Cuba y la nueva normalidad

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Comenzó lo que queríamos después de 100 días de restricciones, el 18 de junio se puso en marcha el desmontaje en tres fases de las restricciones impuestas por el nuevo coronavirus en 13 de las 15 provincias cubanas, así como en el municipio especial Isla de la Juventud (sur). La Habana, centro de la epidemia, y la provincia de Matanzas, sede del balneario internacional de Varadero, no variarán las medidas de control sanitario hasta que mejoren sus índices de infección. Se puso en marcha lo que aquí le dicen “la nueva normalidad”, con mascarillas sanitarias y distanciamiento físico incluidos, pero al mismo tiempo afloraron las interrogantes en cuanto a si la isla podrá llegar a diciembre sin retrocesos como ha ocurrido en otras partes, incluida China donde todo comenzó. A grandes rasgos, la primera fase de la desescalada en las provincias libres de contagios desde hace más de 15 días implica el recomienzo del turismo nacional, con límites en la ocupación de hoteles y otras instalaciones de descanso. También abren de forma controlada las playas y piscinas; se reinician los servicios religiosos y de transporte público, así como de restaurantes y comercio. Hasta ahora solo se mantuvieron operando los negocios destinados a la venta de alimentos. “Es una apertura gradual y asimétrica”, dicen las autoridades, porque algunos territorios pasarán antes que otros a una nueva etapa en función de cómo cumplan las medidas de vigilancia sanitaria que se mantienen en todo el país. La segunda fase, prevista para comenzar el 1 de julio comprende la puesta en marcha del turismo internacional, aunque solo en los cayos del norte y sur del país con vuelos internacionales directos a los aeropuertos de esos lugares.

Se harán pruebas PCR en las terminales aéreas y en cada hotel operará un equipo médico. Aun no se ha anunciado la fecha de comienzo de la tercera fase que implicará la apertura al tráfico marítimo y aéreo, sí como el comienzo de la plena y teórica “nueva normalidad”, que equivale a la reactivación total de las actividades económica, social y cultural del país. Y para noviembre los pronósticos indican un aumento del nivel promedio de contagios porque evidentemente viviremos largo tiempo con el virus dándonos vuelta.

Cuando todo comenzó en la isla no faltaron los augurios funestos. Sin embargo, el hecho cierto es que tres meses después, el sistema de salud pública y el sector científico evitaron los episodios dantescos vividos en otros lares. El doctor Francisco Durán, director de epidemiología del ministerio de Salud, informó el 18 de junio que a la Habana pertenecen los 15 nuevos contagios registrados en el país en las últimas horas. De esa forma la capital cubana acumula mil 243 personas contagiadas, del total nacional de dos mil 295.

En la provincia de Matanzas no hubo nuevos contagios. Durán agregó que en estos momentos se mantienen hospitalizados con el virus 188 pacientes, de ellos 187 con evolución favorable y uno en estado crítico. Lamentó la muerte el 17 de junio de un octogenario, con lo cual el total de fallecidos llegó a 85, lo que representa una letalidad de 3,7% (5,2% en América).  La marcha hacia “la nueva normalidad” parece bien calculada desde el gobierno, ahora falta comprobar cómo serán las cosas en el día a día, porque no es lo mismo con guitarra que con violín.