Cuento de unos cielos Revolucionarios

 César González | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Mañana fría, con viento racheado que te hacía sentirlo más, menos nial que al día siguiente se marchaban de vacaciones. Cuba, desde el tiempo que Ricardo, el agregado cultural cubano le hablaba de “su” isla. Termino su mandato hacia ya un par de meses y él le invito a venir. Dicho y hecho, reserva hechas en el Hotel Nacional en la Habana y luego rumbo a Varadero.  Vuelo directo desde Madrid a la Habana, eso le recordó que tenía un amigo que bien sea por sus ideas revolucionarias, bien sea, porque la casa que lo empleaba eran muy rácanos, le hacían tomar el vuelo de la Cubana de aviación, aviones rusos con un radio de acción limitado lo que le hacía hacer el viaje con una parada en Gander aeropuerto canadiense situado donde un tal Jesús había perdido su cartilla militar. Le contaba el dicho amigo que la llegada a Gander y al parar los motores, eran rodeados por coches de policía, supongo que era para que no se escapase nadie, los aparcaban en una sala, hacían el pleno de keroseno y vuelta a embarcar. Épico… Pero bueno, volvemos al hotel Nacional. Restaurante del hotel por la noche. La camarera le presenta la carta, que más que carta parecía un listado telefónico. Había de todos los manjares. Leyó el monumento de carta a su esposa y a los dos niños, cada uno escogió lo que le apetecía. Llamo a la camarera y pidió.

 

 

– Ay, mi amor, de eso no queda, fue la primera respuesta. Al cabo de varios intentos de pedido, termino preguntando.
– Bueno que es lo que queda Respuesta corta y tajante, pero con una enorme sonrisa
– Ah mi amor, pollo y puerco
– Vale pues adelante con los dos bicho.

Antes de todo le explico a su esposa, que a pesar de que la camarera, una multa soberbia, le decía “mi amor”, él le juraba por todos los dioses del ^paraíso que no la conocía. Su esposa no se quedo muy convencida… Visita de La Habana al día siguiente, primero en un imponente Studebaker, reliquia del sargento Batista, que les paseo por toda la ciudad, Aglomerados de casas faltas de pintura, magníficos restos de lo que habían sido casas coloniales el baile incesante de coches americanos de los años 50, pero que habían sido reparados con los medios actuales, en claro de Studebaker y Pontiac, tenias el aspecto exterior, pero si abrías el capot, el motos estaba compuesto de piezas disparates, pero funcionaba. Los taxis oficiales era Fiat Uno, pintados de amarillo chillón, puro contraste.

Cena prevista con el ex agregado cultural en el famoso restaurante, frecuentado en otros tiempos por un tal Hemingway. La Bodeguita del Medio, con sus paredes llenas de firmas de todos los famosos que en otros tiempos habían comido y bebido en ella, nuestra firma también quedo en el muro para la posteridad, no faltaría más… Al día siguiente, rumbo a varadero en taxi oficial. El viaje duro varias horas con parada al borde de la carretera para refrescarse con zumos de frutas, atravesamos el famoso puente de Bacunayagua, una maravilla de tecnología aérea. Llegada a Varadero. Alojados en un antiguo complejo de bungalós, reservados en otros  tiempos para los  compañeros trabajadores del estado, pero vista la reciente apertura al turismo, se convertían poco a poco en alojamientos para los extranjeros. Día siguiente rumbo a la playa, atravesamos el complejo y desembocamos en un chiringuito que daba directamente sobre la playa. Soberbio espectáculo, playa inmensa, le recordó la de su país natal, pero todavía más grande. Se instalaron en esa arena blanca y entre chapuceo y chapuceo pasó la mañana. Llegó la hora de comer, chiringuito que te crió encontraron una mesa, al sol, ya que la única mesa con palmera incluida estaba ocupado. Llego un tío inmenso por los menos 1m90 , negro como el azabache, mas tarde supieron que había practicado boxeo, pero que su talento no le había permitido sobresalir, pienso que quizá le faltaba talento, pero sus maneras, un poco “dulzonas”, debían ser la otra causa. Bueno el caso es que llegaron las langostas, más bien deberían llamarlos gambas acompañados con unas patatas y verduras, una mierda? Lo único bueno era la cerveza, fresca, fresquita. Al terminar Armando, así se llamaba en negrote le trajo la cuenta, pago en pesos y dejando dos dólares de propina, le dijo.

– Armando, mañana volvemos, quisiera la mesa con la palmera y langosta, no gambas y señalando los dos billetes de un dólar termino, y como estos todos los días. La respuesta fue:
-¿ A qué hora compañero? La cena en el hotel estaba incluida. Comedor a la antigua, parecia una cantina, le recordó esos comedores de los hoteles antiguos en España donde los techos están a 3 metros y parecen campos de futbol.

