Cuba comenzó a respirar
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Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Con temor unos, despreocupados otros, los más de dos millones de habitantes de La Habana hemos comenzado a respirar después de tres largos meses de restricciones por la maldita covid-19. Han reabierto las playas, el transporte público se anima al 50 por ciento de sus capacidades y las carencias de alimentos y medicamentos que se padecían antes de empezar la epidemia, comienzan a sentirse con otra intensidad. Pero aun así, la isla se adentra en eso que mundialmente se denomina “nueva normalidad” con la pretensión de no volver atrás, cuando la pandemia se ensaña en países poderosos como Estados Unidos, con casi tres millones de infectados y 132 mil fallecidos, en tanto otros como Vietnam viven prácticamente sin el maligno bicho y en pequeños territorios como Islas Caimán, mis nietas llevan semanas disfrutando del mar, sin mayores restricciones. Hay provincias como Santiago de Cuba (este), segunda en importancia de la isla, que cuentan más de dos meses sin reportar casos y marchan sin contratiempos por la segunda de las tres fases concebidas por el gobierno a fin de rescatar la vitalidad perdida; solo dos de las 15 regiones cubanas se mantienen en la primera fase, lo cual implica el retorno lento y controlado a centros de trabajo, espectáculos públicos, playas, piscinas y hoteles. La frontera aérea se mantiene abierta para el turismo internacional en los cayos del norte y del sur, y el curso escolar reiniciará en septiembre. El inicio de la tercera fase dependerá de cómo se controle el virus, con el cual seguiremos conviviendo.

Es curiosa esta isla. Comprar un litro de leche o una aspirina es cosa de odisea y sin embargo el sistema de salud pública ha sido capaz de enfrentar con resultados óptimos una pandemia que insiste en desangrar a muchos países. El domingo 5 de julio se reportaron solo tres nuevos casos (todos en La Habana), por octavo día no se registraron fallecidos (86 desde que todo comenzó), son 55 los enfermos contagiados y hospitalizados, de los cuales 52 tienen una evolución estable y tres se mantienen en estado grave. Según el doctor Francisco Durán, que todos los días da la cara a la prensa para informar sobre este tema, “la clave del éxito radica en la detección temprana de los casos y las pruebas masivas en busca del virus en las poblaciones aparentemente sanas”.

Y todo esto de MANERA GRATUITA en un país que lleva 60 años bloqueado por EU y tiene que contar cada centavo para comprar en el mercado internacional que se arriesgue a venderle leche en polvo –la producción nacional es ínfima- o materia prima con vista a producir medicamentos. Rechazo las apologías. No obstante, hay verdades que no pueden silenciarse y que de cierta manera reconfortan cuando hay penurias desplegadas por el mundo, entre otras razones, por aquella de desmantelar los servicios públicos de salud para beneficiar al mercado. Veremos cuándo y cómo termina esta pandemia, pero de momento Cuba ha vuelto a respirar, aunque con mascarilla sanitaria y la sospecha de que lo que falta por venir será más difícil.