Cuba: “¿Esto es una fiesta?”

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

“Esto es una fiesta comparado con el Período Especial” (la crisis de los 90) , me dijo un mulato alto y dicharachero a las tres de la madrugada, cuando en septiembre pasado, junto a otras decenas de automovilistas ansiosos, hacíamos cola al oeste de La Habana a la espera de comprar gasolina. La guerra no declarada de Estados Unidos apuntaba a la liquidación de la importación de combustible venezolano y ni imaginábamos el mulato, los demás y yo que casi tres meses después, para colmo de males, irrumpiría en China el nuevo coronavirus que ha puesto en jaque a potencias que parecían inconmovibles. Pasaron 10 meses desde la cola madrugadora, y el lunes 20 de julio el gobierno recurrió a la venta en dólares estadounidenses mediante tarjetas magnéticas de alimentos y otros productos en falta en el mercado minorista –  más colas- , como uno de los recursos de emergencia aprobados para captar divisas fuertes de quienes las tienen (por remesas u otras vías) y reinvertir parte de ellas en la reanimación de la industria nacional. El gobierno asegura que a causa del bloqueo reforzado de EU, las limitaciones de la economía nacional y los gastos ocasionados por la epidemia del nuevo coronavirus (todos los tratamientos hospitalarios y pruebas rápidas o por PCR casa a casa son gratuitos), enfrenta otra aguda crisis económica. Es verdad que Cuba se ha convertido en algo así como el país de las largas colas casi para cualquier cosa, aunque aún el día a día no es comparable con aquellos años 90, cuando la mayoría iba a dormir para soñar con comida y no podía escapar a los apagones de más de ocho horas diarias, verdaderos festines de los mosquitos que reinan en el trópico cuando el verano y las lluvias irrumpen. Ahora también andamos por otro verano inclemente, en medio de otra crisis que nadie sabe cuándo y cómo terminará. No obstante, para quienes sobrepasan los 60 años de edad, lo que ocurre hoy “es manejable” en comparación con lo anterior. Entonces simplemente no había qué comprar, hasta que aparecieron por primera vez las tiendas estatales con ventas de usd y el problema mutó en tener acceso al “billete del enemigo”. Hoy, en paralelo a la nueva comercialización en usd, el gobierno mantiene las ventas subvencionadas en pesos nacionales de una canasta básica que “será reforzada con granos y carne de pollo para niños y adultos mayores en julio y agosto”, así como la comercialización en pesos cubanos convertibles, que valen 25 veces más que el peso nacional, de otros productos de gama económica “con precios protegidos por el estado”. En la isla corren tres monedas: el peso nacional, el peso convertible, que entró en circulación durante la crisis de los 90 para sustituir internamente al billete verde, y el usd, única divisa fuerte de las tres, que recomenzó su presencia comercial a finales de 2019 para la compra de productos electrodomésticos y otros.

 “No puedo ni desayunar ni comer lo que quisiera, pero siempre tengo algo para alimentarme”, me aseguró -y he constatado- Migdalia Hernández, 65 años, quien todavía ejerce como ingeniera mecánica y sintetiza el sentir de quienes peinan canas. Sin embargo, las nuevas generaciones, crecidas en la crisis anterior, no sacan las mismas cuentas que los viejos, y ellas, junto con su acceso en masa a las redes sociales (otra diferencia en relación con los 90), que permite crear estados de opinión sobre bases falsas o ciertas, no importa, están llamadas pienso yo a marcar la diferencia en cuanto a cuándo y cómo este país saldrá de la nueva crisis. El mulato dicharachero tenía razón, esto es una fiesta comparada con aquello, pero esa comparación no disminuye las incógnitas.