Fútbol hasta la muerte

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

El estado de guerra sigue contra el Coronavirus pero meses después de que los equipos de médicos del mundo entero se pusieran en pie de guerra, en Europa se nota una cierta intranquilidad. En España y en Francia ya se puede salir, ir al bar a tomar una copa, aunque en general los colegios siguen cerrados y no todo funciona a cien por cien, Hay miedo por doquier. Pero no se habla más que de fútbol. Queremos fútbol, como sea, cuando sea, aún corriendo ciertos riesgos. Este miércoles empieza el peloteo, con un muy esperado Sevilla-Betis, uno de los hits de la Liga.Aunque los jugadores –en España hay muchísimas figuras de primer plano que valen oro puro—son seguidos regularmente por equipos médicos especializados en el bicho llegado de China, existe siempre el temor de que algo falle. Un restregón al lanzarse dos jugadores en busca de la pelota, un estornudo, salida que se escapa. Todo puede provocar un incidente que de al traste con todo. Los jugadores están médicamente preparados, aunque no tienen la vacuna que uno de ellos, de los más grandes, reclamaba a gritos hace pocas semanas. Afirmaba en todas las radios y otros medios de comunicación que no saltaría al campo hasta que le pusiesen la vacuna. Finalmente, cedió, probablemente por amor al dólar o a la moneda que sea. Les da igual. Por supuesto, en Europa no tenemos esa pastillita o inyección milagrosa llamada vacuna aunque ciertas informaciones aseguran que los chinos ya la han conseguido. El misterio es cuánto tiempo tardará en llegar hasta las manos de los médicos de los equipos millonarios que permitan mantener en España el espectáculo más seguido. Entretanto, ya se han enfrentado algunos equipos en plan de entrenamiento y para ver qué pasaba y aunque no se ha alardeado mucho de ello, ha habido contagios. Incluso en los entrenamientos se necesita observar una disciplina estricta para evitar incidentes que pueden dejar a uno de estos olímpicos que juegan en España fuera de los estadios. Y ellos tampoco lo ignoran y todos se esfuerzan en que las cosas salgan mejor.

Se están tomando las mayores precauciones. Se adaptan los campos a los esfuerzos que los médicos predican, en espera del momento en que los equipos salten al césped ya para jugar en serio. Porque aquí se juegan muchos millones. No es un juego es un monumental negocio de cientos de miles de euros los que están en juego. Los aficionados están encantados. Pronto tendrán su espectáculo favorito aunque tengan que verlo por retorcidos métodos ya que el acceso a los campos estará prohibido en los primeros tiempos. La locura que el fútbol constituye en España se refleja en el hecho de que la pandemia está siendo catastrófica en este país, en el que sin embargo se habla mucho más de los futuros enfrentamientos con el balón rodando hacia las porterías que de los miles y miles de muertos que ha habido y que todavía no cesan. Un periódico norteamericano avergonzó al gobierno español escribiendo que no decían la verdad y que estaban enterrando muertos sin contarlos. No es nada exagerado.

Pero da igual, esta madrugada las tres emisiones de radio que he sintonizado han hablado durante horas del momento en que el balón volverá a convertirse, hoy mismo, en la locura de un país donde hasta gente cuyo presupuesto es escaso paga lo que le piden por asistir a un encuentro y no tiene apuro para endeudarse con tal de ir a ver a jugar a su club al extranjero, aunque sea lejos y caro. Claro, esto era antes de que la pandemia dejase a España en la miseria, con un paro verdaderamente feroz, con trabajo prácticamente ausente del panorama.

Pero los españoles no se echan atrás cuando se trata de fútbol. Cuando el balón de los diferentes campeonatos y ligas empiece a rodar, piensan ellos que las cosas habrán mejorado y que podrán seguir como antes. Pero incluso entre estos aficionados que darían la vida porque mañana el estadio Santiago Bernabeu de Madrid abriese sus puertas, hay un cierto malestar. No solamente porque el número de muertos no cesa y todavía no se ha producido el milagro de Nueva Zelanda donde el gobierno local ha dado por extinguido el maldito coronavirus.

Los muertos no contados causan desasosiego en España pero en este capítulo siniestro hay un apéndice mucho más grave. De diferentes fuentes, la mayoría más que serias, se sabe que en algunos hospitales de España se han dejado literalmente morir a los más mayores para que enfermos menos graves y sobre todo más jóvenes ocupasen su lugar. Fuentes contrastadas aseguran que en ciertos casos, se aconsejó a enfermos que ya habían rebasado los 75 años que no fueran al hospital y se quedaran en sus casas. Otras fuentes dicen que algunos de los que tuvieron la suerte de entrar en cuidados intensivos fueron “curados” sin ningún medicamento que pudiese aliviarles el mal sino con sedantes que le permitían marcharse más tranquilos al otro mundo.

Este horror, los españoles lo conocen por la prensa, la radio e incluso por algunas atrevidas y extrañas explicaciones oficiales, pero si ustedes me preguntan yo les diré que no les importa demasiado. Con el fin de semana por delante, lo que importa a millones de españoles es que dentro de horas sus queridos equipos –por exigencias de la UEFA que al parecer se está jugando en esta apuesta muchos millones, podrán volver a correr en los estadios, incluso si los primeros tiempos no hay público presente. Pero los ases del balón se enfrentarán a muerte por ganar.

Por cierto, no he oído a un solo futbolista que haya protestado por estas prisas cuando la pandemia todavía está en curso y cuando hay mucha gente que muere. Gente que, por supuesto, no tiene a su disposición los equipos de médicos super especializados que están detrás de cada jugador cuy precio en el mercado salta alegremente los seis ceros.