Crónicas de un Aeropuerto
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Por César González | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

(Nuestra publicación empieza la publicación de una serie de relatos situados en un aeropuerto de París. Un lugar mágico donde puede ocurrir de todo y donde ocurre en realidad más de lo que se cree, aunque a veces ni se vea. El autor de estas croniquillas es un viejo “aviador” que sabe de lo que habla. Lean, que pueden encontrarse cuando menos lo piensen con una sorpresa, aunque todo les parezca en principio de lo más normalito. No se olviden que aquella maravillosa mujer que tanto nos hizo soñar…).

Éase una vez en un lugar de la Mancha… Leches, otra vez me he ido.
Érase una vez en un aeropuerto situado en un país al norte del mío.

El día amaneció gris, con ese gris que conocen los países del norte, con nubes bajas y humedad, como decía Jacques Brel, con un cielo tan bajo que un pato se habría perdido. A medida que avanzaba el día las nubes se convirtieron en lluvia fina, y est en agua nieve y el agua nieve en nieve . Los aviones empezaron a tener retrasos, la nieve hacia que las rodaduras hacia las pista se convirtiesen patinaje que no tenía nada de artístico.Primeros retrasos con los inconvenientes de costumbre, enlaces perdidos, mal humor de los pasajeros que no comprendían, o no querían comprender Día de mierda y problemas y además había enviado a su casa una de la chicas del equipo, que no paraba de toser y a ojo de buen cubero debía tener como mínimo 45 grados de fiebre.”ÉL”, seguiremos llamándole así para facilitar el relato, distribuyo las tareas, menos mal que su equipo estaba formado para todo, cada uno de ellos valía un ejército. Había que aguantar hasta el cambio de turno de la tarde. Capearon los líos y los dramas, como siempre haciendo alarde de imaginación. La pareja de jovencitos gallegos que tenían que llegar al entierro de su madre y que visto el retraso perderían el enlace. La tristeza y la resignación marcaban sus caras. No protestaban, no reclamaban, no decían nada, lloraban. “EL” le dio pena, se los llevo a su despacho, para que pudiesen telefonear a la familia, se alejo para respetar su intimidad. Oía los sollozos más fuertes de ella, el lloraba en silencio. Al cabo de unos minutos volvió y habían colgado, al preguntarles que tal iban, les respondieron que mal, la familia quería retrasar el entierro pero la funeraria se negaba emitiendo razones varias. “EL” se puso de mala leche, como leches tenían esa falta de humanidad. Llamar de nuevo a vuestrafamilia y reclamarles el número de teléfono de la funeraria. Dicho y hecho. Tomo el teléfono y llamó directamente a la funeraria. — Buenos días, le habla el Cónsul de España en Paris, desearía hablar con el responsable. Dijo con toda la cara dura de que era capaz. Dijo con toda la cara dura de que era capaz y era capaz de tener mucha. Acataron su deseo inmediatamente. Al teléfono se enrolló con el responsable, alegando, no razones comerciales, sino razones políticas e informándoles que si era necesario haría intervenir al ministro del Interior de la época, político muy conocido por aquellas tierras y que éL, había tratado varias veces. Ante tanta prepotencia, la funeraria acepto saltarse un poco las normas y desplazaron el entierro para el día siguiente. Los jóvenes le miraban asustados. Les dijo ahora llamar de nuevo a vuestra familia y decirles que estaba arreglado.

Y el día siguió con su lote de problemas. Cambio de turno, el equipo nuevo fresquito tomó enseguida la situación en mano y élL invito a los de la mañana a comer. La tarde siguió, aviones anulados, acople de los pasajeros en otros aviones, enlaces perdidos, reservas hechas para las pérdidas de enlaces, etc., etc., la rutina de un día conflictivo en un aeropuerto normal. A media tarde El constato que con los aviones que quedaban por venir y entre los pasajeros acoplados y los reservados, no entraban todos. Llamo al Control General y explico la situación. Consiguió por fin que le cambiasen el tipo de avión para el último vuelo, poniendo uno de mayor capacidad un A300. Y la tarde seguía, la nieve seguía cayendo y las pistas, a pesar de la sal vertida por la desaladuras, seguían ejerciendo de patinaje . Hacia las diez de la noche acabaron de meter a todo el mundo en el avión, no quedaba ni un solo pasajero en tierra. Explicaciones dadas a la tripulación sobre las atenciones prestadas además una lista de los pasajeros con sus enlaces respectivos. Rodadura del avión hacia la pista de despegue. Vuelta al despacho para poder finalizar el papeleo. Nada más llegar, la frecuencia radio llamó.

–Tenemos un problema, hemos resbalado y el avión se ha embarrado en el lateral. Leches, lo que nos faltaba, se subieron todos a los coches, los mecánicos al suyo y su equipo al otro. A llegar al avión vieron el desastre. En la última curva, antes de entrar en la pista de despegue, el tren lateral había resbalado y se había salido de la pista, con la nieve que había caído, la curva no estaba muy visible y el Cdte la había tomado demasiado corta. Resultado el avión bloqueado a caballo entre la pista y el césped que la bordeaba. Imposible desembarcar los pasajeros, ya que las escaleras eran demasiado cortas, la única opción, soltar las rampas de salida. Imaginemos un solo instante, los pasajeros en el avión, el avión empantanado, los coches de bomberos alrededor, la policía con los girofaros puestos. De película americana. Los mecánicos acercaron una escalera de mano para poder subir al avión por la puerta delantera y él tomo los cascos para poder hablar con el Comandante, al cual explicó la situación. De un común acuerdo decidieron soltar las rampas. Entretanto éL había enviado a una de su equipo al despacho para empezar a contactar los hoteles y albergar al pasaje. Soltaron la rampa trasera que se terminaba en medio entre el barro y nieve. El jefe de cabina le lanzo un paquete de mantas del avión para ponerlas en tierra y envió a dos azafatas por la rampa, para acoger a los pasajeros a su llegada el suelo. La segunda azafata nada más llegar al suelo, salió de estampida huyendo, joder, además tenía que hacer de azafato. Los primeros pasajeros llegaron y eran recogidos entre los dos y dirigido por su gente a los autobuses. Desembarco normal dentro de lo que cabe. El único problema que quedaba era que el avión bloqueaba la pista de rodaje y esta tenía que ser despejada entes de la apertura de las 6 horas a la que abría el aeropuerto.  Tripulación alojada, bueno todos no. El Comandante se quedó hasta que el avión fue sacado. No las tenía todas consigo, al fin y al cabo la culpa había sido suya. En fin gajes del oficio. El avión pudo despegar al día siguiente al principio de la tarde. Ah me había olvidado, la policía le trajo la azafata perdida en medio de las pistas. Supo más tarde que se le había hecho un expediente muy fuerte. ¿Volvió a volar? Nunca más la volvió a ver. EL se fue a su casa a las 3 de la noche y ese mismo día estaba de vuelta a las 7, una jornada normal, en un aeropuerto situado al norte de un país que es el mío.