Cuba y los adivinos
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

 

 

 

 

 

 

Ni los adivinos de lujo, esos a los que acuden discretamente reyes y presidentes, logran vaticinar el futuro inmediato de este país, que pareciera saltar de una crisis a otra desde el mismo instante en que se convirtió en excepción socialista en América, pero ahora con la particularidad del nuevo coronavirus. Las otras causas son recurrentes: economía improductiva y oposición de Estados Unidos a las excepciones.

En el inicio del sexto mes de lucha contra esa inmunda epidemia, que ha convertido en riesgo de muerte lo que ha sido normal –tomarse un trago con los amigos en el bar cercano o irse de rumba hasta cualquier madrugada – , suman más de mil millones de pesos los desembolsados para contener la epidemia en un país donde son gratuitas desde las pruebas PCR hasta la hospitalización y los protocolos de tratamientos con medicamentos propios. Y eso pasa factura cuando no hay recursos financieros ni para importar alimentos de primera necesidad o materias primas y, además, lleva cuatro meses inactiva su principal fuente de ingreso de dinero fresco, el turismo internacional. Todo ello en medio de un rebrote del virus en momentos en que casi todos los cubanos cantaban victoria. Siete de sus 15 provincias están reportando enfermos y se predice para finales de octubre un segundo pico de contagios.

LAS CUENTAS QUE NO DAN

Hasta ahí sería una realidad similar a la del resto del planeta enredado con el mismo virus, solo que en Cuba las cosas siempre son distintas a las demás. Veinte años después del primer intento de sacar de un hondo hueco a la economía nacional, los que dirigen ahora retoman la idea de articular la empresa estatal, con las privadas y cooperativas, estas últimas en pañales, cuando la cantidad de isleños empleados en las formaciones no estatales rebasa el millón 300 mil. “Parece que el pie que acelera nuestra reforma/ actualización o como se le quiera calificar a este proceso que nos ocupa en los últimos diez años, no va a abandonar el pedal del acelerador”, consideró el académico Juan Triana, uno de los muchos economistas críticos del tiempo perdido. Pero del parece a los hechos suele ir un gran trecho y el tiempo no perdona. Largas colas de consumidores en cualquier parte para adquirir cualquier cosa; mercado negro al alza, abasteciéndose siempre de los almacenes estatales; estrés, desánimo, campañas contra el socialismo en las redes sociales, y para levantar espíritus hacia adentro una propaganda vieja y densa que más que animar aburre.

NOVIEMBRE

La economía nacional, sus remiendos y desastres, es el segundo ingrediente que complica cualquier pronóstico y haría fallar hasta al mismísimo mago Merlín del rey Arturo. El otro componente de este ajiaco ácido tiene una vida tan larga como el socialismo a la cubana y parte de la oposición del Norte al rumbo que se sigue aquí desde 1959.Estados Unidos suspendió los vuelos chárter privados a Cuba como otra medida para aumentar la presión y cortar los fondos que recauda el gobierno cubano”, dijo la prensa estadounidense el jueves 13 de agosto, al reseñar el anuncio hecho ese día por el Secretario de Estado Mike Pompeo, en un nuevo empeño por impedir que ingrese un centavo a este país, cuyo vínculo con EU y a la inversa data de mucho pero mucho tiempo antes de la confrontación surgida tras el triunfo de la revolución. “Ese espacio cubano-estadounidense es tan tangible que permitió a negros y blancos de ambos lados jugar por primera vez en un mismo terreno de béisbol, décadas antes de que Jackie Robinson lo hiciera (1947) en EU”, afirmó el politólogo Rafael Hernández en referencia a un acontecimiento trascendente en el mundo de las bolas y los strikes. Y tal relación entre dos países separados solo por 45 minutos de vuelo hace que los cubanos tengan la vista puesta en las elecciones presidenciales de noviembre como si fuera asunto nacional. “Si reeligen a Donald Trump, a llorar por los portales”, dicen muchos. Como otros países, Cuba saldrá empobrecida de la pandemia en curso, de acuerdo con pronósticos de la CEPAL, y “un cambio de rumbo en la Casa Blanca podría ser, al menos, un bálsamo”, en opinión de analistas. Pero hasta hacer pronósticos en tal sentido sería pare Merlín y los demás magos de lujo otro salto al vacío.