La impostura de amar
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Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

No se ama, se dice que se ama, porque es un verbo que nos enseñaron en la escuela y porque el amor tiene muchos siglos y a los viejos hay que respetarlos hasta que los meten en una habitación con morfina a gogo para quitarlo de en medio, porque estorba. El amor estorba. El amor no existe. Todo el mundo quería a Jesús, hasta ese padre que nunca dio la cara, y sin embargo lo asesinaron de la manera más vil y canallesca. Penetrarse a la horizontal no es amor sino pura necesidad de transmitir fluidos y sensaciones y puede ser con Drácula o con la Bruja Pelúa. Para ser amor tiene que ser infinito y puro. Como podría ser el parto de la Virgen. Tener un hijo sin intervención sexual es más que un milagro una prueba de amor inconmensurable. ¿Qué valentía, qué valor tiene crear un ser cuando se tienen los aparatos, una verga erecta y llena de líquido adecuado y un receptor donde se forma el engendro? Se hace todos los días miles de veces, a veces por puro juego en la cama, otras por una violación, otras porque a ella se le ha antojado un niño. O porque se ha roto el preservativo. Pero nada es amor. Todo es impostura, tonterías presumidas que no llevan la mayoría de las veces más que a criar a seres sin razón de ser, y que no entienden por qué tienen esos padres y no otros. Cuando Santa Teresa habla con Jesús, al que trata como un novio, no le pide un hijo. Se limita a amarle, a venerarle, sin que por cierto él responda o corresponda con un gesto de amor.Jesús tenía, dicen, a Magdalena que le seguía como una perra, como una esclava. Pero probablemente porque la respetaba, la amaba incluso, nunca le impuso la carga de un hijo que podría haber terminado como él terminaría. El amor tiene el preservativo de la conciencia. Se ama absolutamente, sin descargar el líquido seminal en una matriz donde puede producirse lo que algunos llaman el “milagro”, un niño, que ya se puede crear en una clínica y si me apuran hasta por correspondencia.

La castidad rima más con el amor puro. Mediten con Santa Teresa. Ningún biógrafo habla de relaciones sexuales fingidas como hubiese sido una autosatisfacción. El amor, por puro que sea, no es más que un sueño. Nadie ama lo suficiente para amar. Ni Dios amó a Cristo lo bastante para evitarle esa atrocidad de la cruz con el pretexto de crear un hombre nuevo, el cristiano que tendría que esconderse hasta encontrar su lugar en la sociedad. Amar es incondicional, a veces a distancia, casi sin rozar la seda de la braga, sin forzar una entrada por mero instinto animal. Lo más cerca del amor puro sería el beso, ese que ha cantado algún bolerista, el que se da sin amor, pero sin consecuencias, sin buscar otro ser que probablemente tendrá que pagar muchas penas. Porque la pareja tan enamorada para llegar “hasta las últimas consecuencias” no piensa que el niño, la niña, el engendro, habrá que quererlo.

Me horripila ver cómo cuando aparece un niño de un vientre todo el mundo, hasta la enfermera de guardia, parece sentir por la criaturita un amor desmedido, una pasión arrasadora. Pero si ni siquiera le conoce. Es una pose social, que se respeta. ¿Alguien ha visto a un padre o a una madre coger a su recién nacido en los brazos con un gesto de fastidio¿ Qué va. Sacan sonrisas de donde no las hay. Porque dentro de unos años no sabrás cómo criar a ese ser que no ha pedido meterse en ese nido que le habéis buscado. Amar es mucho más profundo. Es querer, adorar como, si es cierto, la virgen adoró al niño que le trajeron por obra y gracia de no sé que divinidad y sin que el carpintero, su marido, hubiese tenido nada que ver. Amar es comprometerse con algo que no existe, algo a lo que no se le sacará ningún partido social (“¿has visto que rico es el niño?”) ni de cualquier otro estilo. Amar es no esperar ningún reconocimiento. Porque todos los que fabrican un ser por los métodos más variados exigen como contrapartida que les quieran, que el niño o la niña les ame porque son sus padres. ¿Acaso la criatura ha pedido que le engendren y que le pongan en un mundo donde gran parte de su vida consistirá en luchar par sobrevivir, sin que él pidiese nunca nada?

No todos somos Santa Teresa:

Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aún de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso…