar, aunque, naturalmente, lo que había dicho la Casa Blanca estaba ya en todas las radios y en todas las rotativas. Pero nos preguntábamos si no sería un intento de intoxicación montado por cualquier servicio que hubiese utilizado el momento en que hablaba el Presidente del país más poderoso del mundo, y el principal enemigo de la Unión Soviética.

Ahora se trataba de confirmar la información por nuestros propios medios. En el llamado Servicio de Escuchas de la AFP, donde periodistas especializados tenían por misión intentar entender los farragosos despachos que solían mandar las agencias de prensa del Este, no sacaban nada en claro. Entonces llamamos a nuestra delegación en Praga. Los teléfonos sonaban en el vacío de la noche o callaban. Ni siquiera habían cortado las líneas. Qué prepotencia. Entonces alguien tuvo la ocurrencia de llamar a la AfP-Viena, aunque era poco probable que hubiese alguien en la Redacción a esas horas, ya que, oficialmente, no ocurría nada que lo justificase en Austria. A la tercera llamada, el teléfono era descolgado por un periodista de la misma AFP que estaba asistiendo a un congreso científico en la capital austriaca y que acababa de pasar por la delegación para dejar sus cosas.

Y el milagro se produjo. Desde Viena, el colega consiguió conectar con el hotel donde dormía como un bendito nuestro corresponsal. Nuestro hombre en Praga creyó que todo aquello era una argucia de los norteamericanos. Pero mientras argumentaba en este sentido, calló, pareció escuchar algo y soltó el teléfono para abrir el balcón de su habitación. Dos segundo después empuñaba de nuevo el teléfono y a voz en grito decía; “¡Es cierto… es cierto, los tanques soviéticos están pasando debajo de mi balcón!”.

Afortunadamente, las grandes agencias de prensa ya existían. Y así, de esta forma tan insólita, fue como pudimos confirmar al mundo la que parecía increíble noticia de que los tanques del Pacto de Varsovia habían hecho añicos la Primavera de Praga en una calurosa noche de agosto de 1968. Ya pueden imaginar que la noticia del fin de las ilusiones en Checoslovaquia no corrió tan de prisa ni tan abruptamente por los teletipos de las agencias enfangadas en el comunismo redentor. Ejemplos de manipulación como este tengo un libro lleno (“La Manipulación de la información” (2003). Hasta ahora, y les hablo desde el año del bicho chino del 2020, esos parapetos informativos siguen existiendo, aunque poco a poco unos y otros tratan de roerlos, de menearlos para que no molesten a países que creen que la verdad está únicamente en lo que ellos dicen.

Cuando el general Francisco Franco se apoderó de España, derrotando a una República que no andaba muy acorde con los tiempos, en 1939, una de sus primeras decisiones fue fundar una llamada Escuela Oficial de Periodismo, donde se enseñaba la manera franquista de informar, que por muy fascista que fuera se parecía tremendamente a la forma en que se concebía la libertad en países como el que acabamos de ver con tanques de ataque paseando en una noche de 1968, en plena canícula de agosto.

El propósito de Franco, como ocurrió antes o después en países como Chile, era establecer un carnet oficial. Había que aprobar las enseñanzas abracadabrantes de aquella madriguera de mentiras y medias verdades para ser oficialmente PERIODISTA, cuando hasta entonces había sido una profesión de libre ejercicio. Porque lo que hizo Franco fue lo que hicieron otros países, derivar la autoridad sobre la prensa de una asociación profesional al GOBIERNO. Desgraciadamente esto sigue ocurriendo todavía en algunos lugares del mundo. El gulag informativo de Franco duró lo que él, alrededor de cuarenta años. Aunque…

Cuando los gobiernos se dieron cuenta de que tener en sus manos la prensa y manejar a su antojo a los periodistas era la única manera de asegurarse un poder consecuente empezó el gulag de la información. Todavía hay países donde los periodistas se forman en universidades oficiales, con toda la religiosidad del culto al régimen, y luego entran en la religión que les dicta una central de información. Todos esos periodistas son tratados como tales, se les permite viajar por el mundo entero en ocasiones, pero siempre dentro de la convicción de que la verdad es el que dicta la central de información.

Esto ocurre actualmente en Cuba, donde la Agencia Prensa Latina (PL), que nunca pudo llegar a ser considerada en el ámbito internacional porque su vocación es servir al régimen, al que esté en ese momento, sin apartarse un ápice de la religiosidad informativa, quiero decir que la verdad está allí y en ningún otro lugar. Y ello pese a que actualmente Cuba está inundada de periódicos digitales, que a veces son considerados como traidores y en todo caso como fuera de la normalización que impone Prensa Latina.