Cena clásica, a base de frijoles, arroz blanco y el sempiterno puerco o pollo Al día siguiente su hija la rubita, o más bien “la güerita” como le llamaban por aquellos cielos, se despertó con fiebre, la recepción hizo venir a un médico, no sin avisarle antes que deberían pagarlo. Resultado, pequeña insolación, confinada a la sombre por lo menos 48 horas, medicamentos que la recepción mando a buscar y que también pago. La voz se había corrido entre el personal y al llegar a cenar, mu rubita fue rodeada por las camareras. –Ay mi guerita, como estas?. Salió hasta el “chef”, para preguntarle que quería cenar. Resultado la jodia comía a la carta y nosotros a base frijoles, arroz y pollo, no había justicia… El resto de la estancia se paso divinamente,  cortado por la mesa con palmera y verdaderas langostas, traídas por Armando del vivero que tenían escondido, de los helados de Copelia, y de los recorridos por zona de los bungalós en vespita de los dos críos, que hubo que parar porque los jodios los hacían a la hora de la siesta.

Vuelta a La Habana. Intento de salir, avión completo, trasportines ocupados por familiares de la tripulación, le leche. El Jefe de escala le dijo los próximos días los aviones están completos. Pregunto y la Cubana no nos da billetes? Respuesta
– Estas loco, llevo aquí 3 años y nunca han dado ni uno
Vuelta al hotel, telefonazo a Ricardo. Respuesta
– Preséntate en la oficina de  la Cubana con una atestación de tu compañía
Vuelta al despacho, el jefe de escala ante su pedido; le responde de nuevo
– Te la hago, pero no te darán un billete ni loco
Se presento en la oficina de la Cubana
– A compañero, si como no, aquí tienes cuatro billetes recebados para el vuelo de la Cubana que sale mañana.
Por chulería volvió a la oficina y le enseno al jefe de escala, los cuatro billetes, reservados
– Joder como lo has hecho

Respondió, tengo algún amiguete por ahí
Vuelta al hotel, telefonazo a Ricardo para agradecerle e invitarle a cenar aquella noche.
Así quedamos, vuelta la Bodeguita, después de la cena Ricardo le dijo.
– Sabes que el antiguo embajador, está ahora de jefe del partido en Cuba, he hablado con el otro día y le gustaría que fueses a charlar un poco con él.

Dicho y hecho, tenia gratos recuerdos del personaje, un verdadero revolucionario Aterrizamos en su casa un modesto piso y atacamos la noche con ron, habana club y hielo, rehicimos el mundo, lo modelamos a nuestra manera, utopías buenas que en esos momentos te hacen sentirte mejor, pero utopías. Hacia las doce de la noche su esposa n os abandono, diciéndonos que se tenía que ir, porque aseguraba la permanencia del partido esa noche. Joder eso era aplicarse los principios revolucionarios los críos y su mujer había abandonado las charlas y dormían sobre sendos canapés, bendita mujer e hijos, que le seguían por esos mundos. La noche no termino ahí, debían ser las tantas y ya bastante calientes Ricardo dijo

– Y si vamos a visitar a Raúl, duerme poco y seguro que ya está despierto
Pues hala, a visitar a Raúl. Casa pérdida en la sierra y seguimos rehaciendo el mundo a base de Habana Club y hielo? A su vuelta al hotel se acostaron todos y él se fue a la ducha, se sentó dejo el agua sobre él durante mucho, mucho tiempo Al final de la  tarde se presentaron en el aeropuerto, se facturaron y fueron a pasar el control de pasaportes. El policía, uniformado a la rusa, con la gorra alta típicamente soviética, le miro con suspiccion

– Estaba Vd. aquí ayer, y vuelve hoy, porque?
Tuvo que explicárselo todo, que el avión completo que si, etc.
Muy desconfiado y mirándolos de una manera sospechosa, les dejo pasar.
Sala de embarque pequeña, unos 30 pasajeros esparcidos en ella.
Revuelo fuera de la sala. Llegad de Raúl acompañados de sus guardaespaldas. Abrazo y fuertes acoladas
– Compañero, ya sabes, donde estoy y allí en tu tierra que no te falten cohíbas, y si no te atienden me llamas. El resto de los pasajeros acojonados y hacinados en una esquina de la sala. Miro al policía del control y lo vio “resbalar” despacito en su sillón hasta desaparecer a su vista. De risa
Vuelo sin mayores problemas que el dolor en las posaderas debido a los putos asientos del avión, madera recubierta de tela…

Ahora comprendía las peripecias de su amigo que transitaba por Gander, menos mal que los aviones rusos que operaban ahora eran de largo alcance lo que les permitía hacer el vuelo sin escala.
Todo esto pasaba en un país situado al oeste de un país que es el mío.