Cuba, EU y la novela escrita a dos manos

Manuel Juan Somoza

La Habana

Si no recuerdo mal, la última vez que acompañé a mi padre a comprar carne de cerdo y otros alimentos para Navidad tenía 13 años, era diciembre de 1958. Sabíamos por Radio Rebelde, escuchada a bajo volumen, del avance de las guerrillas del Che en Las Villas, pero no imaginábamos que el dictador Fulgencio Batista se disponía a huir el último día de ese mes y menos aún que los dos integraríamos el elenco de otro capítulo en esa especie de novela que desde hace varios siglos escriben cubanos y estadounidenses, como ha apuntado el profesor Rafael Hernández (OnCuba, 8 jul 2020, Relaciones Cuba-EEUU para principiantes (II). No podíamos suponer mi padre y yo que menos de una década después, él estaría del lado de allá y sería ciudadano estadounidense –orgulloso de serlo- y yo continuaría aquí, también con orgullo. A partir de la nota de Hernández me vinieron de golpe los puercos en las tarimas improvisadas frente al mercado de Cuatro Caminos, el Che tomando Santa Clara, la entrada victoriosa en La Habana –mi padre, mi madre y yo fundidos en la desborda multitud que aclamaba a las guerrillas-, así como los colores brillantes y oscuros que con reforma agraria y nuevos tiros fueron dibujando el surgimiento de lo que para mí es la Segunda República. En poco más de dos mil palabras, el profesor me devolvió a mi juventud y renovó la creencia de que la esencia de este capítulo que lleva más de 60 años escribiéndose a dos manos, repito la esencia no el contexto ni los liderazgos, radica en el papel que EU, por generaciones, se ha atribuido en cuanto a este país.  “Confieso sinceramente que siempre he considerado a Cuba como la adquisición más atractiva (the most interesting addition) que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados….”, escribió Thomas Jefferson, tercer presidente de la Unión Americana, y recordó Hernández. No es que piense que el anexionismo de aquella época está en la hoja de ruta contemporánea de Washington (China, Rusia, Corea del Note e Irán son las prioridades), pero hay otras maneras económicas y hasta culturales de lograr similar propósito, aplicadas con éxito en la Primera República, y esas son las que nutren la agenda de los políticos cubano-americanos, ahora con mucha influencia en el Ala Oeste y la vista fija en la isla. Coincido con quienes estiman que esta compleja novela comenzó a tomar forma muchísimo tiempo antes de Fidel Castro, la Guerra Fría, la exportación de la revolución, el comunismo o la penetración soviética, y continuará con o sin la reelección de Trump, porque al igual que lamentan los mexicanos estamos “demasiado lejos de Dios y cerca de EU”.

Desde mi punto de vista nada académico esa es la perspectiva. La guerra no declarada de EU ha complejizado la cotidianidad del país desde 1959, y ahora vuelve a empujarlo a otra crisis –con epidemia incluida-, obligándolo a moverse por el filo de la navaja, y en tales circunstancias, ¡NO ME CANSARÉ DE DECIRLO! o los que mandan sepultan con rapidez, para siempre, los métodos administrativos y el control desmedido que paraliza la economía ( la otra cara de los males), o la novela escrita a dos manos parirá un nuevo capítulo, cuya extensión pudiera ser mayor que el actual.

Todos los desafíos tienen un costo. “EEUU no podía soportar «a quien le tosieran en sus barbas» (…) daba igual que fuera comunista o hinduista”, me respondió desde su “isla africana”, en uno de los recodos de España de cara al Mediterráneo, don Sergio Berrocal, periodista, escritor, crítico de cine, quien se quedó prendido a este país tras visitarlo en medio de otra de sus crisis.