Cuba y sus debates
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Pertenezco a una generación que anda de viaje a la semilla tras vivir en REVOLUCIÓN y tengo algunas cosas que contar. No por vanagloria, sino porque quizá puedan servirle a los más jóvenes de aquí y a quienes desde lejos quieren entender a esta isla especial. Entre los años 60 y 90 del siglo pasado, los escenarios de debate en Cuba eran por lo general cerrados “pa´que el enemigo(Estados Unidos) no se entere”, según se decía. Se discutía de todo con pelos y señales, y al mismo tiempo se apoyaba en mayoría un proyecto social sui géneris. Se discutía en tertulias de amigos sobre las contradicciones que iban lastrando el avance del país; se discutía en los núcleos del Partido Comunista, en reuniones sindicales en centros laborales o en excepcionales asambleas públicas, como aquellas que transcurrieron en la llamada “Rectificación de errores y tendencias negativas”, que quedaron como un desahogo colectivo porque después llegó la crisis de los 90. Se discutía sin ambages cuando la desidia echaba raíces. “¡No cojas lucha!”, era la recomendación popular de los 80, en antesala del “¡esto no es fácil!” que devino moda en la primera década del siglo XXI. Más recientemente fue la discusión de la nueva Constitución finalmente aprobada, ejercicio sin distinción de edades en el que no faltaron propuestas como la de reformar el sistema electoral por estrecho y poco convincente, iniciativa que no llegó a cuajar en la Carta Magna.

 

INTERNET

En cuatro décadas, a diferencia de lo que ocurría más allá de las fronteras, los debates quedaron en espacios cerrados y en los parciales informes de la prensa oficial. Sin embargo, con la explosión de Internet, aunque la isla llegó tarde a sus virtudes y defectos, las posibilidades de expresión individual se ensancharon y el país comenzó a parecerse un poco más a los demás. Cuatro millones de cubanos acceden hoy a las redes desde sus teléfonos móviles, en tanto unas 143 mil familias lo hacen desde sus hogares, y lo que informa, aplaca o irrita ya no lleva el rótulo exclusivo de Granma o el Noticiero Estelar de la TV. En las redes corren campañas falsas o ciertas, estupideces y cordura, ortografía mutilada e informes rebosantes de intencionalidad sin fuentes ni confirmación – creo le dicen “periodismo independiente”-, pero junto con todo eso hay también posibilidad para el ejercicio de la expresión personal lejos de los espacios cerrados de antaño, y los cubanos se han enterado.

CORRUPCIÓN

El 10 de agosto, Granma reprodujo una crónica sobre “esas actitudes negativas que acompañan a la actuación de coleros, revendedores, acaparadores, corruptos y ladrones”, y abogó porque “se arranquen de raíz tales plagas”. En la confección de la nota, el autor se apoyó con interpretación propia de la película “Conducta”, de Ernesto Daranas, filme multi premiado, emblemático y estremecedor por sintetizar el país que somos y no el que se quisiera, y ello desató la respuesta de Daranas y la apertura de un debate que se extendió por Facebook. “No has entendido nada”, replicó el cineasta al cronista para concluir que con su filme “intenté la parábola de una Cuba inclusiva, tolerante y diversa. Mi prioridad fue nuestra autoestima, el recordatorio de lo que realmente somos como cultura y como pueblo, mucho más allá de esos símbolos y consignas entre los que el significado de “Patria” se extravía”.

ESCUELAS

El 14 de agosto, la titular de Educación Ana Elsa Velázquez anunció que el 1 de septiembre recomenzará el curso escolar 2019-2020 tras unos cinco meses de receso obligado, con la excepción de La Habana, donde se mantiene el epicentro del coronavirus. El anuncio lo hizo 24 horas después de que especialistas pronosticaran “un segundo pico de contagios para finales de octubre” y la reacciones a favor o en contra de la reapertura también se dispararon en las redes. Desde los 60 hasta los 90, reacciones como estas, habituales en cualquier otro país, en Cuba habrían quedado en los escenarios cerrados. Bienvenida pues Internet con sus falsedades y certezas, si movilizando opiniones se ayuda a cambiar lo que le urge a la nación, y todavía no ha cambiado.