Cuba y la larga e inexplicada espera

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Por hábito o adicción, José Antonio Ballester hizo uno de sus movimientos característicos cuando la preocupación lo consumía: prendió un cigarrillo y volvió a hacerse la misma pregunta, empeñada en acompañarlo desde hacía demasiado tiempo. ¿Por qué se han perdido más de 20 años en hacer lo que se anuncia ahora para tratar de enderezar la economía de este país? Se interrogaba después de escuchar la más reciente estrategia económica diseñada por el gobierno, con el acento puesto en descentralizar, potenciar las empresas estatales, privadas y cooperativas, acabar con el monopolio estatal de las exportaciones e importaciones, y abrir más las puertas a las inversiones extranjeras directas. Se volvía a preguntar luego de conocer los mensajes optimistas de los políticos de aquí y las primeras evaluaciones críticas de economistas de un lado y del otro. Y, sobre todo, se preguntaba por qué duró tanto la espera, no flotando entre los diagnósticos de algún laboratorio especializado en conceptualizaciones económicas, sino desde las calles que zapateaba todavía con más deudas que conquistas, como parte de una generación que en mayoría lo dio todo a su país y sentía el derecho de preguntar y tener respuestas convincentes. Tenía fresca en la memoria, quizá porque fue como un salva-vida en la crisis anterior de los 90, los pronunciamientos de los líderes de entonces despenalizando el dólar -la moneda del enemigo-, invocando la necesidad de las pequeñas empresas privadas como complemento de las estatales y hasta advirtiendo en la Asamblea Nacional que cabía la posibilidad de que el Estado se viera obligado a vender a capital privado extranjero empresas emblemáticas como Antillana de Acero. Recordaba haberle dicho por aquellos días a sus hijos “ahora sí se va a enderezar esto”, pronóstico que quedó inconcluso. Le urgían respuestas y resultados palpables, pero de momento solo tenía ante él promesas e intenciones. Sabía que en tiempo de crisis se cierra filas en torno al proyecto social en que seguía creyendo.

No obstante, para José Antonio la obligación de volver a cerrar filas no le arrancaba de su conciencia la misma pregunta. ¿Por qué se han perdido más de 20 años? Los que nunca creyeron siempre tuvieron la respuesta a mano, “no es sostenible un sistema que desconozca la propiedad privada y el capital”; los que se descorazonaron llegaron a conclusiones similares; y entre los tercos que siguen el rumbo de 1959, José Antonio cuenta junto a aquellos a los que les importan las respuestas. Responder sería una manera certera de evitar la repetición de errores, porque con una economía remendada no hay salud pública, ni desarrollo científico, ni educación para cualquiera, ni electrificación generalizada, ni igualdad social que sobreviva.