Yo colaboré durante varios años con PL, incluso con un contrato con muchas firmas que ellos rompieron unilateralmente el día que consideraron que no les convenía. Hoy me publican algún artículo de muy tarde en tarde en la rúbrica “Firmas selectas”, donde reinan un cura y un ex director general de la UNESCO. Supongo que es para que no se diga…

Pl está constituida por excelentes periodistas, pero no todos tienen el mismo estatuto ni las mismas facilidades y más vale estar en la órbita que manda su Presidente-director, quien a su vez es un hombre del viejo Partido Comunista, que edita el diario oficial de Cuba, el viejo Granma desde hace más de medio siglo.

Algunos de esos periodistas, excelentes, tratan de liberarse y trabajar para periódicos extranjeros. Toda la diferencia semántica entre la prensa cubana y la de los países capitalistas está en esta frase más que maquiavélica “cuenta con objetividad, pero nunca con imparcialidad”. Dicho con otras palabras, hay que ser parcial y favorecer siempre las tesis del Estado.

Las autoridades cubanas no quieren admitir que la libertad de expresión es indispensable en la prensa, y que la imparcialidad es indispensable. Un compañero cubano, que practica y sabe lo que es la libertad de expresión explica muy claramente: “Juzgar a este país con la lupa que empleamos para aproximarnos a cualquier otro es un error mayúsculo, porque ningún otro, al menos que yo conozca, lleva 60 AÑOS desafiando al mayor imperio de la era moderna. No sé hasta cuándo durará esto, pero lo que se juega aquí es la vuelta a un capitalismo que no es perfectible, porque ya enseñó todas sus cartas o la persistencia a favor de otro tipo de sociedad, ponle el apellido que quieras, que con todas las meteduras de pata en estas décadas pienso yo que puede ser perfeccionado”.

Es un argumento mayor e indiscutible. No obstante, tengo la impresión de que tarde o temprano quienes dirigen la prensa oficial en Cuba van a tener que tomar el peligroso viraje, porque desde que autorizaron todos los periódicos digitales existentes en las redes, e incluso algunos o uno por lo menos con una edición en papel, cualquiera que los lea lejos de Cuba está al tanto de casi todo lo que ocurre. Por lo menos de las carreras para buscar alimentos, peleas (en video) por llegar antes a la cola del establecimiento que vende lo que ellos buscan.

Hace ya casi quince o dieciséis años que un director de Prensa Latina me confió sus deseos de poner la agencia a nivel “occidental”, pero aparentemente los comunistas que reinan en la prensa nacional no le dejaron ni siquiera intentarlo. Y es realmente una falta que Cuba pagará durante muchos años.

Mientras la prensa cubana considere como traidor y otros adjetivos peores a todos los que no comulgan con lo que ellos dicen, no habrá apertura hacia Occidente. Con la irrupción en el panorama periodístico de un aparente e inocente Facebook (FB), al parecer ideado en Estados Unidos aunque es difícil saber cómo y por qué, Cuba ha vuelto a tener más calidad de vida, aunque este engrudo de MacDonald con Milanesa a la plancha deje un mal sabor de boca. Del lado latinoamericano, los cubanos, sean del bando que sean, de Miami o de La Habana, han tomado la delantera y se reflejan en sus páginas, escrito de cualquier manera, ese parece ser el “gracejo” de esta publicación, pero transmiten sentimientos, que a veces se traducen en fotos de colas en La Habana o de enfrentamientos con policías.

Prensa Latina aprovechó la aparición de este insólito “periódico” para hacerse una enorme publicidad, de una forma bestial. Tanto que daba la impresión de que había un contrato por medio. Pero PL y sus detractores siguen enfrentándose en FB. Uno de los directores de Prensa Latina, probablemente el que hablaba de “renovación”, duró poco tiempo en el cargo. A partir de ese momento el actual dirigente no se ha movido de su puesto. Estaba cuando todavía vivía Fidel Castro y sigue con el nuevo régimen. ¿Casualidad o intencionalidad de dejar bien sentado que aquí no se mueve nadie? En cuanto a FB no sé realmente todavía si hay que incluirlo en este desbarajuste de gulag, donde nunca se sabe muy bien quién es lo que no parece. Pero en todo caso, châpeau, es un golpe de alguien que conoce bien la prensa y sus lectores. Porque ellos no piden ni tan siquiera que los que intentan escribir cositas, a veces con faltas de ortografía horrenda, en cuanto a la sintaxis, mejor no hablar, tengan un mínimo de “formación”, pero consiguen crear un mundillo particular que hasta ahora no existía en la prensa occidental.

Termino citando palabras recogidas de Prensa Latina a través de Internet: “En Francia, el presidente Emmanuel Macron dijo ante Vladimir Putin que los medios rusos Sputnik y Russia Today difunden noticias falsas y por ello no les permitió el acceso a su campaña electoral”. Prensa Latina puede convertirse en cualquier momento en la gran agencia latinoamericana que se necesita en ese continente. Basta con que el Partido comunista le abra el candado.