Horizonte artificial

Cesar Gonzalez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Erase una vez en un aeropuerto, situado al norte de un país que es el mío El  día había amanecido gris, con ese gris sucio propio del la capital, mezcla de gases de escape, calor de las calefacciones colectivas, en claro un día de quedarse en la cama, bien arropadito. Fuera legañas, el curro. Llego al aeropuerto medio adormilado, no había tenido su dosis de cafeína. Varios cafés después, ya operativo si no al cien por cien, por lo menos listo para el curro, entro en el despacho para ver cómo estaban llegando los aviones. Normalidad, los tres de la mañana, en hora. Quedaba saber quiénes eran los cuatro barras, detalle importante por si había problemas y poder encontrar soluciones.
Le toco ocuparse del avión que venía de Málaga.

Avion en el parking, los pasajeros desembarcados, subió al avión y se encontró con el Cdte. Un tipo simpático, que siempre tenía, en vez de la camisa blanca de rigor en el uniforme, una camisa de seda en los tonos tirando a amarillo, no era muy, ni de uniforme ni tampoco, muy viril. Bueno se suponía que el cuatro barras tenia tendencia más bien al mismo sexo, que al otro, pero  para gustos hay colores…Las operaciones inherentes al vuelo se desarrollaron normalmente y, subió a bordo para pedir la autorización de embarque. No lo vio sentado en primera clase donde tenían costumbre de sentarse los pilotos a la espera y sin dudarlo dio con los nudillos en la puerta de la cabina y la abrió. Joder con el Cdte. Que creían homosexual. Estaba sentado en su puesto, sillón echado al máximo para atrás y una azafata sentada piernas abiertas frente a él Ni se inmuto.

Podemos embarcar? , pregunto El, miro a la  azafata y le respondió con una sonrisa 10 minutillos, vale Sin problema lo tendré todo listo, y en cuanto me haga un signo por la ventanilla, lanzo el embarque. Al salir se encontró con el jefe de cabina, un tio muy majo que le dijo, con una gran sonrisa Que, encontraste al Cdte ¿ Joder con el tío, y todo el mundo pensaba que era de la acera de enfrente Lo que hacían las azafatas en aquellos tiempos, donde los que pilotaban eran señores y ellas, buscaban un buen partido para casarse.

Las veces siguientes que se cruzo con él, siempre tenían una sonrisa un poco complice y excelentes relaciones. Avión siguiente, procedencia de Madrid, Cdte. conocido ya por su costumbre de nada más llegar, informarnos que el horizonte artificial del avión, no funcionaba. Los mecánicos se tiraban de los pelos, ya que ese género de averías podían bloquear el avión y dejarlo en tierra y los pasajeros también. Visto la cantidad de veces que ese incidente ocurría siempre con él, se consulto con un mecánico de la cía. SAS, experto  en ese tipo de avión, Caravelle. El problema era conocido por él. El horizonte artificial del piloto calentaba durante el vuelo, al ser el único en funcionamiento y se debía esperar a que enfriase, o bien invertir el del piloto con el del copiloto, maniobra fácil que hasta el más tonto podía hacer. La verdadera razón por la cual él, hacia esa artimaña, era para que le diese tiempo a ir al supermercado enfrente del aeropuerto a comprar quesos.

Dicho y hecho, a cada vez que venía, se le ponía al pie del avión una bicicleta y se le decía que nos ocupábamos de la avería y que en cuanto estuviese reparada, embarcaríamos. Nadie se engaño con el resultado, pero oficialmente estaba cubierto y oficiosamente a él le daba tiempo para ir a por los quesos. Mucho más tarde, supimos, que en realidad sufría de una bulimia galopante y necesitaba comer todo el tiempo. Le pedía siempre al jefe de cabina, si había sobrado comida de los pasajeros de primera clase.Cosas que pasaban en aquellos tiempos de la aviación comercial, donde los pilotos era hombres, con sus defectos e incertidumbres las azafatas unas señoritas de la buena sociedad.  Cosas que pasaban en un  aeropuerto situado al norte de un país que es el mío